Facundo Manes: qué tiene que ver la corrupción con el cerebro de los argentinos

Clarín
Por Magda Tagtachian

A sala llena, el científico se preguntó si la corrupción está marcada en el cerebro. Y señaló que “la pobreza es un impuesto mental”.Carino-Feria-Hablo-Martin-Bonetto_CLAIMA20160430_0248_28

Se ríe a carcajadas cuando le comentan que varios en la larga fila que hace cola afuera para escucharlo claman para que sea Presidente.
El neurólogo y neurocientífico Facundo Manes, 47 años, llega a la Sala Jorge Luis Borges, en la Feria del Libro, en medio de un operativo digno de un rock star. Vino a presentar El cerebro argentino, el libro que escribió con Mateo Niro -experto en semiología y sociolingüística-, recién salido del horno de Editorial Planeta.

Rodeado de seguridad, comitiva de prensa y caras famosas (la escritora Claudia Piñeiro, la psicóloga chilena y gurú de la autoayuda Pilar Sordo, el médico clínico Daniel López Rosetti, Ricardo Gil Lavedra, Pepe Scioli y hasta “el yerno de Susana Giménez” -que así se presenta, sic-), Manes saluda y habla rápido, muy rápido, locuaz, con entusiasmo y pasión que contagia.

Afuera hay señoras jubiladas, docentes muy jóvenes, estudiantes del secundario y hasta Patricio, de 31 años, en silla de ruedas y dificultad en el habla. A los 16, Patricio que trabajaba en una bicicletería, cruzó las vías para buscar un repuesto en la calle de enfrente y lo arrolló un tren. Manes comandó su operación y lo ayudó a rehabilitarse. Hoy Patricio vino a verlo, acompañado de su médico y su kinesiólogo.

Patricio está sonriente en la primera fila. Minutos antes de comenzar, Manes, también rector de la Universidad Favaloro, firma dedicatorias con la zurda y con letra de médico (recibido en la UBA), imposible de comprender. Se doctoró en Cambridge, Inglaterra, y da charlas por el mundo. Acumula títulos y pergaminos. Pero hace que lo difícil se vuelva fácil, interesante y atractivo.

En El cerebro argentino, el hombre que comandó el equipo médico que operó a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner por su hematoma subdural, disecciona el ser nacional como en la mesa de un quirófano. En 423 páginas traza una radiografía de los esquemas mentales argentinos y reflexiona acerca de qué tipo de sociedad podemos construir. “El libro invita a pensar cómo somos los argentinos. No tiene respuestas ni soluciones mágicas. Eso sería una locura”, arranca.

“Anatómica y biológicamente, el cerebro de un ruso, de un dinamarqués y de un argentino es el mismo. Pero las experiencias buenas y malas, el entorno, el ambiente y hasta lo que comemos, cambian nuestro cerebro y los genes. Esto puede transmitirse, además, de generación en generación”, dispara.

Manes se mete sin rodeos con la corrupción. “Desde la ciencia sabemos que todas las personas tendemos a llevar agua para nuestro molino. No es que el cerebro de un dinamarqués sea menos corrupto que el de un argentino. Pero el ser humano tiene una predisposición natural a sacar siempre ventaja propia. Incluso se estudiaron conductas corruptas en abejas, en hormigas y en chimpancés. Entonces, ¿qué hace que Dinamarca tenga menos corrupción que otros países? El concepto de sanción social. Allá no existe el ‘roban pero hacen’. Y, por otra parte, esa sanción social está acompañada de instituciones fuertes y el respeto a la ley. No hay que habituarse a la corrupción ni a lo malo. Pero hay que estar alerta porque el cerebro funciona así. Primero siente la diferencia y luego se acostumbra. Cuando te sentás en una silla sentís la piel con el respaldo o el asiento. Y luego te olvidás. Así somos”, ejemplifica.

Entre las más de mil personas que cubren por completo la sala está su mamá, Dora. Manes cuenta que ella iba en sulky al colegio y que no pudo terminar la escuela. Aún así, Dora le recalcaba que “la educación es el único camino posible para construir una sociedad justa y equilibrada”. Manes, emocionado, rinde homenaje también su papá, Manuel: “Lo extraño mucho. Era médico rural. Siempre nos decía a mi hermano Gastón y a mí: lo más importante es el amor y el conocimiento. Eso refleja lo mejor que tenemos: la inteligencia y la generosidad”.

Nombra también a René Favaloro, cardiocirujano que lo inspiró en su carrera, y la sala se viene abajo en un aplauso gigante. Manes habla de un país con capacidad para producir alimentos para “40 Argentinas” y donde -dice- tener un solo chico con hambre significa una inmoralidad y un fracaso como comunidad. Y sigue: “Hoy el 30 por ciento de la Argentina es pobre. La pobreza es un impuesto mental. Aunque el Estado provea de comida y techo, nada se puede construir si ese es el entorno. Si pasás las horas preocupado para ver qué vas comer o dónde vas a dormir. La apuesta más grande como sociedad es ser solidarios hacia lo que no vamos a ver. Para construir un país mejor. Si la educación es mala no podremos generar riqueza para tener un país inclusivo. El mundo está hiperconectado y es muy competitivo, sobre la base del conocimiento y las ideas. Pero estamos lejos si no formamos cerebros para tener ideas. Así como exportamos soja y somos productivos hay que generar y producir ideas”, señala el neurocientífico.

El libro también contempla la edad y el paso del tiempo. Manes explica: “Hoy hay una nueva adolescencia. Son personas de 65 a 100 años que viven bien. Esto se da por primera vez en la Historia. El consejo de la ciencia es seguir activo haciendo lo que a uno le gusta. Y esto debe repercutir en las políticas públicas. Por más que uno reciba la jubilación, hay que seguir activo mentalmente, optimista. Si no, uno se puede deprimir y deteriorar. Hasta el último día de la vida debemos hacer lo que nos apasiona”.

La coyuntura social y política parece clave. Y no queda al margen de su nuevo volumen, que espera convertirse en otro best seller. tal como sucedió con su primer libro Usar el cerebro, también en coautoría con Niro. “La Argentina y nosotros como sociedad, más allá del Gobierno, necesitamos un clima de época, un nuevo paradigma. El último que nos unió fue la democracia. En el ´81 y ´82, el 90 % de los argentinos, de derecha y de izquierda, de clase alta o de clase baja, peronistas o no peronistas, en las tribunas del fútbol, todos estábamos de acuerdo con que se fueran los militares. Luchamos por la democracia. Los argentinos estamos divididos por el pasado y por el presente. Hay que generar un nuevo proyecto de país. La revolución del conocimiento. Formar y cuidar el capital mental. La riqueza de un país no son ni las industrias ni los recursos naturales. O al menos no como era antes. Lo importante son los cerebros de la gente.

Manes termina la charla. Se pone de pie, emocionado. Saca del bolsillo del jean su celular. Dispara un flash, dos. Fotografía el mismo a esos cerebros y sonrisas que lo aplauden de pie. El médico baja del escenario de un salto. Su público lo rodea. Lo atrapa. Quiere llevarse una selfie. Al neurólogo se lo ve exultante. Feliz. En un rato firmará ejemplares en el stand de Planeta. Sigue repartiendo besos. De repente, se pierde entre la muchedumbre. Se acerca para saludar a Dora, su mamá. Y a Josefina, su mujer desde hace 14 años, con pico en la boca.