El mundo de los más chicos

Diario Popular

Como sabemos, los bebés requieren de atención y cuidados muy importantes.

Y, aunque parezca paradójico, son justamente las capacidades más desarrolladas y complejas que poseemos los seres humanos las que hacen que de pequeños seamos tan dependientes de los demás. En este sentido, nuestra asombrosa capacidad de aprendizaje resulta clave.

Durante los primeros años, necesitamos que toda nuestra energía esté destinada a descubrir cómo funciona el mundo que nos rodea. Entonces, para eso, las necesidades básicas deben estar satisfechas.

Recientes estudios neurocientíficos demostraron que, aunque los bebés o niños pequeños todavía no pueden expresarse verbalmente, actúan como verdaderos científicos: por ejemplo, pueden realizar procesos similares a los de los matemáticos para tomar decisiones. Se ha observado que los niños pequeños resuelven situaciones a partir de un proceso de evaluación, similar a una secuencia de elección según probabilidades estadísticas u operaciones matemáticas. Y esto es posible aun cuando no tienen noción de estos cálculos. En una investigación, les mostraron a los niños una máquina que tenía una luz que se encendía cada vez que se apoyaba un cubo sobre ella.

Un evaluador ponía bloques amarillos o azules sobre la máquina. Sin embargo, el dispositivo se encendía dos de cada tres veces con el bloque amarillo y solo dos de cada seis con el azul. Se les decía, entonces, a niños menores de cuatro años que pusieran los bloques sobre la máquina para que se encendiera su luz. La sorpresa fue que los niños elegían los bloques amarillos y no los azules, es decir, habían aprendido que eran los bloques de color amarillo los que tenían mayores probabilidades de encender la luz.

En otra experiencia, los niños primero observaban a una persona mientras activaba las luces y los sonidos de un juguete. Luego, se les entregaba este juguete a los niños. Si cuando intentaban activarlo no lograban que se encendieran las luces y los sonidos, era más probable que le pidieran ayuda a esa persona a la que habían visto anteriormente encender el objeto a que eligieran a otro para jugar. Así se señaló que los bebés deducían que el problema tenía que ver con ellos mismos y no, con el juguete. Ahora bien, cuando se les mostraba que la persona no siempre era capaz de activar las luces y los sonidos, los bebés preferían cambiar de juguete.

Podemos decir que los bebés actúan como verdaderos exploradores y usan evidencia para investigar el mundo por sí mismos o para pedir ayuda. Son pequeños científicos.