“Es difícil que hoy salga un Pasteur o un Einstein”

Diario de Almería
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Este estudioso del cerebro explica, por qué perdemos la memoria o dónde se encuentra la inteligencia.

29.01.16. DIARIO DE SEVILLA. FOTO: JOSE ANGEL GARCIA FACUNDO MANES

Con un lenguaje sencillo, Facundo Manes (Quilmes, provincia de Buenos Aires, 1969) explica por qué perdemos la memoria o dónde se encuentra la inteligencia. Estudioso del cerebro, “la estructura más compleja del universo”, este neurólogo, profesor de psicología experimental en Carolina del Sur, publica con Mateo Niro el libro Usar el cerebro (Paidós), con el subtítulo Conocer nuestra mente para vivir mejor. Dirigió el equipo que operó a la ex presidenta Kirchner y reunió a más de dos mil personas en un teatro de Buenos Aires.

-¿Es verdad que usamos sólo un 10% de nuestro cerebro?
-Eso es un mito. Cuando no hacemos nada usamos nuestro cerebro muchísimo. Cuando estamos durmiendo o relajados en el sofá. No deja de funcionar mediante lo que se llama red en reposo.

-Borges bebía de lo que llamaba su cristalino olvido, “ser para siempre; pero no haber sido”…
-¡Qué grande Borges! En Funes el Memorioso cuenta la historia de un peón de campo del Uruguay que tiene la desgracia de recordarlo todo. Tiene que vivir 24 horas mañana para recordar las 24 horas de hoy.  Decía que la memoria son islas en océanos de olvido.
-¿Y cómo se salva el náufrago?
-Se olvida casi todo. Seguro que para contar los cinco años de tu Secundaria te bastaría con media hora. Otra cosa distinta son las emociones. Lo que permanece. García Márquez decía que somos lo que recordamos para contarlo. Y a eso no ha llegado todavía la neurociencia. Es mucho más útil, por su ambigüedad, el arte o la literatura.
-Para Chesterton el lenguaje no es un hecho científico, sino artístico que inventaron guerreros anteriores a la ciencia… 
-Lo que nos diferencia de otras especies no es sólo el lenguaje. Son los saltos evolutivos. Uno fue el ser bípedo, porque no siempre lo fuimos y nos permitió la gestualidad. El lenguaje es otro salto evolutivo, o la interacción social.
-Usted dice que el ser humano es una criatura social. ¿Todo cambio de Gobierno responde a un cerebro colectivo?
-Existe una memoria colectiva en la que no sólo funcionan los elementos lógicos, racionales, sino los emocionales. Crecemos en un contexto familiar, de amigos, de compañeros de trabajo. Todo eso determina la forma de decidir, pensar y sentir. Si vas a Cuba y preguntas por  cómo ven los Estados Unidos, no te responderá igual un señor de 75 años que vivió la Revolución que uno de 25.
-¿Dónde está la inteligencia?
-No sólo en el coeficiente intelectual. Eso puede influir si vas a ser físico, pero influyen muchos más parámetros. La inteligencia es colectiva. Un equipo. Tienes tu fotógrafo, tu diario, tu familia. Hoy es muy difícil que salgan un Pasteur, un Einstein o un Newton.
-En el libro Usar el cerebro se pregunta “¿por qué rezamos?”. ¿Se lo ha preguntado alguna vez a Bergoglio?
-Nunca lo traté con él. El Papa tiene un background científico. Investigadores de Oxford se gastaron varios millones de libras esterlinas en responder a esa pregunta. Llegaron a una conclusión científica y fue que creer, tener fe en algo nos hace vivir más y mejor.
-¿Qué es el efecto Tortoni?
-Es un café porteño que frecuentaba entre otros García Lorca cuando estuvo en Buenos Aires. Cuando fui a Inglaterra, una investigadora demostró que los taxistas londinenses tenían más desarrollado el generador magnético-cerebral que los londinenses no taxistas. En el café Tortoni vimos que los camareros nunca se equivocaban en el pedido, aunque fueran muchos los clientes. Pedimos permiso al dueño para hacer un trabajo. Cuando iban a por el pedido, nos cambiábamos de sitio. Nunca fallaban porque asociaban la cara de la persona con el lugar que ocupaba en el bar.
-¿Y si Messi se olvidara de jugar por el peso de sus emolumentos?
-No se le va a olvidar. Existe diferencia entre alguien de clase media y gente carente de recursos. Pero no hay diferencia entre esa clase media, con las necesidades cubiertas, y un millonario. El dinero a esos niveles no da la felicidad.
-Cita el poema de César Vallejo del combatiente muerto para decir que la solidaridad hace andar a las personas…
-El altruismo y la generosidad activan los circuitos del placer del cerebro. Ayudar al otro nos hace bien.
-¿Le sorprende que países nórdicos (Dinamarca, Suecia) apliquen políticas regresivas y restrictivas con los refugiados?
-La verdad es que sí. Siempre hemos tenido esas sociedades como modelos a seguir. En Argentina, cuando se produce una catástrofe, es inmediata la reacción de la sociedad. Aportan alimentos, ropa, colchones. Pero esos países nórdicos se caracterizaban porque practicaban una solidaridad a largo plazo, de futuro, con lo que no se ve. Los argentinos somos muy solidarios con la miseria que se ve. Por eso no encaja esa vuelta de esas sociedades nórdicas, avanzadas, a un primitivismo.
-Usted dirigió el equipo que intervino en la operación de cráneo de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner. ¿Cómo fue la experiencia?
-Yo soy neurólogo y dirijo el instituto de Neurociencia de la Fundación Favaloro donde trabajan los médicos que la intervinieron. Después del diagnóstico y el tratamiento, estuvieron alejados del ruido.
-¿Cómo sería el cerebro de Evita?
-No se puede tener una información sobre el cerebro en pasado. Influyen muchos factores. Hay una parte genética, biológica como puede ser ver. No vemos con los ojos, vemos con el cerebro. Y hay aspectos más sociales, como hablar. Depende de donde nazcas y crezcas para que hables un idioma u otro.
-Los habitantes de Macondo iban perdiendo la memoria…
-En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez se adelanta a la ciencia enunciando la demencia semántica, gente que perdía el concepto de las cosas.
-De Nobel a Nobel. Le enmienda la plana a Vargas Llosa y su teoría de “a más información menos conocimiento” para criticar los excesos de Google…
-¿Para qué queremos saber la población de Ulan Bator si ya está en Google? Pero internet nunca recordará el último abrazo de nuestra pareja o la última vez que vimos a nuestros padres.
-¿Los cambios geográficos son culturales?
-Para mí fue mucho más drástico pasar de la Pampa a Buenos Aires que de Buenos Aires a Inglaterra y Estados Unidos.
-¿La vida es una sucesión de Relatos Salvajes, como la película que Almodóvar produjo en su país?
-Hay emociones que compartimos con otras especies: la ira, el miedo, el disgusto, la sorpresa.
-Cita a Lugones: “Los monos no hablan para que no los hagan trabajar”…
-Pero hay emociones que son exclusivas de nuestra especie. La vergüenza, la culpa, el orgullo. Y no es igual el concepto de culpa en Europa que en África o en el Oriente Medio.
-¿Hay descerebrados?
-El cerebro, como el talento, hay que trabajarlo.

-¿Se puede usar para hacer el mal?
-Por supuesto. Para eso está la parte más anterior del lóbulo frontal, la región de nuestro cerebro que nos hace humanos. Hay que crear instituciones que frenen las conductas primitivas, egoístas, miserables.