Innovación: un recurso clave made in Argentina

La Nación
La avioneta sobrevuela la fértil pampa gringa, al oeste de Santa Fe. En medio de la planicie infinita divisamos un caserío de pocas manzanas. Aterrizamos en Sunchales, una pequeña ciudad agrícola de apenas 25.000 habitantes. En el aeropuerto, casi al pie del avión, nos espera Nicolás Tognalli. Este doctor en física de 37 años se formó en el Instituto Balseiro de Bariloche, la unidad académica estatal de ciencias e ingeniería. Tras recibirse con honores, hizo un posdoctorado en España y después regresó a su ciudad natal. Mientras hacemos una recorrida en auto por Sunchales, le preguntamos:

-¿Por qué volviste?

-Pensé que podía hacer algo valioso para las economías regionales.

Nicolás Tognalli es el gerente general de Cites, la primera incubadora privada de empresas de base científica y tecnológica de América Latina. En el país del “no se puede”, SanCor Seguros, la principal aseguradora del país, cuya casa matriz está en Sunchales, decidió destinar 20 millones de dólares en diez años para generar un polo de innovación de calidad mundial. Con el asesoramiento de Lisandro Bril, inversor argentino de capital de riesgo, y Oren Gershtein, experto internacional de Tel Aviv, copiaron el modelo israelí: una nación que hace 20 años producía mayormente flores y naranjas hoy es uno de los principales polos de innovación tecnológica del mundo. “Estamos convencidos de que las nuevas empresas de innovación nos conducirán a la Argentina del futuro,” explica Tognalli.

Casos como el de SanCor Seguros y Cites son ejemplos inspiradores de una nueva generación de argentinos que hace veinte años, cuando el país se hundía en una nueva crisis, se animó a pensar en grande. Mientras la Argentina se aislaba, crearon compañías y emprendimientos que el país necesita en este desafiante siglo XXI. Para generar innovación, trabajo de calidad y crecimiento sostenido.

Son emprendedores, físicos, biólogos, ingenieros electrónicos, ingenieros nucleares, matemáticos, neurocientíficos, creativos y artistas. Son protagonistas de este tiempo y de la revolución científico-tecnológica que está cambiando el mundo, la economía y la sociedad. Con muchísima “garra”, estos jóvenes que en su mayoría tienen entre 35 y 50 años (aunque algunos son mayores) han creado algo inédito: multinacionales argentinas que sobresalen en la región y el mundo. Los llamamos “La Nueva Selección” porque se pusieron la camiseta y salieron a la cancha global a triunfar.

Los emprendedores argentinos sobresalen por su arrojo y capacidad. De las nueve empresas tecnológicas latinoamericanas valuadas en más de 1000 millones de dólares, llamadas unicornios, cuatro son argentinas. Mercado Libre es la plataforma de comercio electrónico líder de habla hispana y la empresa número 1 del país en cuanto a valor de mercado; ya superó a YPF. Despegar.com es la quinta agencia de turismo del planeta. Globant, desarrolladora de software, fue elegida por Google como su primera aliada tecnológica y es la favorita de las grandes multinacionales. OLX es una plataforma de avisos clasificados online presente en 118 países. Sólo el 2% de su negocio está en el país, pero sus directivos están en el Bajo Belgrano.

Expertos internacionales sostienen que la Argentina puede convertirse en un polo de innovación biotecnológica para la agroindustria global. Don Mario, semillera nacional, desplazó a Monsanto en ventas de semillas de soja tanto en nuestro país como en Brasil, dos de los mayores productores del planeta. Ya desembarcó en Estados Unidos con laboratorios y campos de investigación. Otra estrella en ascenso es Bioceres, una incubadora de Rosario que trabaja con investigadores del Conicet y universidades estatales. El matemático Emiliano Kargieman, creador de Satellogic, quiere rodear la Tierra con una constelación de 300 nanosatélites de investigación de última generación. Ya puso en órbita una decena con nombres muy argentinos: Fresco y Batata, Capitán Beto, Tita, Manolito y Milanesat. Otro visionario es el físico Conrado Varotto, director de la Comisión Nacional Aeroespacial (Conae). A los 76 años, se apresta a inaugurar, en 2018, la primera base de lanzamiento de satélites de Sudamérica en Bahía Blanca. “La principal materia prima de la Argentina es su materia gris”, suele decir este pionero, quien hace medio siglo creó Invap, la primera empresa de tecnología de alta complejidad del país, que exporta centrales nucleares de investigación, radares y satélites.

Entre los innovadores también encontramos a artistas y creativos como Juan José Campanella y Gastón Gorali (ver recuadros), y superestrellas como Cris Morena, una de las productoras, directoras y compositoras de series de televisión para teens más reconocidas en el mundo.

Lo paradojal de los emprendedores argentinos es que surgieron y se consolidaron en un contexto muy adverso. “Adquirieron una gran resiliencia por desenvolverse en un entorno tan negativo. Fue el caldo de cultivo perfecto para convertirse en emprendedores de primera”, sostiene Susana García Robles, que desde Washington lidera los programas de inversiones de capital de riesgo del Fondo Multilateral de Inversiones del BID para Ame?rica Latina y el Caribe. Lo mismo señala Andy Tsao, un prestigioso financista global del Silicon Valley Bank. Durante una entrevista en sus oficinas de Palo Alto, nos dijo: “Los argentinos tienen más potencial que sus pares de la región por esa tormenta perfecta entre una buena educación y un ambiente complicado que los empuja a ser creativos y a salir al mundo para progresar”.

