Los riesgos de la apnea de sueño

Revista VIVA
La primera novela publicada del escritor Charles Dickens, Los papeles póstumos del club Pickwick, además de convertirse en un clásico de la literatura, tuvo un destino insospechado para su autor. A partir de las características de uno de sus personajes, que era obeso y se quedaba dormido en cualquier momento, los médicos nombraron así cierto trastorno: el síndrome de Pickwick. Uno de los síntomas principales es la apnea obstructiva del sueño.

La apnea se caracteriza por ocasionar somnolencia durante el día porque no se logra descansar durante la noche. La persona con apnea hace una o más pausas en la respiración o tiene respiraciones superficiales mientras duerme. Quienes la padecen pueden tener dolor de cabeza, dificultad para mantener la concentración, irritabilidad y pueden llegar a tener depresión. Una de las consecuencias más peligrosas puede ser la dificultad para mantenerse despierto, por ejemplo, si se tiene que operar máquinas o manejar un vehículo durante horas.

¿Qué es lo que sucede durante la apnea? Los músculos de la garganta y la lengua se relajan y obstruyen la parte superior de las vías respiratorias (en personas obesas también se restringe la expansión pulmonar y del tórax por ascenso del diafragma y el peso excesivo de la pared torácica y el tejido mamario). Entonces, la respiración se torna más que dificultosa. Esto hace que los pulmones y el cerebro no reciban el suficiente oxígeno; y el cerebro genera un alerta para normalizar su función, causando un fuerte ronquido o jadeo. Desciende el oxígeno en la sangre y varía la frecuencia cardíaca. La persona suele despertarse varias veces y el sueño pasa de ser profundo a superficial. Las apneas pueden llegar a tener una frecuencia mayor de 20 a 30 veces durante una hora. Cada evento puede ocurrir durante unos pocos segundos o prolongarse por más de 30 segundos.

Como los síntomas se manifiestan durante el sueño, suelen ser quienes comparten las horas de descanso los primeros en detectar que algo anormal sucede con la respiración de la persona con apnea. Sin embargo, también es posible que en las actividades cotidianas, los compañeros de trabajo observen el excesivo cansancio y los problemas para concentrarse. Estas señales muestran que es necesario consultar a un médico.

La apnea suele presentarse en varones y mujeres de entre 30 y 65 años. La literatura médica registra estos factores de riesgo: es más frecuente en personas mayores, en quienes tienen exceso de peso, presión arterial elevada, en fumadores y personas con alteraciones en las vías respiratorias.

El estudio específico para llegar a su diagnóstico es la “polisomnografía”, que permite el monitoreo de las ondas cerebrales, la tensión muscular, el movimiento ocular, la respiración, los niveles de oxígeno en sangre y la posición corporal. Otros exámenes más simples posibilitan su diagnóstico a través de la medición de la frecuencia, tipo respiratorio, frecuencia cardíaca, oxigenación de la sangre y posición corporal. Los tratamientos más eficaces para las personas con apnea de sueño leve son aquellos que implican cambios de hábitos, como bajar de peso, realizar ejercicio físico, evitar el alcohol, la nicotina, las pastillas para dormir y los antihistamínicos de primera generación, y dormir de costado. Usar artefactos dentales o bucales puede ayudar a crear una vía respiratoria sin obstrucciones. Además, hay un dispositivo que consiste en una máscara aplicada sobre la nariz y sobre la boca, que impulsa aire dentro de la vía respiratoria superior.