Se me olvidó que te olvidé

Revista Viva
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“Anosognosia” titularon tiempo atrás muchos de los diarios del mundo. Esa palabra tan poco común daba cuenta de lo que un grupo de neurólogos había diagnosticado así en el expresidente francés, Jacques Chirac, quien enfrentaba por entonces cargos de corrupción por los que luego sería hallado culpable. El juicio se llevó a cabo en su ausencia debido justamente a esta condición neurológica. Este término desconocido para la mayoría de las personas despertó entonces una gran curiosidad. “Olvida que se olvida”, publicaban en la prensa. Se supo así que se trataba de una de las secuelas que le produjo el accidente cerebrovascular que había sufrido unos años antes.

La anosognosia es un síntoma que se presenta en diversas enfermedades neurológicas y consiste en la falta de reconocimiento de un déficit, como, por ejemplo, la parálisis de un miembro o la dificultad en funciones cognitivas. El primer cuadro que se describió en medicina fue realizado por el neurólogo Joseph Babinski. En 1914 acuñó el término cuando estudiaba el desconocimiento que tenía un paciente con hemiplejia de la parálisis de sus miembros. Algunos pacientes pueden no tener conciencia de que no logran, por ejemplo, mover un brazo e, incluso, tal vez no reconozcan ese brazo como propio.

Esta condición neurológica puede darse en varias formas. Por ejemplo, en déficits de visión. El síndrome de Antón es una de estas. Se caracteriza por la negación de una ceguera que es causada por lesiones occipitales bilaterales extensas en la corteza cerebral. Otra anosognosia que comprende la visión sucede en pacientes que tienen afectada la mitad del campo visual (afección conocida como hemiapnosia).

Como vimos en el caso de Chirac, la anosognosia puede involucrar también el desconocimiento de problemas en las funciones cognitivas. Los pacientes que tienen afasia -dificultad en la producción o comprensión del lenguaje producto de una lesión cerebral- pueden no ser conscientes de sus fallas para expresarse o comprender. También se presenta en enfermos que poseen un déficit de memoria y no lo perciben. En casos más leves, quienes padecen este síntoma reconocen la alteración de las funciones pero le restan importancia.

Resulta necesario aclarar que no se trata de un mecanismo psicológico de negación. Tiene una base anatómica, que si bien suele identificarse con lesiones en los lóbulos parietales, también puede coincidir con daño en otras áreas del cerebro.En el campo de las neurociencias conductuales se considera de manera amplia como un “déficit de conciencia de la enfermedad”. Así, se reconoce dentro de este cuadro la alteración en la percepción de los daños que son producto de enfermedades neurodegenerativas, como las demencias, o de un daño cerebral adquirido, como en las infecciones cerebrales, los traumas craneoncefálicos o los accidentes cerebrovasculares.

La gravedad de la anosognosia radica en que la rehabilitación depende en mayor medida del reconocimiento del paciente de su déficit. Por lo tanto, la implementación de terapias se ve retrasada mientras persista esta condición y, consecuentemente, la mejora de la calidad de vida del paciente y de su familia. Una metáfora de esto parece el lamento del poeta en la canción famosa Se me olvidó que te olvidé, cuando dice que, justamente por eso, le volvió a sangrar la herida, a él que nada se le olvida.