Fascinante cerebro

El Universitario
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La presencia de Facundo Manes en la UNNOBA desbordó no sólo el salón más amplio que tiene la Universidad en Junín, sino también las pasiones de la audiencia.

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Dos horas antes del horario de la charla, el público comenzaba a agruparse para reservar su lugar. Al momento de la conferencia, el Salón de la Democracia Argentina estaba colmado en su capacidad. Literalmente “explotaba”: además de quienes estaban ubicados en las sillas, había personas sentadas en el piso, frente a los parlantes y pantallas situados en el parque en esa fresca noche de final de julio, y hasta parados en el perímetro del auditorio, intentando divisar el rostro del hombre y generando, a la vez, un cordón humano que impedía el ingreso a los que llegaban puntuales. Pero, ¿qué es lo que suscita el fenómeno “Manes”? ¿Es su capacidad didáctica para explicar el órgano humano más complejo, misterioso y fascinante? ¿Tiene que ver con un interés renovado por la ciencia? ¿Es su mensaje social que exhorta a luchar por una Argentina más igualitaria y desarrollada a partir del conocimiento? Seguramente todo eso está presente y mucho más.
Luego de un día agotador que comenzó en Buenos Aires, Manes llega a las 19 a Junín para brindar la conferencia. Al terminar, baja del estrado que establecía una barrera con el público, lo que produce un nuevo acontecimiento: la gente lo abraza, lo aprieta, lo besa, se saca fotos y “selfies” y hasta le muestra placas cerebrales. El neurocientífico acepta y se abre a recibir este afecto, quizás porque entiende que esas personas se han visto interpeladas por él en algún sentimiento, deseo, sueño o sufrimiento profundo, íntimo. Lo acepta, más allá de las incomodidades que esto personalmente le implica: pisotones, pellizcos, apretones, pérdida de la estabilidad.
Claramente cansado, a las 21 accede a ser entrevistado por El Universitario. Se traslucía su agotamiento pero así y todo se presenta ante la periodista con la misma calidez con que había recibido su título académico por parte de las máximas autoridades de la UNNOBA, con la que había saludado los empleados no docentes, o con la que se había dirigido al público. Quizás esa sea otra de las claves: el doctor Manes se dirige siempre como ser humano a otro ser humano, y no se cree más ni menos. No “se la cree”, como se suele decir, aunque se sabe Facundo Manes, con su historia, sus conocimientos y sus convicciones.
A pesar de que lo aguardaban afuera del predio “Mr. York” para homenajearlo con una cena y que, por lo tanto, su instinto y biología lo ponían a prueba en un horario crítico, Manes deja fluir ante la entrevistadora todo su saber, sin premura, con sencillez y humildad, sosteniendo la mirada y sonriendo de tanto en tanto con esa frescura de quien vive la vida con entusiasmo. ¿Será ese otro de los secretos del hechizo que genera? Es problable. Pero quizás, él mismo haya dado parte de la respuesta cuando sugirió que las personas no se veían interpeladas particularmente por un “rostro bonito” al buscar un líder, sino por alguien que sienten que sea capaz de guiarlas.

