¿Es posible saber qué sueña una persona sin que lo cuente?

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El estudio de los sueños ha despertado interés a lo largo de la historia. El Asclepion de Pérgamo, actual Bérgama, en Turquía, considerado como el primer hospital del mundo Antiguo, era un templo curativo destinado al dios de la medicina, Asclepio (Esculapio para los romanos).

Allí los sueños tenían un rol fundamental en el tratamiento de las personas con problemas mentales. Los pacientes disponían de un espacio de relajación para poder dormir y, una vez que se despertaban, recorrían un túnel en el que contaban sus sueños a quienes los atendían como un paso clave para la recuperación.

Desde una perspectiva científica, las neurociencias han abordado el estudio del sueño. Han destacado su importancia en la memoria, el aprendizaje, la creatividad y la salud, además de identificar los diferentes estadios por los que transcurre.

Uno de esos estadios del sueño que resulta particularmente llamativo por su semejanza con los patrones electroencefalográficos que se registran cuando estamos despiertos es el denominado sueño MOR, por las siglas de “movimientos oculares rápidos”, al que hicimos referencia en otras oportunidades.

En un principio se creyó que esta similitud tenía que ver con que la actividad onírica ocurría exclusivamente en esta etapa. Hoy sabemos que en las fases de sueño sin movimientos oculares rápidos también se sueña; sin embargo en la fase MOR se destaca lo vívidas que pueden llegar a ser las experiencias que se tienen en los sueños así como lo complejas y llenas de estímulos sensoriales y emociones diferentes que son.

Pero los sueños son difíciles de recordar. De hecho, si un sueño termina antes de despertar, no lo recordaremos. Todo esto resulta fascinante porque pareciera que nos sumergimos en una especie de mundo paralelo mientras nos encontramos desconectados del entorno.

Así como en el Asceplion los curadores se preocupaban por conocer el contenido de los sueños de los pacientes, hoy se busca a través de la tecnología poder acceder a ellos.

¿Es posible saber qué sueña una persona sin necesidad de que ella cuente su relato?

Este fue el objetivo que se persiguió en un estudio publicado en la prestigiosa revista Science. En él los investigadores le pedían a una persona que se encontraba dentro de un resonador que se durmiera mientras ellos observaban su actividad cerebral. En cuanto detectaban señales de que esta persona ya se encontraba soñando, la despertaban y le pedían que lo relatara. De esta manera, tomaban ciertas palabras claves de la descripción del contenido del sueño y entrenaban un programa informático para que asociara ciertas palabras con una actividad cerebral determinada que se tomaba de los registros realizados por el resonador. Luego, el programa podía “leer” la activación cerebral de esa persona mientras dormía, asociando la activación del cerebro con las palabras que se habían registrado.

Si bien los investigadores advierten que este programa informático todavía se encuentra lejos de poder predecir los sueños por completo, sí se está en una etapa inicial para poder llegar a entender mejor el sueño, no solo en su funcionamiento sino también en su contenido.
Estas técnicas además de asombrarnos llaman la atención sobre la relación entre el carácter personal y privado de los sueños y su estudio a través del desarrollo de esta tecnología. Por eso, es clave destacar la importancia de la difusión de estos avances para conocerlos, comprenderlos y poder debatir también las posibilidades y los dilemas éticos que conllevan.