“Pensamos que somos más racionales de lo que en realidad somos”

BAE NEGOCIOS
Por Gabriela Vulcano

El neurocientífico explica que las decisiones que toman las personas están influenciadas por tres factores: lo emocional, la experiencia y la intuición.
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Su nombre retumbó en los sets de televisión, radios y redacciones de diarios tras haber atendido a la presidenta Cristina Fernández en 2013 por un hematoma craneal. Sin embargo, sus méritos profesionales y académicos van mucho más allá de aquél episodio que lo convirtió en uno de los neurólogos y neurocientíficos más mediáticos de la Argentina. El director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, Facundo Manes, asegura que el funcionamiento del cerebro está íntimamente vinculado a las experiencias y que “algunas memorias están ligadas a las emociones”. “Sólo recordamos aquello que nos emociona”, sostiene.

–¿Cómo definiría al cerebro?
–El cerebro humano es el órgano más complejo del universo y el único que se propone entenderse a sí mismo. Es el responsable de dictar toda nuestra actividad, desde respirar hasta reflexionar sobre los problemas filosóficos más profundos. El cerebro es, básicamente, un órgano social.

–Teniendo en cuenta que es un órgano social, ¿cuánto influyen las transformaciones socioculturales a lo largo de la historia en el funcionamiento del cerebro?
–La complejidad del cerebro se debe, en gran parte, a la complejidad social que hemos desarrollado. A lo largo de la historia, nos hemos organizado en inmensas ciudades, hemos establecido relaciones a escala local pero también global, interactuamos con semejantes en distintas esferas e instituciones. El ser humano contemporáneo ha vivido en la tierra probablemente desde hace unos 200.000 años. Los cambios son producto de miles de años de evolución. La vida sedentaria comenzó hace 10.000 años y a utilizar el lenguaje escrito hace aproximadamente 5.000 o 6.000 años. ¿Cómo es que del valor evolutivo que tuvo para nuestros ancestros contar con destrezas físicas para cazar llegamos a una actualidad en la que podemos leer las noticias por Internet mientras mandamos un mensaje de texto y escuchamos música? Nuestro cerebro, desde el punto de vista anatómico parece no haber cambiado demasiado y, sin embargo, somos capaces de resolver problemas actuales que no existían ni siquiera hace un siglo.

–¿Cuál es el mayor misterio que hoy existe en relación al cerebro?
–Hay muchos misterios que todavía existen en relación con el cerebro. En las últimas décadas aprendimos más sobre el cerebro que en toda la historia de la humanidad gracias al desarrollo tecnológico, el trabajo en equipo e interdisciplinario. Pero todavía falta mucho por conocer y aún no tenemos –y quizá nunca la tengamos– una teoría del cerebro que explique su funcionamiento general.

–¿Cuánto el cerebro tiene de emocional y cuánto de lógico?
–Nosotros pensamos que somos más racionales de lo que en realidad somos. Pero, fundamentalmente, somos seres emocionales. Por un lado, las emociones modulan nuestra toma de decisiones y son claves para nuestra conducta. Podemos decir que a veces somos racionales, tomamos una decisión lógica. Lo que sucede la mayor parte del tiempo es que tomamos decisiones en forma automática a partir de la experiencia, las vivencias. El cerebro ha desarrollado un sistema de toma de decisiones guiado por la emoción, por la experiencia previa y por la intuición. Toma decisiones automáticamente en un contexto cambiante. Por otro lado, las emociones tienen un lugar central en la conformación de los recuerdos. Solo recordamos aquello que nos emociona. Olvidamos la mayoría de las cosas. Seguramente, si le pregunto a usted qué estaba haciendo el día que cayeron las Torres Gemelas, o el día en que fue electo el Papa Francisco, va a poder recordarlo fácilmente. En cambio, si le pregunto, qué hacían el día anterior a estos eventos, la respuesta se dificulta. Entonces, algunas memorias están ligadas a las emociones.

–¿El cerebro de la mujer y el varón son diferentes o simplemente varía el modo en que lo utilizamos?
–Desde el útero hay cambios porque, si un cerebro es femenino o masculino, tienen diferente baño hormonal. Además, como mencioné, la experiencia modifica el cerebro, así que, por ejemplo, la preparación para o vivencia de ser madre es importante. Hay bastante evidencia científica que sostiene que son diferentes los procesos emocionales y de empatía en las mujeres con respecto a la de los hombres.

–Recién usted habló sobre la relación entre la experiencia y el cerebro. ¿Podría ampliar este concepto?
–Por supuesto. La experiencia y las vivencias producen cambios en el cerebro. Nuestro cerebro es fundamentalmente un órgano adaptativo, por eso, se transforma de manera constante a lo largo de nuestra vida. La experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes. La “neuroplasticidad” es la capacidad del sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios. Este mecanismo permite que las neuronas se reorganicen al formar nuevas conexiones y ajusten sus actividades en respuesta a cambios en el entorno. Hoy sabemos que, por ejemplo, una experiencia traumática puede modificar la expresión de nuestros genes en vida.