Hace dos años decidimos investigar este fenómeno en mayor profundidad porque creemos que la Argentina necesita formular una visión de país moderna, que nos permita incorporarnos a este desafiante siglo XXI. La humanidad está viviendo una revolución tecnológica de consecuencias impredecibles. Los avances de la inteligencia artificial, la inminencia de los autos sin conductor, los riesgos de la destrucción masiva de puestos de trabajo a causa de la automatización son noticias de todos los días. Sin embargo, todavía esta realidad no es parte de nuestra agenda pública, de nuestros debates políticos, académicos y económicos. No hemos comprendido aún la urgencia de iniciar esta conversación.

Las autoras escribieron Argentina Innovadora. Quiénes son los emprendedores, científicos y artistas que están cambiando el país (Sudamericana), de próxima aparición

Gastón Gorali: Ganarle a Disney

Como creativo de Leo Burnett en Chicago, Gastón Gorali viajaba y filmaba por todo el mundo. Pero le faltaba algo. Regresó al país en 2006 y le escribió un mail a Juan José Campanella. No se conocían. Le dijo que quería hacer un largometraje de animación computadorizada que se llamaría Metegol, inspirado en un cuento de Roberto Fontanarrosa. Quería que escribiera el guión. Campanella le respondió que estaba filmando en Estados Unidos y le propuso almorzar en La Dorita, una parrilla de Palermo, a la una del mediodía, seis meses después.

Gorali anotó la cita. Nunca había marcado un almuerzo con seis meses de anticipación. Tampoco había hecho un largometraje. Suele decir que su vocación por la animación nació de un trauma de infancia. “Cuando tenía cuatro años, mi mamá llevó a mi hermano mayor a Disney. Con la teoría de que ?sos muy chico y no te vas a acordar’, me mandó con mi abuela a La Falda, en Córdoba. Yo lo pasé bien, hasta que mi hermano volvió de Disney y me mostró unas fotos de colores vibrantes. Yo tenía unas fotos grises, con mi burro triste. Desde entonces quise vengar a mi burro y ganarle al ratón Mickey.”

Por fin llegó el día de la cita con Campanella en La Dorita. “Le conté la idea en cinco minutos. Campanella se paró y me dijo: ´Ya vengo, voy al baño’. Pensé: ‘No vuelve más’. Pero volvió y me dijo: ´No sólo me gustaría ser guionista, quiero dirigirla.” Campanella y Gorali comprendieron que la película tenía que ser para el mercado internacional. Desde que empezaron hasta que se estrenó Metegol, pasaron siete años. Avanzaron con el apoyo del empresario Jorge Estrada Mora. El presupuesto inicial de 7 millones de dólares trepó a 20. La película tuvo su lanzamiento mundial en Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Francia. En Estados Unidos se llamó The Underdogs (“Los que llevan las de perder”) y fue un gran éxito. En China se estrenó en 4000 salas y en Rusia fue aclamada. En la Argentina, Gorali vio su sueño de infancia hecho realidad: batió récords y les ganó a las películas de Disney que se estrenaron ese año. Fue tan rica la experiencia que crearon Mundo Loco, una empresa de animación para el mercado global. “En Metegol, lo único que usamos importado fue un disco rígido de 300 dólares. Adentro iba una magia hecha de puro valor agregado made inArgentina“, dice Gorali.

Facundo Manes: la estrella es el cerebro

El neurocientífico Facundo Manes nos recibe en su escritorio, rodeado de libros hasta el techo. Intenso, entusiasta, nos muestra un video en su notebook. “Esto pasó en la periferia de San Juan, en invierno, tres grados bajo cero. En el estadio había ¡doce mil personas y afuera ocho mil más! ¿Saben cuál era el título de la charla? ‘El valor del conocimiento’. Pasa en todos lados.”

Manes dice que los argentinos están ávidos de conocimiento. Por eso recorre el país, dando conferencias masivas. “Explico que con el conocimiento se reduce la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la desnutrición. En la Argentina, de cada diez niños menores de diez años, cuatro están mal nutridos. Entonces, ¿cómo vamos a entrar al mundo del conocimiento si tenemos un 30% de pobres, mal nutridos, y los que van a la escuela reciben una mala educación? La malnutrición afecta al cerebro; la pobreza afecta al cerebro.”

Médico neurólogo recibido en la UBA, que se doctoró en neurociencias cognitivas en Cambridge, Inglaterra, Manes está convencido de que hay que instalar “el paradigma del conocimiento” como política de Estado. Además de su actividad científica, tiene una trayectoria exitosa como emprendedor. Regresó al país en plena crisis de 2001 porque sintió que quería aportar desde su especialidad. Convocó a jóvenes recién recibidos para formarlos y ponerlos a investigar. Con su hermano Gastón y su socio, Marcelo Sevransky, crearon Ineco. Comenzó como una cooperativa donde los médicos también financiaban la investigación con un porcentaje de sus honorarios. “Estamos en el núcleo más importante del mundo en nuestra especialidad, los únicos de Hispanoamérica.”

Manes y su equipo también se hicieron cargo del área de neurociencias cognitivas de la Fundación Favaloro. Ahora se unieron al Ministerio de Ciencia y Tecnología para crear el primer Centro de Neurociencia Cognitiva Trasnacional. “Pusimos la neurociencia cognitiva argentina en el mapa mundial y no fue una iniciativa estatal, fue una iniciativa privada. Pero hoy nos abrazamos, lo privado y lo público. Nunca vamos a cotizar en la Bolsa, pero cambiamos la cultura. ¿Y qué es un emprendedor sino alguien que cambia la cultura?”