“Hace falta unir a los argentinos y construir un proyecto de país”

La Capital

Facundo Manes aseguró que se necesita un plan estratégico con educación y ciencia como ejes centrales. “No estoy en ninguno de los dos lados de la grieta”, dijo. Y descartó ser candidato.

Facundo Manes repite que está por encima de la grieta. El escenario político y social de la Argentina no le permite al reconocido neurocientífico ser optimista. “Acá no hay un debate estratégico del país, necesitamos saber qué queremos en 20 años”, suelta en un mano a mano con LA CAPITAL durante su paso por Mar del Plata donde presentó su último libro, “El cerebro del futuro”.

Convencido de que la apuesta a la educación y la ciencia es el único camino para que el país se pueda desarrollar y tener un futuro promisorio, Facundo Manes ofrece un discurso potente que tiene como eje la unión de los argentinos en un proyecto de país.

Si bien estuvo cerca de ser candidato por Cambiemos en las últimas elecciones legislativas, el científico no oculta cierta decepción por el rumbo del gobierno en el área de la ciencia. “La administración actual en la campaña dijo que iba a duplicar el presupuesto de ciencia y eso no pasó”, destacó y para evitar cualquier polémica, aclaró: “Quiero contribuir con mi granito de arena a terminar con la grieta que nos hace más brutos, más pobres y nos atrasa”.

– Hay una gran deuda en el país que tiene que ver con la desigualdad y la pobreza.

– En la Argentina no hay un debate estratégico del país. Estamos ahogados en la coyuntura permanentemente y no debatimos qué país queremos. Argentina necesita, haciendo bien las cosas, 20 años para desarrollarse. Y 20 años en la historia de un país no es nada.

Pero necesitamos saber qué queremos en 20 años. Creo que si no entendemos que hoy la economía global está basada en el conocimiento en las ideas, vamos a quedar cada vez más relegados. El mundo no espera.
Todavía discutimos el valor de la educación y la ciencia como generador de riqueza en un país. Y lo importante es que hay estudios que demuestran que la sociedad no cree que la educación es sinónimo de igualdad social. Sólo el 5% de los argentinos creen que la movilidad social está asociada con la educación.

– ¿Y cómo se sale?

– Tenemos que discutir estrategias de país. Hay que lograr consensos y proponer tener en 15 años una mejor calidad educativa, nutrir bien a los chicos y erradicar la pobreza. Para erradicarla, hay que discutirla en serio. Y yo no veo ese debate.

La Argentina es como una familia que hace años produce 80 pesos por mes y gasta 120. Aún gastando más de lo que produce, tenemos desigualdad social, 30% de pobreza. O sea que no podemos ajustar: tenemos que producir más. ¿Y cómo producimos? Con conocimiento. Para hacer esta apuesta, no hay otra que el mediano y largo plazo. Para eso se necesita consenso y estamos cada vez más divididos. La grieta impide la discusión estratégica de un país.

– En su último libro, Oppenheimer señala que un 47% de los trabajos desaparecen en los próximos 15 años. Sin conocimiento y el desarrollo, el panorama es muy oscuro.

– Al “mundial” del conocimiento, hoy Argentina no lo juega. La mitad de los chicos tiene algún tipo de malnutrición y esto impacta en las funciones cognitivas y emocionales. La mitad de los adolescentes viven en la pobreza. De los chicos que entran al colegio, la mitad no se reciben a tiempo y de los que lo hacen, sólo la mitad comprende un texto.

Nosotros crecimos pensando que somos un país rico. Tenemos algunas riquezas importantes en recursos naturales. Pero hoy la riqueza de los países no son los recursos naturales. Es la capacidad de producir conocimiento. Somos potencialmente ricos, pero la materia prima no es lo principal de un país hoy. Sino entendemos esto, nos vamos a quedar atrás y hoy no veo esta discusión.

En esta discusión hay que tener grandeza, ser generoso y hay que unir. A los delincuentes hay que ponerlos presos, pero hay que unir a la mayoría de los argentinos. Si hacemos eso, en 20 años posiblemente juguemos el mundial de la economía y el conocimiento.

