“Dividir el conocimiento entre ciencia y humanidades es un error”

La Vanguardia

Hoy el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) ha amanecido científico. A la entrada del Centro de Convenciones de Puerto Rico, el personal de seguridad advertía al público que a las diez y cinco habría un simulacro de tsunami en toda la isla. Las instrucciones eran que cuando sonaran las sirenas nos tendríamos que agachar. Nada más.
LV_20150126_LV_FOTOS_D_54425137916-k3DG-U40506701250hNB-992x558@LaVanguardia-WebA la hora anunciada, tenía que empezar su disertación el escritor mexicano Jorge Volpi, un apasionado de la ciencia como ha demostrado en sus novelas. La hora anunciada no ha sido tal y Volpi ha podido pronunciar tranquilamente su discurso, titulado “The science in spanish II”. La primera versión la había preparado para el CILE de Chile del 2010, pero entonces un potente terremoto de verdad obligó a suspender la cita.
La sesión “Ciencia, pensamiento y comunicación en lengua española” ha empezado con las palabras del mexicano Mario Molina, premio Nobel de Química en 1995. En su plática –así la ha llamado–, ha confirmado que “los países que más invierten en investigación también son los más desarrollados” y una cosa lleva a la otra. Y a continuación se ha dedicado a desmontar algunos de los mitos que niegan el cambio climático. “El desarrollo sustentable es posible: se puede demostrar que la humanidad avance y a la vez garantice las generaciones futuras”, afirmó, y añadió que “hay consenso en la evidencia: El 97% de los científicos cree que el cambio climático se debe principalmente a actividades humanas”. En cambio, “hay intereses políticos y económicos que financian campañas públicas” y que consiguen revertir este porcentaje en los medios de comunicación. Así, “sólo el 28% lo afirma con rotundidad en sus informaciones y el 72% restante lo pone en duda o lo cuestiona parcialmente”.
“Desde la revolución industrial estamos cambiando el efecto invernadero natural de la Tierra y la temperatura está subiendo, sobre todo desde mediados del siglo XX”, continuó. Puso como ejemplo un huracán, que se produce por causas naturales, pero su fuerza se ve aumentada por el cambio climático. Y concluyó: “Otro mito falso es que los combustibles fósiles no se han de reducir porque condenaríamos la economía. Con un 1-2% del PIB del planeta se podrían sustituir y el costo es mucho inferior que sus consecuencias”.
LAVANGUARDIA_G_23255169339-k3DG--572x381@LaVanguardia-WebEl neurocientífico argentino Facundo Manes fue crítico con las letras: “El hecho de dividir el conocimiento entre ciencia y humanidades es un error, porque se produce un desconocimiento de los unos y los otros. Pero ello no es exactamente así, porque no es simétrico. Los científicos sí se interesan por la pintura, la literatura, el arte y los entienden”. A continuación, celebró iniciativas como las de invitar a los científicos al Congreso de la Lengua, porque hay que tender puentes. En su parlamento, alentó a sus vecinos a despertar: “Los países latinoamericanos están distanciados. Para unirlos necesitamos el paradigma de la educación, de la ciencia, del conocimiento mutuo. Sólo así vamos a desarrollarnos”.
El físico uruguayo Daniel R. Altschuler ha reflejado la poca presencia de los hispanos en la ciencia, comparando datos de los premios Nobel literarios y científicos, porque “la lingua franca de la ciencia es el inglés, junto con las matemáticas”. Y dibujó un problema añadido, común a todos los países: “Son pocos los científicos que han entrado en política; muchos de nuestros gobernantes saben de leyes humanas y muy poco de leyes naturales”.
Esperando el simulacro de tsunami que una hora más tarde aún no había sonado –dicen que en Puerto Rico los relojes van diferentes–, en este CILE dedicado también a Cervantes, Altschuler recordó que “Cervantes da nombre a una estrella un poco más brillante que el Sol; sus cuatro planetas son Dulcinea, Rocinante, Don Quijote y Sancho. Se halla en la constelación Ara”.
Tres de los cinco ponentes vinculados a la ciencia han empleado diapositivas, cosa muy poco usual entre los participantes de los ámbitos lingüístico y literario.