Las creencias y los esquemas mentales


Revista Viva
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Hace algunas semanas, se celebró en distintos países –sobre todo en los sajones- la llamada “noche de brujas”. Una de las películas que con mayor esmero recorre este universo es la producida por Tim Burton, El extraño mundo de Jack. Lo que sucede acá es que el rey de Halloween, Jack Skellington, descubre el Pueblo de la Navidad y decide apropiarse de esa fiesta. Sin embargo, no logra comprenderla: ve los regalos, los dulces y adornos pero siente que algo se le escapa. Jack solo puede interpretar la navidad desde “su” esquema mental.

Se llaman “esquemas mentales” a las estructuras de pensamiento que nos permiten interpretar y categorizar la información proveniente de nuestro alrededor. A partir de ellos formamos nuestras creencias, es decir, organizamos las ideas acerca de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Así, se conforma un modo de ver la realidad que se va desarrollando a lo largo de la vida. Es justamente por eso que, como vimos, Jack y los habitantes de su pueblo convierten la Navidad en una fiesta monstruosa, los juguetes asustan y atacan a los niños, los renos son esqueletos y el carro, un ataúd. Para ellos, Papá Noel es un gigante con garras. No pueden abandonar “su visión del mundo”.

Es en este marco que se tiende a producir sistemáticamente ciertas respuestas frente a diversas situaciones. Se trata de los sesgos cognitivos, que expresan poca flexibilidad de adaptación a distintos contextos y repiten un estilo de pensamiento. Por ejemplo, la depresión se caracteriza por la visión negativa que se plasma en la información que se procesa. Entonces, las personas que la padecen presentan el sesgo negativo de pensar que van a fracasar en todo lo que hagan.

Existe una amplia variedad de sesgos cognitivos. El pensamiento dicotómico, que plantea siempre oposiciones “blanco o negro”, es un sesgo frecuente. Se expresa en una concepción extremista de los eventos que, por ejemplo, asume que nunca les va a ir bien. Otro “error” consiste en amplificar los aspectos negativos de una situación a la vez que se minimizan los positivos. Por caso, si se consiguió un ascenso laboral, se asume que se trata de suerte y no de un logro personal. Algunos investigadores proponen que los sesgos atañen a la memoria: las personas con depresión recuerdan predominantemente la información negativa.

Estas formas de construir la realidad guían las emociones y las acciones. Por lo tanto, en muchas ocasiones se convierten en “profecías autocumplidas”. Hay estudios que señalan que las personas tienden a tomar distancia de los hechos que van en contra de sus creencias. Y en el caso de que ese sistema de ideas se vea amenazado, la respuesta que se presenta suele negar la trascendencia de esos datos que la contradicen.

Modificar las ideas que guían nuestro comportamiento es dificultoso, incluso cuando se trata de hábitos perjudiciales para la salud, porque implica abandonar la zona de confort conocida por algo nuevo que puede, al principio, generar cierto malestar. Flexibilizar y poner en tela de juicio nuestros pensamientos, especialmente aquellas cogniciones que interfieren negativamente con nuestra vida, es una estrategia de gran ayuda. Como Jack, que por fin logra mirar al cielo, ver a Santa Claus que le desea un “Feliz Halloween” y responderle como quien se esfuerza por comprender lo otro: “Feliz Navidad”.