“El pilar del desarrollo es un cerebro sano”

La Razón
Por Rafael Otegui

Es el precursor de las neurociencias cognitivas en el país y uno de los divulgadores científicos del momento. Advierte que el gran desafío de hoy es promover cerebros estimulados y bien alimentados porque, asegura, “la riqueza de una nación es el capital mental de sus ciudadanos”.
Facundo-Manes_IECIMA20151215_0049_19“En un país que produce alimentos para 400 millones de personas, resulta inmoral que haya chicos mal alimentados y con sus cerebros en peligro”, reflexiona Facundo Manes durante la entrevista. Para este neurólogo y neurocientífico argentino, autor del best-seller “Usar el cerebro”, la Argentina enfrenta hoy el desafío urgente de erradicar el hambre, unirse bajo el paradigma del conocimiento y dejar atrás viejas rivalidades. Un desafío similar, sostiene, al que encaró la generación que hizo la escuela pública en el siglo XIX.
Creador del Instituto de Neurología Cognitiva, presidente la Fundación INECO y rector de la Universidad Favaloro, entre otras cosas, Manes tiene un largo recorrido en el mundo de las neurociencias. Estudió en la Facultad de Medicina de la UBA, donde se graduó en 1992, y luego en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Volvió al país en pleno 2001 y desde entonces se convirtió en uno de los divulgadores científicos más escuchados.
En el marco de un evento organizado por la Red de Bancos de Alimentos de Argentina –organización social que recupera alimentos que salen del circuito comercial para distribuirlos luego en comedores comunitarios–, Manes dialogó con LA RAZÓN, destacó el trabajo de la Red en la lucha contra la desnutrición y aseguró que el desarrollo de un país depende, esencialmente, de la salud de sus cerebros.

–¿Qué rol juega la alimentación en el desarrollo cognitivo de la primera infancia?
–Juega un rol clave. Un niño desnutrido o malnutrido tiene el cerebro en peligro. El desarrollo del cerebro, que se produce desde la gestación en el útero de la madre hasta pasados los 20 años, afronta durante ese tiempo diferentes períodos críticos y necesita nutrientes claves. Pero no sólo la desnutrición puede causar atrofia cerebral en los chicos: también la pobreza afectiva. Aunque los chicos se nutran bien, si no tienen un contexto de estímulo afectivo y cognitivo adecuado, su cerebro corre peligro. Pero es importante recordar que esto excede los primeros mil días, porque el cerebro termina de desarrollarse más allá de los 20 años.

–Sin embargo, existe cierto consenso en torno a que lo que sucede ahí, en esos primeros mil días, define el potencial cognitivo de las personas. ¿Es así? ¿Es irreversible el daño?
–Si bien no es bueno empezar con desnutrición en los primeros mil días, la neurociencia enseña que siempre se pueden hacer cosas. Claramente, lo ideal es cuidar al niño desde el útero y asegurarle una nutrición adecuada en esa etapa tan crítica. Pero no hay que pensar que no se pueden hacer cosas: siempre se puede hacer algo. Según un estudio realizado en Rumania, muchos chicos que durante la dictadura de Ceaucescu habían estado en orfanatos privados de buena alimentación y estímulo afectivo, recuperaron sus funciones cognitivas cuando, con la democracia, fueron relocalizados en familias. O sea que, en resumen, si bien no es bueno empezar los primeros mil días con déficit de alimentación, siempre se pueden hacer cosas y mejorar mucho. Hay que evitar el concepto de irreversibilidad.

–¿Qué valoración hace del trabajo que hace la Red de Bancos de Alimentos?
–Me parece crítico el trabajo que hacen. Me parece que hay que ayudarlos, yo estoy acá para apoyar esta iniciativa. La sociedad civil tiene muchas organizaciones así y creo que tienen que articularse. A los argentinos nos divide el pasado y nos divide el presente, pero ¿qué nos puede unir? Un paradigma futuro. ¿Y cuál debería ser, para mí, ese paradigma? El conocimiento. Lo que hoy separa a los países pobres de los ricos no es tanto su industria ni sus recursos naturales, sino el conocimiento, el conocimiento ligado a la industria y a los recursos naturales. Yo aspiro a que la sociedad civil se una para reclamar a la dirigencia una sociedad basada en el conocimiento, y una sociedad basada en el conocimiento tiene que tener como prioridad un cerebro saludable. Nuestro proyecto de país tiene que consistir en asegurarnos que todos nuestros cerebros estén bien estimulados, con afecto y estímulo cognitivo, y bien nutridos, porque el capital de un país es el capital mental de sus ciudadanos.

–¿Estamos cuidando el capital mental de la Argentina?
–En un país que produce alimentos para 400 millones de personas, resulta inmoral que haya chicos mal alimentados y con sus cerebros en peligro. Insisto: no vivimos en un desierto, vivimos en un país que produce alimentos para diez Argentinas. Entonces, nosotros, como sociedad, debemos tener la inteligencia colectiva de asegurar que todos nuestros chicos se nutran bien. Esa debería ser la principal política de Estado. Hoy tenemos por delante un desafío similar al que tuvieron nuestros héroes, la generación que hizo la escuela pública en el siglo XIX. Y espero que nuestros bisnietos no digan de nosotros que no estuvimos a la altura de las circunstancias, que no fuimos capaces de pensar un país más allá de nuestra vida biológica. Ése es nuestro verdadero desafío: pensar un país más allá de nuestra vida biológica.

–¿Cuáles son los pilares de ese proyecto de país a largo plazo?
–Los grupos de pensamiento sostienen que hay básicamente cuatro pilares que conducen al desarrollo de un país: la primera infancia -que para mí es más amplio, es ‘cerebro en desarrollo’, porque va más allá de la primera infancia-, en segundo lugar la calidad educativa, luego infraestructura y, finalmente, instituciones sólidas. Esos son los cuatro pilares para el desarrollo de un país. Pero infraestructura e instituciones sólidas no se pueden lograr sin educación de calidad, y educación de calidad no se puede lograr si no tenemos cerebros alimentados y estimulados. O sea que el pilar de un país inclusivo y desarrollado es, en definitiva, un cerebro sano.

–¿Qué le pediría al nuevo Presidente?
–Le pido que mire el futuro. Que apueste a la sociedad del conocimiento y de la calidad educativa, a la revolución del conocimiento. Le pido que trate de unir a los argentinos bajo este paradigma del conocimiento, que piense en el largo plazo sin dejar de atender lo urgente, como la desnutrición y la pobreza. Le pido que tenga políticas de estado de largo plazo. Y, sobre todo, le pido que no se la crea.