“No se puede hacer neurociencia para el próximo partido”

Diario Olé
Por Fernando Otero

Facundo Ma­nes es de elite: perte­nece al re­ducido grupo de científicos argentinos con capacidad para desa­rrollar un campo del cono­cimiento hasta alcanzar el rango de precursor. Este neurólogo que conserva los rasgos del muchacho con destrezas para el fút­bol que fue en su juven­tud en Salto se apasiona cuando habla, tanto que necesita el imposible de una jornada superior a las 24 horas para desarro­llar todos sus proyectos (investigación, difusión, educación, filantrópicos y sanitarios). Olé encon­tró un hueco para que una eminencia explique un campo que recién ger­mina: el de la aplicación de las neurociencias en el deporte y, en particular, en el fútbol.
Facundo-Manes-prestigioso-neurologo-Ole_OLEIMA20151229_0070_28-¿Un cuerpo técnico con un neurocientífico tiene garantía de éxito?
-Hay que tener mucho cuidado con las simplifi­caciones en sentido am­plio, en lo conceptual y en los sistemas de trabajo. Hay un auge mundial de las neurociencias y a ve­ces se pasa por alto de qué se tratan. Son un área de la ciencia que estudia con el método científico cómo funciona el sistema nervioso y la mente, cómo diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos. Ese abor­daje es multidisciplinario, en la neurociencia no hay neurólogos solamente o psiquiatras o psicólogos; hay también físicos, ma­temáticos, estadísticos, biólogos, y se estudia el cerebro a diferentes nive­les: a nivel de moléculas y genes hasta el contacto con el ambiente, es decir, cómo interactúa el ambien­te en el cerebro.

-¿Está sobredimensiona­da en su influencia?
-Hay que ir con prudencia. Todo lo hacemos con el ce­rebro, desde respirar hasta tomar decisiones. Es ob­vio que los datos moder­nos sobre cómo funcionan la mente y las emociones que guían la conducta van a impactar en todas las ac­tividades, incluso en el de­porte. En mi opinión recién estamos con el marco ade­cuado para empezar a tra­tar el tema en profundidad. Lo que hay hasta ahora es un gran avance de la neuro­ciencia y, por otro, explorar su utilidad en el deporte.

-Hay que aplicar el “paso a paso” que aconsejaba Mostaza Merlo…
-En la próxima década, tra­bajando conjuntamente neurocientíficos, neurólo­gos, psiquiatras con exper­tos en el deporte podre­mos desarrollar ideas que podrán influir en el rendi­miento cognitivo y emocio­nal de los deportistas. Hoy es un campo incipiente.

-De todos modos, los fac­tores emocionales influ­yen en el rendimiento.
-Sin dudas. En alto rendi­miento, la diferencia entre un oro y un bronce olím­pico muchas veces no es una cuestión de rendimien­to físico, sino psicológico, de actitud, de la capacidad de lidiar con el estrés, de adaptarse a un contexto de de permanente velocidad y cambio… Hay algunas ideas de cómo ayudar des­de la neurociencia, desde la psicología cognitiva, des­de el manejo del estrés y emociones, de mejorar la atención… Pero esto debe ser hecho por instituciones con equipos multidiscipli­narios y con un programa para clubes o deportistas individuales que no espe­ren resultados inmediatos, en el corto plazo.

-La dirigencia deportiva no tiene, en especial en fútbol, paciencia…
-Hoy se pueden empezar programas, pero sin bus­car resultados inmediatos. No se puede hacer neu­rociencia para el próximo partido. Se puede hacer un plan de entrenamiento acerca de cómo se regu­lan las emociones, cómo se maneja el estrés bajo presión, cómo focalizar la atención. Pero eso no lleva a un resultado inmediato.

-Actualmente hay de­portistas de diferentes disciplinas que aseguran haber mejorado con la incorporación de técni­cas de entrenamiento neurocognitivo.
-Hoy ya se puede trabajar individualmente en el ma­nejo del estrés, que es cla­ve. También en control de la ansiedad, en la flexibilidad cognitiva para absorber la in­formación visual. A veces en mi­lésimas de se­gundo una decisión te lleva a ga­nar un título o no. Se pue­de hacer un entrenamiento cognitivo. Hay herramien­tas para mejorar el capital mental, emocional y cog­nitivo con un equipo mul­tidisciplinario entrenado en neurociencia con profesio­nales de prestigio. Y un ca­mino de investigación y de colaboración enorme. Es la situación actual a mi en­tender.

-Entonces no hay exage­raciones…
-El control mental, la aten­ción, la motivación, focali­zar sin distracciones… Son todas habilidades cogniti­vas que se pueden trabajar y mejorar. Eso claramente marca el rendimiento de un deportista.

