La coctelera del voto

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Por Gabriel Giubellino

Facundo Manes cuenta el caso paradigmático de Phineas Gage. “Un obrero norteamericano que era tímido, riguroso, pero debido a una lesión comenzó a tener desinhibiciones, empezó a tomar decisiones desventajosas, perdió su trabajo y tuvo serias complicaciones económicas.
Facundo Manes cuenta el caso paradigmático de Phineas Gage. “Un obrero norteamericano que era tímido, riguroso, pero debido a una lesión comenzó a tener desinhibiciones, empezó a tomar decisiones desventajosas, perdió su trabajo y tuvo serias complicaciones económicas. Tenía ‘miopía de futuro’, una enfermedad muy extendida en el campo de la neurología que se da en pacientes con daño en el lóbulo frontal”. Gage había sufrido una lesión en la corteza frontal, que juega un papel clave, explica Manes, para la integración de la información del contexto. “Recibe la información de los cambios que se producen en el organismo y participa en la regulación de los estados de ánimo. Se trata de la parte del cerebro que tiene que ver mayormente con nuestra identidad.
Estos son días que ponen a prueba la flexibilidad mental. En ese inconmensurable bar virtual que son las redes sociales, en estas horas aparecen las opiniones más erizadas. El desprecio por la preferencia de otro, la bronca, el no entender cómo puede tal votar a… ¿Qué tiene en la cabeza que vota a…?
Mañana, a la hora de la verdad, todo el mundo va a demostrar con su voto en la urna su convicción, simpatía o antipatía a algún candidato. Los científicos que estudian los secretos de la mente dan, en las páginas 33 y 34, alguna de las claves que permiten entender o, al menos, reflexionar sobre lo que pasa en la cabeza de los votantes en estos días de decisiones. Y, en consecuencia, qué pasa en los que diseñan las campañas. Un especialista en neuromarketing postula, por ejemplo, la prevalencia del factor emocional sobre el racional. Por eso, dice, en los discursos tratan de conmover, tocar las emociones.
Se podría pensar que por el mismo motivo dar a conocer las plataformas políticas son parte del pasado. Algunos llegarán al cuarto oscuro sin la decisión tomada… concientemente. En algún lugar de la mente, las microdecisiones acerca de los pequeños me gusta y no me gusta del elector ante cada candidato habrán moldeado una decisión mayor, de rechazo o aceptación. En estos me gusta cumple su papel la ideología, el sentimiento de pertenencia a algún movimiento o partido político.
De esa coctelera sale el voto. Como sea, en esa época de ampliación de derechos y corrección política, no está de más recordar que ningún voto vale más que otro, que nadie es más que nadie, y que discriminar por razones políticas no es una opción.