– En la última década se había avanzado en investigación con el impulso del Conicet. Hoy hay mucha conflictividad por el presupuesto. ¿Creés que el rumbo no es el adecuado?

– La administración anterior creó el Ministerio de ciencia que fue un muy buen paso. Pero en mi opinión no fue un gobierno atravesado trasversalmente por la ciencia. La administración actual en la campaña dijo que iba a duplicar el presupuesto de ciencia y eso no pasó. Es más: hay datos que muestran que hubo una reducción. Entonces nos queda como asignatura pendiente y prioritaria aumentar el presupuesto público para la ciencia y promover también la inversión en investigación en el nivel privado. De esta manera vamos a fortalecer al Ministerio y al sistema científico. Pero además necesitamos entender que un país que no invierte fuertemente en investigación básica, difícilmente podrá aplicar la ciencia al desarrollo y quedará, en el mejor de los casos, destinado a imitar avances de otros países. Debemos, como nación, implementar un plan estratégico y consensuado, que no se interrumpa con nuevas administraciones, para que la ciencia y el conocimiento contribuyan al desarrollo económico y social del país. Las sociedades que más han crecido en las últimas décadas son aquellas que han planteado estrategias en las que se priorizó el desarrollo científico y tecnológico.

– Estuviste cerca de ser candidato para Cambiemos y al final desististe. ¿Hoy harías lo mismo?

– Sigo convencido de que la política es una gran herramienta para la transformación social. Y que cada uno de nosotros desde el lugar que estemos debemos comprometernos por el bien común. Trato de aportar mi granito de arena desde mi rol de investigador, de médico, de presidente de la Fundación Ineco, desde los escenarios y los micrófonos que tenga a disposición. Ahora bien, en la política partidaria, más allá de tener mi corazoncito radical por mi familia, me considero una persona independiente que no está en ninguno de los lados de la grieta. Es más, quiero contribuir a que terminemos de una vez por todas con la famosa grieta que nos hace más brutos y más pobres.

– ¿El escenario actual no te seduce para participar en política?

– Como te decía, mi compromiso está desde siempre en trabajar por mi país desde el lugar que haga falta. A veces siento que los argentinos estamos más preocupados por los cargos y las personas que por los propósitos y las políticas para alcanzarlos. Así que lo que verdaderamente me entusiasma es que podamos alcanzar esas metas tan básicas como el desarrollo y la equidad social.

. “La neurociencia no es reduccionista”

“Argentina está adaptándose al mundo en las neurociencias cognitivas”, destacó Facundo Manes. El neurocientífico se refirió a la aceptación de la sociedad argentina a las neurociencias y aseguró que la especialidad se desarrolla en forma interdisciplinaria con las ciencias sociales.

– ¿Considerás que el estudio del cerebro es algo a lo que aún la sociedad no le da la suficiente importancia?

– En el mundo sí. Obama hace unos años puso a la neurociencia como una política de estado. Europa está apoyando la investigación de la neurociencia, también China y Japón. En Argentina tenemos una gran influencia de otras ramas, pero desde hace unas décadas estamos incorporando a la neurociencia para entender el cerebro. Hoy distintas organizaciones internacionales piden que para diseñar políticas públicas se incorporen datos de la conducta humana. Tenemos que trabajar más en invertir más en ciencia.

– ¿Cuesta que eso se termine de aceptar?

– La sociedad lo tomó antes. Está más interesada muchas veces que la dirigencia. Pero está cambiando. Hoy los chicos que están estudiando psicología quieren estudiar neurociencia. Eso no pasaba hace 20 años. Está cambiando por suerte. El Conicet está apoyando. Cuando yo llegué a la Argentina en 2001 fui a hablar con la gente del Conicet para que apoye la investigación en ciencias cognitivas, pero no había presupuesto. Hoy hay y se está progresando. Argentina está adaptándose al mundo en las neurociencias cognitivas.

– Existe un preconcepto de que las neurociencias implica una visión individual. ¿Hay relación entre las neurociencias y las ciencias sociales?