-El riesgo es que se tome a la neurociencia como poción mágica…
-En el campo de la neuro­ciencia se sabe que Ale­mania, en el último Mun­dial, le dedicó tiempo al entrenamiento cog­nitivo y aplicó programas de estimulación congnitiva. Pero no se trata simplemente de preguntarles a los jugado­res cómo se sienten, sino de focalizar en trabajar la motivación, las respuestas bajo estrés, la atención… Para ello, se requiere de un grupo interdisciplinario y de investigación. Así se trabajó en Alemania, inter­disciplinariamente con una Universidad, que los entre­nó con equipos sofistica­dos para medir la atención y toma de decisiones en estrés. ¿Cuánto influyó eso para que ganaran el Mun­dial? No se sabe, pero lo hi­cieron. Un triunfo depende de miles de factores.

-O sea que Alemania ga­nara con el golazo de Götze y Argentina no pu­diera hacerlo por lo que no convirtieron Higuaín o Palacio no fue conse­cuencia de esa prepara­ción neurocognitiva…
-En una preparación de alto rendimiento eso es un fac­tor más. Ahora, ¿qué im­portancia le da la gente del deporte en la Argentina al entrenamiento cognitivo en correlación con el en­trenamiento motor? Nada. Yo creo que eso debe cam­biar, pero tampoco pode­mos hacer cualquier cosa en ese campo. Necesita­mos más datos, más tra­bajo conjunto interdisci­plinario. Estos años van a ser de investigación entre el deporte y la neurocien­cia para ver cómo los datos de la neurociencia se van a convertir en ejercicios con­cretos. Hoy no estamos en esa situación.

-Insistís en el rigor profe­sional que se necesita en este campo…
-Claro, porque un peligro es que esto se haga en forma poco profesional y sin rigor científico. Y, por lo tanto, que una dirigen­cia lo pruebe erradamente. Hay que tener cuidado con programas que no tienen un fundamento científico, sino que están pensados como criterio comercial. El camino para recorrer recién se inicia en el mar­co teórico a cargo de los investigadores, acá y en el mundo. Lo restringiría a universidades, laborato­rios, a programas serios. Es un campo fascinante y ojalá la dirigencia deporti­va lo entienda así. Ese es el mayor desafío. Porque si los dirigentes, por des­conocimiento, confían en algo sin solidez científica, ante la primera derrota creerán que un programa con rigor no tiene utilidad. Y en realidad, la falla será por la endeblez del progra­ma que eligieron.

-¿Hay algún rasgo común neurognitivo entre los deportistas de elite?
-Los deportistas que se destacan tienen resiliencia, pueden enfrentar desafíos, fortalecerse y superarse en la adversidad. Esos depor­tistas que llegan tiene una visión única de largo pla­zo. Siempre recuerdo un pibe de mi pueblo, en Sal­to, cuando yo también era chico, que tenía un talen­to excepcional… Un Messi en potencia, sin exagerar. Pero hacía todo lo opuesto a un camino que fortalecie­ra esas destrezas. Hay que tener habilidad y también una visión a largo plazo que te haga resistir las tenta­ciones inmediatas que no contribuyen al desarrollo profesional. Todo eso forja una personalidad que ayu­da a que un deportista lle­gue a las grandes ligas. Los clubes tienen un rol funda­mental porque deben expli­carles a los más chicos que esas recompensas inme­diatas no son buenas para el largo plazo. En términos ideales, esto es lo que no debería descuidar un club en la etapa formativa.

Le sobra cancha
Con botines y pantalones cortos, el doctor Manes también alcanzó un alto rango, tanto que recibió premios como mejor futbolista en la Universidad de Cambrigde. Y así lo cuenta: “En 4º año del secundario no descartaba ir a Buenos Aires a probarme. Pero era asmático. Y eso me condicionó. El deporte me sirvió mucho cuando cursé la universidad en Estados Unidos e Inglaterra. Destacarse en el deporte, además del rendimiento académico, allá te permite establecer relaciones y forjar amistades. Una vez, en Cambridge, hice un golazo: encaré, pasé rivales y la metí. Salí corriendo al banco y todos pensaban que era para saludar el técnico. Fui desesperado a buscar el broncodilatador porque no daba más del ahogo”.

YO DIGO

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“Se ha demostrado que el conocimiento acerca del cerebro y sus procesos ha evolucionado en los últimos 15 años más que en toda la historia de la humanidad. Por otra parte, la neurociencia actual se muestra con intenciones de trascender las fronteras del laboratorio para hacerse presente en distintos campos de la vida cotidiana. El aporte de las neurociencias es muy importante respecto al deporte en general y al fútbol en particular, porque hoy sabemos que las aptitudes físicas y técnicas se han convertido en condiciones necesarias, pero ya no más suficientes para desempeñarse en el más alto nivel. Hoy tenemos la necesidad de formar “jugadores inteligentes”, que sean eficientes para tomar decisiones. Eso nos lleva a repensar la manera de entrenar, ya que los métodos de entrenamiento y los procesos formativos de los futbolistas han adoptado un carácter mecanisista, intentando transferir movimientos automatizados, robotizados, estigmatizando el error en el proceso de enseñanza-aprendizaje y coartando de este modo el desarrollo perceptivo y la creatividad. Queremos nutrirnos de los conocimientos de vanguardia en neurociencias trabajando de forma interdisciplinaria con el equipo del doctor Facundo Manes con el fin de potenciar nuestro momento”.