“Esta obra ayudó a no termerle a la bipolaridad”

Infobae

En el Día mundial de la Bipolaridad, y en el marco del cierre de la séptima temporada del fenómeno teatral que la instaló en el escenario, el presidente de la Fundación INECO explica qué es y cómo tratar este trastorno, al cual somos propensos el 3.5 por ciento de los argentinos. Así fue la función especial de GENTE en pos de la concientización.
El éxito de Brian Yorkey, que nació en Broadway en 2008 sin sospechar del fenómeno que sería en la Argentina –con fanáticos que se tatuaron “soy casi normal” o vieron la obra hasta semanalmente en reemplazo de sus sesiones de terapia–, y GENTE, recibieron a pacientes de INECO (Instituto de Neurología Cognitiva) en una función especial de Casi Normales por el Día de la Bipolaridad.  A lo largo de siete temporadas, la trama le quitó prejuicio a la “anormalidad”, contando el trastorno bipolar  de una madre que dispara efectos múltiples en su núcleo, en combinación con la despiadada vida urbana, la idea del suicidio y el debate sobre los principios éticos de la psiquiatría.

“Resultó un paliativo en tiempos en que lo perfecto dejó de existir, cuando ser normal ya no es tan normal”, como dice el publicista Pablo Del Campo, adaptador y responsable del desembarco de este musical en el país y en España. Entonces, entre emociones, la problemática de esta pieza se instala en el escenario y en la conciencia.
¿QUÉ ES LA BIPOLARIDAD? El doctor Facundo Manes, presidente de INECO, describe los trastornos bipolares o maníaco-depresivos como “conjunto de condiciones psiquiátricas en el cual se afectan los sistemas cerebrales que regulan el normal fluir de los estados del ánimo.

Nuestros cerebros han evolucionado al modo de poder seleccionar respuestas anímicas a los desafíos de la vida: por momentos necesitamos aumentar nuestra actividad laboral o tener más contacto social, y por otros, respondemos al entorno bajando el ritmo o tomando decisiones más conservadoras. En personas bipolares, estos mecanismos están afectados: presentan estados anímicos que resultan patológicos por su amplitud y/o duración, o flaquea su capacidad de adaptación, generando conductas inconvenientes “, dice.Respecto a la sintomatología, Manes describe que “los padecientes presentan tres tipos de crisis anímicas: Episodios maníacos (sentimiento de bienestar, estimulación exagerada, hiperactividad y gran energía) o hipomaníacos (estado de ánimo elevado, expansivo o irritable, sin la intensidad que tendría en una fase maníaca, pero diferente al estado de ánimo habitual del paciente; Episodios depresivos y Episodios mixtos. Estas crisis se pueden dar en sucesión y separadas por años, meses, semanas, días, e incluso horas. La evolución de los trastornos bipolares es muy diferente en cada persona y depende, en buena medida, del tratamiento recibido. En el trastorno bipolar, los períodos de depresión normalmente duran más que los episodios maníacos: puede durar un año o más, mientras que los episodios de manía rara vez duran más de unos pocos meses”, detalla.
Hoy se estima que 450 millones de personas en todo el mundo padecen un problema de salud mental. “Sin embargo, sigue existiendo aún hoy un fuerte estigma sobre estas personas, quienes, además de los padecimientos de su enfermedad, sufren conductas discriminatorias por parte del resto de la sociedad”, señala Manes.

“Así, la enfermedad se convierte en una suerte de ‘marca’ a rechazar. Esa etiqueta, estereotipo, segregación de los demás y la consiguiente pérdida de status, determinan la construcción del estigma social. Una clara forma de discriminación, muchas veces atribuyendo a quien la padece la presunción de inestable, violento o peligroso. Y una manera de presentar esta situación también es a través del teatro, como lo hace Casi normales. Porque esta obra ayuda a tomar conciencia de la problemática, a no temerle. Que es, como en otros órdenes, clave para lograr un tratamiento adecuado a nivel personal, familiar y social a gran escala”, comenta Manes.

“Sobre todo al tener en cuenta que un porcentaje creciente de personas que sufren este trastorno, al ser correctamente tratadas, pueden llevar, y de hecho llevan, una vida plena”
El doctor Marcelo Cetkovich, jefe de Psiquiatría de INECO y experto mundial en trastornos bipolares, que además dirige un equipo multidisciplinario de diagnóstico y tratamiento y de investigación básica y clínica de impacto internacional, hace su aporte en esta charla. “Casi normales muestra muy bien cómo afecta la enfermedad a la familia y al entorno de quien la padece”, dice.
“La obra ayuda a desmitificar la enfermedad. Hay que decir que no se trata con electroshock, pero es algo que resulta entendible en términos de dramatismo”, aclara. “El electroshock es una terapia que se utiliza en condiciones de extrema seguridad, y no es un método de tortura. Se hace bajo anestesia y ayuda a revertir cuadros psiquiátricos muy complicados en pocos días”.

Y en tanto, cree conveniente señalar otras cuestiones de guión. “La obra plantea que los medicamentos tapan y no ayudan. Es importante destacar que en el trastorno bipolar, el tratamiento farmacéutico es central”, dice. “Cuando el protagonista (quien padece la condición) tira los medicamentos, efectivamente se descompensa y es una actitud que no lo beneficia en el largo plazo. Hay que decir que ayuda mucho al paciente”.
Y entre tanto, un dato revelador. “Por primera vez en la historia se han publicado datos estadísticos locales, y lo que ocurre en Argentina es similar al resto de los países”, describe Cetkovich.

El 3,5 porciento de la población del país tiene chances de padecer la enfermedad. Ligeramente es más frecuente en mujeres y estudios genéticos recientes, que se hicieron en el Reino Unido, en Estados Unidos y en China, demostraron que la mayor prevalencia del trastorno de ánimo en mujeres estaba relacionado a eventos traumáticos, que probablemente tengan que ver con violencia de género”.

En reflexión final, y contra la estigmatización, Cetkovich subraya: “Casi todos tenemos un conocido o familiar que padece la enfermedad. El argentino por lo general le teme, lo asocia al descontrol y a la locura, creyendo que quien la porta es raro y distinto. Entendamos que la bipolaridad es un trastorno biológico, asociado a los genes –determinantes muy significativos, aunque no los únicos–, lo que no significa que quien la padece se comporte un poco raro y que le cueste cumplir sus obligaciones, tal como les pasa”.Limitaciones para encontrar empleo, conseguir vivienda, establecer relaciones estables, y ser comprendidos, como también la carga del estigma de “nunca tendré éxito”, son algunas de las consecuencias sociales de quienes padecen bipolaridad.

“Por eso es esencial que se diseñen e implementen campañas para terminar con estas creencias tan arraigadas”, concluye Manes. “Si bien la promoción del conocimiento sobre estas enfermedades es un primer paso fundamental, es necesario desafiar los estereotipos negativos y revisar el tratamiento que se les da desde los medios de comunicación, ya que desempeñan un rol primordial en la perpetuación, o no, de los mismos”.

Por S.S., Karina Noriega y Pablo Procopio.