“La memoria de testigos en un juicio no es tan precisa como pensábamos”

Comercio y justicia
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Por Carolina Klepp

Cada vez que evocamos un recuerdo, éste se hace inestable y se va modificando, sostiene uno de los máximos referentes en el estudio del cerebro en el país. “Las neurociencias ponen en cuestión ciertos patrones rígidos sobre la verdad y la falsedad de lo que se recuerda”, conceptúa.Facundo-Manes

Para el neurólogo y neurocientífico Facundo Manes, las neurociencias permiten interactuar con teorías y prácticas ligadas a otros campos de la ciencia y la sociedad, como el judicial y, más puntualmente, con el análisis de la memoria de los testigos en juicio.
“Cada vez que evocamos una memoria se hace inestable y se va modificando”, explica Manes, rector de la Universidad Favaloro, director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. “Las investigaciones en neurociencias pueden promover interesantes debates sobre posibles límites en la recolección y evocación de las memorias de los testigos e, incluso, poner en cuestión ciertos patrones rígidos sobre la verdad y la falsedad de lo que se recuerda”, advierte y, con el comentario, abre amplios interrogantes sobre los testigos en juicio.
Sobre el maravilloso e intrigante mundo del cerebro y los posibles alcances e implicancias éticas de los avances científicos en la materia diálogó quien -en 2013- ganó mayor conocimiento público por haber coordinado la operación de la presidenta Cristina Fernández cuando se le diagnosticó una lesión cerebral. El viernes pasado estuvo en Córdoba, donde brindó la charla “Estrategias para el desarrollo”, organizado por Telefónica.

– Falta mucho por conocer acerca del cerebro y  la gente se pregunta si vamos a tener soluciones a problemas y enfermedades que hoy existen.  ¿Cuál es  su esperanza para una respuesta positiva  con el avance del conocimiento en neurociencias?
– Veo el avance en dos áreas: uno es en el mecanismo de la detección y tratamiento de las enfermedades y otra es cómo funciona nuestro cerebro, el cerebro sin enfermedades.
Con respecto a la segunda,  hemos avanzado bastante en procesos específicos. Sabemos bastante sobre cómo tomamos decisiones; cómo procesamos la memoria; cuántas memorias tenemos; los circuitos del lenguaje, pero todavía no existe una teoría general de cómo funciona el cerebro. Tampoco tenemos idea de cómo los circuitos neuronales dan lugar a las experiencias personales, íntimas, subjetivas de cada uno de nosotros.
Con respecto a las enfermedades, estamos avanzando en entender la fisiología de éstas, en detectarlas más tempranamente y en algunos tratamientos, pero queda trabajo por hacer. Lo que me parece importante es que en la psiquiatría hay mucha investigación puesta en marcha para tratar de entender los circuitos cerebrales involucrados en trastornos como la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar. Y esto hay que hacerlo porque las enfermedades del cerebro son la principal causa de discapacidad en el mundo, más que el cáncer y más que las afecciones cardíacas.

– En otras oportunidades ha  advertido sobre las consecuencias éticas que pueden desprenderse a medida que avanza el conocimiento del cerebro. ¿A qué se refiere?
– Una de mis misiones, más allá de ser investigador, dirigir universidades e institutos, de ser un médico, atender a pacientes y discutir casos, es contribuir para educar a la sociedad en el tema de neurociencias, sobre todo de cómo funciona la mente, no puede quedar restringido a la comunidad científica o a los laboratorios, tiene que ser debatido por la sociedad por las implicaciones éticas que tiene. Una de ellas es, por ejemplo, que la memoria humana no es tan infalible, no es algo fotográfico. Cada vez que evocamos una memoria ésta se hace inestable y quizá se pueda modificar; se puedan agregar datos. En el fondo, sabemos que la memoria humana es un proceso creativo, de hecho la memoria de los testigos en un juicio no es tan precisa como solíamos pensar.
Por otra parte, hay pacientes con estado vegetativo, sobre quienes muchas veces se discute si seguir o no alimentándolos. Hoy sabemos desde la neurociencia que algunos de éstos -no todos- tienen actividad cerebral. ¿Qué significa esto?¿Modifica la conducta de desconectarlo o no? También hay medicaciones que se usan para el déficit de atención o para el deterioro cognitivo y hay gente que quiere rendir un examen, que la está usando. ¿Eso es ético? Hay muchos aspectos de la neurociencia que van a impactar en nuestra vida porque todo lo hacemos con el cerebro.

