Los factores racionales y emocionales en el voto del ballottage

La Nación
Javier Fuego Simondet

Politólogos y expertos en neurología, sociología y psicología analizan las motivaciones del votante.

En el cuarto oscuro, el 22 de noviembre, los votantes se enfrentarán a un juego a cara o ceca. Daniel Scioli o Mauricio Macri. La decisión no tiene antecedentes para los argentinos, será la primera vez que el presidente del país surja de un ballottage. Consultados por LA NACION, expertos en neurociencias, ciencia política, sociología y psicología analizaron este particular escenario, plagado de dimensiones y procesos que entran en juego en el momento de definir el voto.“En las elecciones políticas, como en muchas otras decisiones humanas, existe un interjuego entre cuestiones automáticas, como la apreciación de los rasgos del candidato, que dependen de áreas del cerebro como la amígdala, y otros procesos deliberativos y más elaborados que dependen de estructuras frontales”, señaló Facundo Manes, neurólogo, rector de la Universidad Favaloro y presidente de la Fundación Ineco.
Manes indicó que para analizar decisiones como la del ballottage hay que reparar en “esquemas mentales”, que son “estructuras de pensamiento que nos permiten interpretar y categorizar la información proveniente de nuestro alrededor”.
El neurocientífico profundizó: “A través de los esquemas mentales formamos nuestras creencias. Así, se tienden a producir ciertas respuestas automáticas. Se trata de los sesgos cognitivos, que expresan poca flexibilidad de adaptación a distintos contextos y repiten un estilo de pensamiento. Uno de estos sesgos cognitivos es el «efecto halo», por el cual, si tenemos una preferencia por un candidato, tendemos a evaluar sus rasgos neutrales como positivos, sin que vengan a la mente aspectos negativos. Al mismo tiempo, evaluamos como negativos rasgos neutrales o positivos de quien no tenemos preferencia”.
En su análisis, Manes subrayó que “hay evidencia de que las emociones guían nuestras decisiones en muchas circunstancias”.
Para Luis Tonelli, director de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el ballottage habilita un tipo de voto especial. “Cuando hay sólo dos opciones, se da el imperio del voto estratégico. No voto a quien me gusta, sino a quien le puede ganar a quien menos me gusta”.
El politólogo caracterizó como “racional e individualista” el voto de la segunda vuelta. “Salvo en la izquierda, no existen organizaciones que puedan ordenar votar a sus simpatizantes de modo efectivo”, dijo.
Alexandre Roig, sociólogo y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), señaló: “La sociología electoral destaca que no es lo mismo elegir entre seis candidatos que entre dos. Esto implica racionalidades distintas y estrategias distintas”.
Roig enfatizó en dos dimensiones para analizar la decisión del voto: la dimensión racional-calculadora- y la de la justificación. Para referirse a la primera, explicó: “En el cuarto oscuro están representadas un conjunto de ideas, personas, relaciones e historias que no pueden sintetizarse en un cálculo costo-beneficio. Al decidir, se pone en juego un proceso social. Es importante la manera en que los votantes experimentan, en situación, el hecho de votar a tal o cual candidato”.
La dimensión de la justificación analiza “cómo los votantes justifican su voto”, explicó Roig. “Son justificaciones construidas socialmente. Una campaña electoral consiste en construir un orden de justificación del voto. Para cambiar el voto, que es lo que está en juego en un ballottage, es necesario pensar una campaña que ofrezca órdenes de justificación para cambiar el voto”, añadió.
“Por la naturaleza del ballottage, la gente esboza argumentaciones de por qué no votar al otro. Tiene más peso el elemento de quién no quiero que gane”, evaluó el psicólogo Eduardo Keegan, profesor de psicoterapia en la UBA.
“Se puede decidir por el sistema de recompensa; es decir, si el candidato activa lo que quiero conquistar. En la campaña de Scioli hay un intento de infundir temor, con otro mecanismo que se sintetiza en la frase «mejor estar seguro que lamentarlo»”, destacó.
Orlando D’Adamo, psicólogo, especialista en comunicación política y director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, subrayó que el vencedor será el que conquiste a los indecisos, “que no van a aceptar posturas extremas”.
Sobre el ballottage, diagnosticó: “El votante se ve obligado a elegir lo que no es su primera elección. En el uno contra uno, la gran mayoría elegirá el mal menor”.