– ¿Qué sería “ser inteligente”? ¿Son apropiados los test que miden el coeficiente intelectual?
– No hay una definición integral de inteligencia. La neurociencia puede medir solo un aspecto, que es el coeficiente intelectual, pero para nada puede medir la inteligencia emocional o la empatía, que también son grados de inteligencia. Quizás grandes líderes no podrían resolver un problema matemático complejo pero inspiraron una sociedad, la entendieron. Con los avances de la neurociencia uno estaría de acuerdo en no encasillar la inteligencia al coeficiente intelectual. Eso es un gran error. Cada una de las personas tiene uno o varios talentos. Pienso que ser inteligente es descubrir y estimular los talentos que uno tiene.
– ¿Cuál es el aporte que podría hacer la neurociencia a la educación?
– Sin dudas va a impactar, pero estamos en el comienzo del marco teórico. Creo que los neurocientíficos tenemos que trabajar con los docentes. Para mí no vamos a resolver las cuestiones desde el laboratorio hacia el aula, vamos a tener que trabajar en proyectos específicos con los docentes para ver cómo los avances en el conocimiento del cerebro impactan en el aula realmente.
– En nuestro país mucha gente recurre al psicoanálisis como una manera de resolver sus conflictos y problemas. ¿Cuáles son los aportes que podría hacer la neurociencia a esta disciplina tan extendida?
– Es una buena pregunta y la Argentina es un buen lugar para preguntárselo. Porque nuestro país es el país con mayor cantidad de psicoanalistas del mundo. Creo que este es un buen lugar para estudiar la interacción entre el psicoanálisis y la neurociencia. En otros países la neuoriciencia fue la evolución natural del psicoanálisis: Freud apareció, fue un genio, dijo cosas brillantes relacionadas con el sueño, el inconciente, que luego se siguieron investigando. Es más, el mismo Freud, que era neurólogo, dijo que el futuro era la psicología científica. Entonces, en muchas partes la neurociencia fue la evolución del psicoanálisis, pero este fenómeno no se da en Argentina y todavía queda la influencia del psicoanálisis en la mayoría de las universidades argentinas. Yo creo que el psicoanálisis tiene unas excelentes preguntas sobre la mente. Me parece que en Argentina tenemos la posibilidad de responder esas preguntas desde la ciencia, cosa que no pasa en el resto del mundo donde esta disciplina tiene menos impacto que acá.
– ¿Qué es lo que caracteriza a los seres humanos?
– Huir del peligro y buscar el placer, que no es lo mismo que la felicidad. La mayor parte del tiempo nuestra especie estuvo dedicada a sobrevivir. Recién ahora nos preguntamos sobre la felicidad, es un concepto relativamente nuevo.
– ¿La neurociencia ha intentado medir la felicidad con experimentos?
– Sí, se ha intentado y es difícil. Me parece que hay más datos conductuales que mediciones precisas a nivel cerebral. Yo asocio la felicidad al bienestar y sostengo que el futuro de los seres humanos va a estar influenciado por el manejo de la emoción y del tiempo personal.
– ¿Por qué habría que manejar la emoción?
– Las emociones disparan conductas y, muchas veces, la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Si yo pienso que esta entrevista te está defraudando me voy a sentir mal, si pienso que te está gustando me voy a sentir bien. Pero yo no sé en realidad qué pensás vos. Lo que imagina mi cerebro es cómo siente. Parte de los desafíos a futuro es mejorar la manera en que pensamos para mejorar la manera en que sentimos y vivir mejor.
– O sea que la racionalidad en los humanos actúa en conjunto con las emociones…
– Sí, ese fue uno de los avances de la neurociencia: poner las emociones al mismo nivel que la racionalidad. Por mucho tiempo se pensaba que uno debería dejar las emociones de lado. Hoy sabemos que es un error: las emociones y la razón trabajan en equipo.

Impacto social de los estudios del cerebro

manes-habla-300x199Los avances en neurociencia han sido fabulosos en los últimos tiempos: “Hemos aprendido más del cerebro en los últimos setenta años que en toda la historia de la humanidad”. En verdad, esto es parte de una decisión política: “Las principales potencias han puesto la prioridad en el estudio del cerebro”.
Respecto de las consecuencias de este crecimiento exponencial, Manes insiste sobre dos cuestiones: trabajar en conjunto y de manera horizontal con las otras ramas de la ciencia y permitir que la sociedad se involucre en los hallazgos científicos. “Tenemos que trabajar codo a codo y sin jerarquías entre las difererentes disciplinas científicas, sería un error de la neurociencia pecar de soberbia y querer explicar todo”, dice. Y añade: “Además, los avances de la neurociencia no deben quedar reducidos al laboratorio, la sociedad tiene que empezar a debatir los dilemas éticos nuevos que plantean sus descubrimientos”.
Para Manes, el crecimiento de los estudios sobre el cerebro va a impactar en diversos campos del conocimiento. Por ejemplo en la educación: “Hoy sabemos que el cerebro humano aprende cuando algo lo motiva, lo inspira o le parece un ejemplo. La tecnología no va a reemplazar al docente nunca, porque el factor humano es clave. El contacto personal produce un disparo emocional que repercute en el aprendizaje”.
También puede influenciar a la política: “Hoy sabemos que un pequeño sector de la sociedad vota ideológicamente y evaluando propuestas. Pero estudios del cerebro han probado que la mayoría vota por otras cosas, como la cara. Y las caras de bebés son las que tienen menos predilección. Los rostros que se eligen son los de estar a cargo, la gente quiere en el fondo que la lideren”.
Algunas investigaciones le plantean también nuevas perspectivas y preguntas a la Economía: “Los seres humanos preferirmos no obtener recompensas materiales, antes de aceptar algo injusto por parte de otro ser humano. Cuando estamos en presencia de otro se produce algún tipo de emoción que modula las decisiones. Es decir, es un error pensar la historia de la humanidad en forma racional”.
En cuanto a las relaciones entre razonamiento e intuición: “A veces tomamos decisiones racionales, pero esto nos requiere un esfuerzo cognitivo. Pero no siempre podemos hacerlo deliberadamente, de manera racional. Ahí es donde actúan los atajos mentales que están basados en la intuición, un depósito de memorias y emociones que facilitan una respuesta automática. Nos gusta pensarnos como racionales pero la mayoría de las veces tomamos decisiones automáticas, guiadas por la intuición”.
Sobre ese punto, Manes también remarca la influencia que tiene el entorno en la visión de la vida y en las acciones propias: “Tomamos decisiones influenciados por la gente que nos rodea. Nuestra pareja, amigos, compañeros de trabajo influencian en la manera en que pensamos y decidimos. Además tenemos esquemas mentales por la sociedad en que vivimos”.

