Amélie y la fobia social

Revista Viva
Ver PDF

Quizás muchos lo recuerden: la pequeña Amélie Poulain siempre jugaba sola, incluso se dibujaba caras en la mano que hacían las veces de “títeres” o imaginaba seres extraños que reemplazaban la falta de amigos. Este personaje, que da nombre a la tierna película francesa Amélie, convive con un manifiesto temor a entablar relaciones con los demás. De joven, siempre introvertida y solitaria, se convierte en una minuciosa observadora de la gente común de su alrededor y se ocupa de mejorar sus vidas. Así, en forma secreta, como un juego, persigue sus intereses románticos.

La fobia social es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por generar un temor intenso ante la posibilidad de ser evaluado negativamente por los otros o de hacer el ridículo en público. Quienes la padecen poseen un fuerte deseo de agradar al tiempo que tienen la sensación de carecer de recursos para lograrlo y desarrollar nuevas relaciones. Por ello, como Amélie, se sienten ansiosos cuando interactúan con desconocidos. Cuando atraviesan las ocasiones que desencadenan la ansiedad, se sonrojan, sudan en exceso, tienen palpitaciones, tiemblan, se marean y sienten que “se les pone la mente en blanco”. Asimismo, intentan ocultar estos síntomas porque les resultan vergonzantes. Incluso es probable que intenten evitar el contacto con desconocidos para no tener que sufrir la ansiedad que les produciría tener que conversar con ellos. Suelen presentar ataques de pánico al enfrentar las experiencias temidas.

En los casos leves, la aparición de la ansiedad solo se limita a determinados eventos  como, por ejemplo, si se tiene que hablar en púbico ante un gran número de oyentes. Este trastorno es conocido como fobia social localizada o circunscripta, y también como ansiedad de desempeño. Otras veces la ansiedad se presenta ante un evento social selectivo. En cambio, en la fobia social generalizada, que representa el cuadro más severo, el temor intenso se extiende a la mayoría de las situaciones sociales, incluso con las personas conocidas. Como consecuencia, los que la padecen se aíslan socialmente y se posterga su vida profesional.

Asistir a reuniones sociales, rendir exámenes orales, dictar clases, dar exposiciones, ir a fiestas y, como ya mencionamos, hablar en público son las actividades más comúnmente temidas. Esta fobia se manifiesta generalmente en plena adolescencia, aunque también se pueden detectar rasgos de ansiedad social en el temperamento desde la infancia temprana.

Debido a la falta de conocimiento que tiene gran parte de la población sobre este trastorno, se trata de una condición que permanece subdiagnosticada y subtratada. La fobia social debería ser un tema prioritario para la salud pública. Sus consecuencias son muy dolorosas: puede resultar discapacitante al afectar todas las áreas de la vida de la persona que la padece. Además, tiene una alta prevalencia y su desarrollo suele ser crónico. En muchos casos puede desencadenar síntomas depresivos y suele estar  asociada con otros trastornos psiquiátricos. Si bien puede persistir a lo largo de la vida, también puede presentarse una remisión total o parcial al llegar a la adultez.

Hoy hay tratamientos farmacológicos y psicoterapeúticos eficaces para mejorar esta condición que genera mucho sufrimiento.

Los que hayan visto Amélie, muy probablemente también la recuerden porque es de esas películas que perviven, vuelven, se reencuentran. Y es por eso que quizás también recuerden ese valor de la protagonista haciéndole frente a su condición a través de la amistad con Nino, su vecino, y, fundamentalmente, del amor por el otro.