El síndrome de las piernas inquietas

Revista Viva
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Lo que les ocurres a personas famosas o a personajes de la literatura, el cine o la televisión permite, por su impacto social, echar luz sobre cosas a veces ocultas, otras no sabidas salvo por aquellos a quienes le sucede, otras veces mal vistas o incomprendidas. Las películas destinadas a adolescentes suelen causar furor tanto por sus historias como por los intérpretes. Así sucedió con Crepúsculo, basada en las novelas de Stephanie Meyer, que lanzó a la fama a muchos jóvenes actores. Uno de ellos fue Taylor Daniel Lautner, quien representó a Jacob Black, el hombre-lobo enamorado de la bella protagonista. En varios reportajes,  el actor confesó que siempre movía las piernas en forma compulsiva. Así fue que se difundió que padecía el llamado “síndrome de las piernas inquietas”, una patología poco conocida. Él, al tiempo, se encargó de desmentirlo al justificar que, en realidad, tiene muchos amigos que también rebotan las rodillas.

El síndrome de piernas inquietas se trata de una condición neurológica que se caracteriza por generar un disconfort o dolor en los miembros inferiores y la necesidad de moverlos. Los pacientes describen sentir que suben insectos por sus piernas, que corre agua por la piel, pinchazos y quemazón. Hacer un viaje largo o estar en el cine sin levantarse les resulta imposible porque encuentran alivio al moverse o frotarse las extremidades. En cambio, empeoran con la inactividad. Es común que estas personas realicen movimientos periódicos involuntarios y bruscos de las piernas durante el sueño, incluso sin darse cuenta. Así, se producen alteraciones en el sueño, hipersomnolencia diurna y fatiga. También puede afectarse la calidad de vida, las relaciones interpersonales y las laborales.

La edad promedio de desarrollo de esta enfermedad es a los 35 años. La cafeína, la falta de ejercicio físico y de sueño y las temperaturas muy cálidas o frías agravan la condición. De la misma manera actúan algunas drogas antidepresivas y medicamentos para prevenir las náuseas. Si bien las causas son aún desconocidas, se cree que se debe a factores como alteraciones en el metabolismo del hierro, problemas renales, diabetes, neuropatías, trastornos de déficit de atención, hiperactividad y enfermedad de Parkinson. Algunos estudios proponen que la causa fundamental es una alteración en la dopamina, sustancia neurotransmisora que se encarga de regular los movimientos y depende del hierro para su funcionamiento correcto. Una prueba a favor de este argumento radica en que los pacientes responden a tratamientos con drogas dopaminérgicas. La existencia de antecedentes familiares devela la presencia de un factor genético.

El diagnóstico de esta patología se realiza en forma clínica a través de una evaluación neurológica exhaustiva, los antecedentes clínicos y del relato de los síntomas. Análisis de sangre para revisar los niveles de hierro y posibles alteraciones renales o diabetes resultan útiles. Y se pueden solicitar estudios complementarios. Hay que evitar los medicamentos que empeoran los síntomas.

Más allá del joven actor de Crepúsculo, es fundamental la difusión y el reconocimiento de las enfermedades para que, en caso de ser posible, prevenirlas o, a partir de un diagnóstico preciso, tratarlas. Pero lo más importante es que aquellos que la sufren se sientan acompañados. Saber es un paso imprescindible para comprender que, en todo caso, las enfermedades son las “raras”, no ellos.