El momento EUREKA

publico-manes-300x199La creatividad parece estar más relacionada con la obsesión que con la inteligencia. “Por un lado la educación y la preparación sobre algo son fundamentales como punto de partida. Pero luego es necesario estar obsesionado por una pregunta o problema. La obsesión es más importante en la creatividad que el coeficiente intelectual”, sostiene Manes.
Finalmente es preciso estar relajados: “Cuando dormimos, cuando caminamos, cuando estamos en la playa, cuando nos duchamos, el cerebro sigue trabajando a través de una red en reposo. Ahí suele surgir el momento eureka”.
Manes alienta a desterrar el temor a equivocarse, en una sociedad en el que el error “ha sido estigmatizado”. “Hay que equivocarse, cuál es el problema. Galileo se equivocó con la velocidad de la luz y Steve Jobs se equivocó mil veces antes de crear el iPad. Nadie puede crear sin haberse equivocado antes”.

Yo soy

En la conferencia Manes se refirió a un tipo de memoria (episódica) que define la identidad personal: “Somos nuestras memorias, si no, cómo explicamos lo que somos. Lo interesante es que nuestra memoria no refleja con exactitud el hecho vivido, porque cada vez que evocamos algo le vamos agregando material y lo reconstruimos. Por eso la memoria es un acto creativo”.
Pero, ¿qué sucede en el cerebro? ¿Dónde guardamos esos hechos recordados y cómo los vamos reconstruyendo? “Las proteínas son como ladrillos que permiten formar los órganos de las células y reforzar las conexiones neuronales que constituyen nuestra memoria. Es decir, la memoria se forma por axones [prolongación de las neuronas que conducen el impulso nervioso hacia otra célula] reforzados por la síntesis proteica, es poco romántico pero es así. Esto implica que la memoria es un hecho muy concreto, no el superyo o el alma”, planteó Manes en la disertación.
Por eso, está comprobado que si se bloquea la síntesis proteica en el momento de la formación de la memoria, ella no logra consolidarse, de acuerdo a experimentos hechos en ratones que Manes trae a colación en la disertación. “Cuando evocamos algo esa memoria es susceptible de modificaciones porque evocar es un acto de reconstrucción”, agrega el científico, lo que sugiere que podrían modificarse memorias ya consolidadas.

Qué es ser humano

Para Manes el cerebro humano es el resultado de “millones de años de evolución, en los que hubo saltos evolutivos como la posibilidad de caminar, gestualizar y hablar”. Pero la característica distintiva de la humanidad es la complejidad social: “Si alguien me pide que resuma el cerebro en dos palabras yo le diría: es un órgano social. No se puede estudiar un cerebro aislado, hay que estudiarlo en conexión”.
Pero hay otra característica que distingue al ser humano del resto de las especies: la capacidad de engañar. “Hay una gran correlación entre la capacidad de engañar y el grosor de la corteza cerebral. Esa capacidad de mentir es también una habilidad humana, nos guste o no”.