Una nueva ciencia para la educación

Revista Colegios

Facundo Manes está convencido de que la riqueza de un país se mide por el valor del capital humano, la educación, la ciencia y la tecnología, y que allí está la base del desarrollo social. Para él, la “revolución educativa” que necesitamos debe centrarse en la relación indispensable que se establece entre el docente y el alumno, relación que debe tener como valores fundamentales a la creatividad, el mérito y el esfuerzo. Todo lo que sabemos sobre los procesos cognitivos que intervienen en el aprendizaje puede ponerse al servicio de una nueva escuela, una en la que la motivación, la innovación y el pensamiento crítico sean su piedra fundacional.
Revista COLEGIO mantuvo una charla con el reconocido neurólogo y neurocientífico argentino, quien considera que un diálogo entre las neurociencias y la comunidad educativa puede ser fecundo para el desarrollo de mejores políticas públicas en educación.

Malala Yousafzai gives her first speech since the Taliban in Pakistan tried to kill her for advocating education for girls, at the United Nations Headquarters in New York, July 12, 2013. Wearing a pink head scarf, Yousafzai told U.N. Secretary-General Ban Ki-moon (top L) and nearly 1,000 students from around the world attending a Youth Assembly at U.N. headquarters in New York that education was the only way to improve lives. REUTERS/Brendan McDermid (UNITED STATES - Tags: POLITICS CRIME LAW EDUCATION TPX IMAGES OF THE DAY)¿Cómo ve la educación en Argentina?

Nuestro país sufre una crisis educativa que se evidencia cuando el trabajo docente no es valorado ni social ni económicamente, porque hoy los docentes deben ir de una escuela a la otra sin poder dedicarse todo lo que deberían y querrían a cada uno de sus alumnos. También se observa en el aumento de la deserción escolar, especialmente en el nivel secundario. Hay muchos adolescentes que abandonan la escuela secundaria. Los magros resultados en las evaluaciones internacionales, como las pruebas PISA, son otra muestra de esto.

¿La escuela argentina necesita reinventarse?

Debemos propiciar una revolución educativa que promueva los valores de la creatividad, del mérito y del esfuerzo. Podemos poner ministros muy talentosos, pero lo importante es el proceso de aprendizaje que se da entre el docente y el alumno. Tenemos que enfocarnos ahí. El docente tiene que estar bien pago, pero también preparado, someterse a preparación. La relación entre el docente y el alumno es esencial para el aprendizaje: si el docente no inspira a los chicos, no le van a prestar atención. Y esto no depende únicamente de un gobierno o de un ministerio, sino de la convicción de toda la sociedad de que el capital intelectual es el bien más importante con el que cuenta un país. Es la sociedad la que debe demandar educación, conocimiento. Y nuestro futuro depende de ello. Debo agregar una cuestión fundamental: todos los niños tienen que estar bien alimentados ya que la carencia nutricional produce un impacto tremendamente negativo en el desarrollo neuronal.

¿Cómo pueden ayudar las neurociencias a lograr esta “revolución”?

Es mucho lo que las neurociencias pueden aportar a la educación. Las investigaciones neurocientíficas dan luz al entendimiento de procesos cognitivos claves en la educación como el aprendizaje, los distintos tipos de memoria, las inteligencias, el lenguaje, la alfabetización, la lectoescritura, la toma de decisiones, la comprensión de textos, los cálculos, la manipulación de símbolos numéricos, las emociones, entre otros. A su vez, analizan los procesos biológicos y ambientales que influyen en el aprendizaje. Es por todo esto que contribuyen al desarrollo de políticas educativas que tengan en cuenta, entre muchas otras cosas, cuáles son las mejores edades para iniciar la educación formal o para alcanzar el alfabetismo, o cómo es el desarrollo del cerebro adolescente. Ahora bien, el aporte de las neurociencias a la educación no debe ser unidireccional; su rol no es el de señalar qué es lo que se debe hacer. No debemos olvidar que son los maestros los que conocen la realidad cotidiana del aula y de sus alumnos. Se trata así de la suma de esfuerzos entre científicos y educadores los que a través del diálogo deben avanzar en las cuestiones educativas. Por supuesto, debe participar la comunidad educativa entera, los docentes y, además, los psicopedagogos, los directivos y los padres.