– ¿Han estudiado qué ocurre con los testigos en un juicio, con lo que pueden relatar de un hecho, si esa memoria agrega o quita datos?
– En Estados Unidos hubo un trabajo que estudió alrededor de 300 casos de personas que fueron condenadas por homicidio y puestas presas. Luego,  con el tiempo, hubo evidencia genética en la escena del crimen, se analizó esta evidencia y se comprobó que una gran parte de los presos no había cometido el crimen y estaban basados en la memoria de los testigos. ¿Qué pasa? No es que el testigo tenía un encono personal con la persona o mentía; es que cada vez que evocamos una memoria se hace inestable y se va  modificando como un documento de texto: uno lo abre un día, lo modifica, lo guarda; otro día lo abre, lo modifica, lo guarda.
La memoria es un proceso creativo y esto tiene implicaciones en la ley, como en tantas otras áreas también. La neurociencia ya está trabajando con el sistema judicial en Estados Unidos. En Argentina, en el Instituto de Neurología Cognitiva tenemos un centro de neurociencias y derecho, donde abogados, expertos en leyes y neurocientícos trabajamos para aportar un ángulo diferente a esta interdisciplina.

Las emociones al mismo nivel que la racionalidad

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¿Qué es lo más lindo que ha podido descubrir la neurociencia respecto a la conexión entre emociones y cerebro? Ésta fue la pregunta que despertó un respuesta contundente.
Para Manes, “hay mucha evidencia científica -por la  neurociencia- de que las emociones guían nuestra conducta, nuestra toma de decisiones y facilitan la memoria; somos seres emocionales. Otro aspecto en que ha contribuido la neurociencia, y en forma muy importante, es poner las emociones al mismo nivel que el cerebro racional. Antes se pensaba que para pensar claramente uno tenía que despojarse de las emociones, hoy vemos cómo las emociones son claves para nuestra vida cotidiana e incluso racional”.
Durante la entrevista, uno de los principales referentes en el conocimiento del cerebro destacó el trabajo interdisciplinario del estudio de la materia que lo apasiona.
“La neurociencia es una área de la ciencia que estudia, con el método científico, el sistema  nervioso. Lo bueno de la neurociencia es que es multidisciplinaria, por ejemplo, en mi laboratorio en Buenos Aires hay físicos, matemáticos, químicos, neurólogos, psiquiatras, pero también músicos, economistas, filósofos… No hay una disciplina que capitalice las neurociencias. También se estudia a diferentes niveles: a nivel molecular, genético, hasta el nivel del impacto del cerebro en el nicho  social, en el ambiente”.

Mitos y sorpresas
Con el relax aparecen conexiones que facilitan El “¡momento Eureka!”

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El neurocientífico se encargó de derribar algunos mitos, como aquel que dice que supuestamente usamos 10% del cerebro. “Esa teoría, que no se quién difundió, es totalmente falsa. Usamos muchas áreas del cerebro. Cuando tenemos una actividad cognitiva o emocional se activan zonas que trabajan en paralelo y procesan información; es más, cuando no hacemos nada, cuando estamos tirados en el sofá, cuando estamos entredormidos, cuando estamos en la playa tomando sol, el cerebro trabaja muchísimo, aun cuando está apagado, cuando está en off”.
En esa condición “off”, señaló que el cerebro trabaja diferente y procesa la información que adquirió cuando estamos atentos o conectados. Y completó: “En términos de creatividad, por ejemplo, uno tiene que estar preparado. Uno no puede crear un gran poema en francés si no sabe francés. Primero hay que saber el idioma, primero está la preparación. Luego, una incubación: cuando uno piensa un problema, cuando se relaja aparecen conexiones cerebrales nuevas de asociación que facilitan el ‘¡momento Eureka!’ o el momento de creatividad”.