– La neurociencia no es reduccionista. En nuestro laboratorio hay antropólogos, sociólogos, economistas, docentes, neurólogos, psiquiatras. La neurociencia es el estudio del cerebro y la conducta humana. No es reduccionista porque uno estudia la neurociencia a distintos niveles. Desde circuitos cerebrales, a cómo el contexto influye en la decisión. Además, lo estudia desde distintas disciplinas, todas trabajando en equipo.

– Pero existe ese preconcepto.

– Sí, existe, pero eso es no entender la neurociencia moderna. La neurociencia explica los preconceptos. Uno, a medida que crece en la vida, va formando esquemas mentales automáticos y después les cuesta modificarlos. En el mundo, cuando se habla de neurociencia, se habla de un equipo interdisciplinario que va desde la sociología y la antropología hasta la psiquiatría.

. “La tecnología es fantástica pero ya deberíamos usarla con cuidado”

“El cerebro del futuro” es el título del último libro de Facundo Manes que fue presentado el viernes a sala llena en el Centro Cultural Estación Terminal Sur del Paseo Aldrey.

El desarrollo del cerebro, el uso desmedido de la tecnología y algunos consejos para mejorar la calidad de vida fueron algunos de los pilares en los que se basó el mano a mano con Facundo Manes.

– ¿Cómo está el cerebro hoy con tantos estímulos que llegan de la mano de la tecnología?

– La tecnología es fantástica. Como científico y médico no voy a decir nada en contra. Pero lo que estamos viendo es que el uso permanente de la tecnología, y pasar de una tarea a otra de continuo, impacta en el rendimiento cognitivo, produce estrés, ansiedad.

Lo interesante es ver por qué uno busca permanentemente chequear el whatsapp. Porque es el cerebro que busca permanentemente novedades. Uno en el whatsapp, en el fondo, busca una recompensa. Pero eso puede ser una situación parecida a la adicción. Entonces, yo diría que la tecnología es fantástica pero ya deberíamos empezar a usarla con cuidado, sobre todo en los niños.

Quizás en unos años volvamos para atrás y digamos: ¿Te acordás cuando vivíamos chequeando todo el día whatsapp? Ya hay algunos datos que indican que hace mal vivir todo el tiempo conectados. Creo que en unos años va a ser masiva esta conciencia.

– Mientras tanto, ¿hay una preocupación más enfocada en la niñez?

– Si. El tema es que no hay muchos estudios sólidos porque es bastante reciente esta situación. Habría que hacer estudios longitudinales de 20 años, pero lo que nos da bienestar a los humanos es estar conectados en el presente. Yo ahora estoy disfrutando de esta charla. Estoy conectado y eso me da bienestar. Si estuviera hablando y chequeando el whatsapp, ya tendría estrés cognitivo. Así que no sólo afecta a los niños sino a todos. La pregunta es cómo impacta esto en el desarrollo. Porque el cerebro termina de desarrollarse a los 20 años. Esa respuesta no la sabemos todavía. Hay algunos indicios, pero no lo sabemos aún.

– La mayoría coincide en que es más saludable no estar tan “conectado”, pero es difícil de aplicar…

– A mí toda esta expectativa que se produce con las charlas me genera responsabilidad. Es una responsabilidad ir a un lugar que va a estar lleno. Más allá del conocimiento teórico, o la visión del país, me interesa dejar algo práctico. Por eso uno de los temas que abordo es las cosas que nos dan bienestar. Lo que nos hace felices como ciudadanos. Nos hace felices estar conectados con el presente. Otra cosa es disfrutar el contacto humano. También es importante tener vínculos humanos profundos. Estamos permanentemente viviendo sin estar conectados con los demás. Otra cosa que nos da bienestar es ayudar al prójimo. Pensar en el prójimo activa circuitos de recompensa en el cerebro. También nos da bienestar tener un propósito en la vida, un sueño. Y manejar el tema de la expectativa también es importante. Lo mismo que dormir bien, hacer ejercicio físico, tener una alimentación adecuada. Eso impacta. Son todas cosas que no tienen que ver con el dinero ni con la fama. Pero nos cuesta porque vivimos automatizados.

Nosotros pensamos que somos más racionales de lo que somos, pero vivimos de forma automática. Hay que hacer un esfuerzo y usar los datos de la ciencia para vivir mejor.