Usted destaca el trabajo docente. ¿Qué valor tiene la presencia del docente para el proceso de aprendizaje?

Hay un experimento neurocientífico que demuestra con claridad la importancia del rol del docente en el aprendizaje. Seleccionaron en Estados Unidos tres grupos de niños que se habían criado escuchando exclusivamente inglés y fueron entrenados de la siguiente manera: un grupo interactuaba con un hablante del idioma chino en vivo; un segundo grupo veía la misma clase a través de un televisor; y el tercer grupo la escuchaba a través de auriculares. El tiempo de exposición y el contenido fueron idénticos en los tres grupos. Después del entrenamiento, el grupo de niños expuesto a la persona china en vivo distinguió entre dos sonidos con un rendimiento similar al de un bebé nativo chino. Los niños que habían estado expuestos al idioma chino a través del video o de sonidos grabados no aprendieron a distinguir sonidos, y su rendimiento fue similar al de bebés que no habían recibido entrenamiento. Esto prueba que el contacto social y personal genera una motivación que influye en la atención y en el aprendizaje.

¿Qué cambios produce la escolarización en el cerebro de un niño?

La educación influye en el cerebro de las personas a toda edad, no solo en la infancia. Los procesos de aprendizaje moldean las conexiones entre neuronas en nuestro cerebro. Además, hay factores del ámbito educativo como el aula, el contacto con pares y con docentes que fomentan las interacciones sociales e impactan positivamente en nuestro cerebro porque además de lo trascendente que son las interacciones sociales, como mostró el experimento sobre el rol de los docentes, generan motivación, y por eso, posibilitan un aprendizaje más efectivo. El desarrollo humano es el resultado de la interacción entre genética y ambiente, entendiendo el ambiente en el más amplio sentido, desde los agentes químicos a los que nos exponemos en el útero hasta las complejas relaciones sociales y contextos culturales en los que nos embebemos a lo largo de nuestras vidas. Los primeros años de vida son cruciales en el desarrollo porque el sistema nervioso sufre cambios dramáticos que permitirán ir alcanzado diversas pautas madurativas que habilitarán al individuo a conocer el mundo que lo rodea y tanto aprender de él como intervenir y modificarlo. Debemos aclarar que es posible aprender a cualquier edad, aunque a medida que pasan los años la dificultad es mayor.

¿Cuánto puede ayudar la educación a desarrollarnos, más allá del potencial que podamos tener para una u otra habilidad?

Más allá de las determinaciones biológicas, de los distintos “potenciales”, nuestro cerebro es básicamente un órgano adaptativo que se encuentra en constante transformación: la experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes. Esto es lo que se denomina “neuroplasticidad”, es decir, la capacidad del sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios, permitiendo que las neuronas se reorganicen al formar nuevas conexiones y ajusten sus actividades en respuesta a cambios en el entorno. Por lo tanto, la educación, los entrenamientos, tienen un impacto en nosotros, pueden ayudarnos a desarrollar las capacidades más allá de las predisposiciones. Un ejemplo que explicamos en nuestro libro Usar el cerebro es útil para aclarar este tema. Un violinista mueve los dedos de la mano izquierda de manera intensa y precisa para ejecutar eficazmente su instrumento. El área del cerebro encargada del control motor elabora, para esto, mayor cantidad de conexiones neuronales. Esas conexiones permiten que el violinista mejore la destreza con el violín, y esos estímulos, a su vez, generan nuevas conexiones. Esto muestra que estamos frente a un sistema que se retroalimenta y produce un círculo virtuoso. Es decir, las habilidades se desarrollan.