–¿Cuánto mayor avance tecnológico menos ejercitamos el cerebro?
–No necesariamente. Los avances tecnológicos son una fascinante ayuda, pero no va a modificar la anatomía cerebral de los seres humanos. Tampoco va a deteriorar nuestras capacidades cognitivas, no vamos a perder la memoria ni se va a atrofiar nuestra corteza cerebral. El cerebro cambia en miles y miles de años, no va a haber un nuevo lóbulo por Internet. La misma pregunta que nos hacemos hoy fue la que se hicieron con la aparición de la escritura. “¿Vamos a perder la memoria por la escritura?”, se planteaban.

–¿Cuánto influye lo que pensamos en lo que nos sucede en la vida?
–Nuestro pensamiento crea la realidad, es decir, de la manera que pensamos es la manera que sentimos. Así que la influencia del pensamiento tiene un rol clave. Muchas veces tenemos pensamientos tóxicos, pensamientos negativos que determinan la forma en la que nos sentimos. Si pensamos que les va a pasar algo malo a nuestros hijos o a un ser querido y vivimos preocupados por eso, nos sentimos mal, vamos a tener mucha ansiedad. Pero en realidad no sabemos qué es lo que va a pasar. Sin embargo, esos pensamientos hicieron que nos sintiéramos mal. Un colega mío de Estados Unidos está estudiando un grupo de personas centenarias con el cerebro intacto o preservado. Y su hipótesis es que un factor clave para esta longevidad sería el optimismo.

El valor del trabajo en equipo

A tal punto la inteligencia es valorada –en algunos ámbitos más que en otros– que Facundo Manes publicó el libro Usar el cerebro, en el que explica qué es la inteligencia, cuál es su relación con las emociones y de qué modo podemos tener una vida mejor, entre otras cuestiones. Afirma que la inteligencia es mucho más que “el coeficiente intelectual” y destaca la inteligencia “colectiva”. “A través del trabajo en equipo que la inteligencia individual se expande”, apunta el neurocientífico.
“La inteligencia es un concepto muy complejo. Hay una inteligencia analítica que tiene que ver con hacer cálculos matemáticos, la aritmética, por ejemplo. Esta inteligencia puede medirse con el coeficiente intelectual. Pero hoy la ciencia no puede medir la complejidad de la inteligencia humana, ya que solo considera el aspecto que tiene que ver con el coeficiente intelectual pero no puede medir la ironía, la inteligencia emocional, el humor”, explica.
Y añade: “Más allá de los diferentes tipos de inteligencia, es importante destacar que es a través del trabajo en equipo que la inteligencia individual se expande. Cuando se trata de inteligencia, la totalidad puede ser mayor que la suma de las partes”.

La inversión argentina para la investigación

Facundo Manes viaja por todo el mundo hace más de treinta años. Después de recibirse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, estudió en Inglaterra y Estados Unidos. Actualmente, es profesor de neurología y neurociencias cognitivas de la Universidad Favaloro, de Psicología Experimental en la Universidad of South Carolina (Estados Unidos), profesor visitante de Macquarie Univesrity (Australia) y del departamento de Neurología de University of California San Francisco (Estados Unidos). Su mirada sobre la situación de la ciencia en el mundo y en nuestro país en particular es más que alentadora. “Ha habido grandes avances”, afirma.
“Cuando yo volví al país en 2001, luego de perfeccionar mis estudios en el exterior, no había laboratorios de neurociencias cognitivas con el método científico en humanos para estudiar procesos como la toma de decisiones o la conciencia.
Decidimos entonces formar una masa crítica de investigación en estas cuestiones. Entonces formamos INECO, el Instituto de Neurociencias Cognitivas. Nuestra idea era formar una ‘Di Tella’ en neurociencias. Al año, me contactaron de la Universidad Favaloro para colaborar desde el Instituto de Neurociencias con uno de los sueños de René Favaloro: llevar adelante desde la Fundación investigaciones sobre cerebro y corazón”, relata el neurocientífico.
El sueño de Favaloro y el suyo propio rindieron sus frutos: “Entre INECO y Favaloro hemos organizado un polo de investigación en neurociencias muy importante, destacado a nivel internacional.
Más allá de esto, por suerte hoy existen otros laboratorios muy importantes en nuestro país y el Conicet y el Ministerio de Ciencia y Tecnología está abriendo líneas de financiamiento que permiten hacer crecer estas investigaciones”.

¿POR QUÉ SOY NEURÓLOGO?

“Cuando cursé Neuroanatomía quedé enamorado del cerebro”
Un problema de salud, como el asma, lo llevó a pensar a que su destino estaba atado a la neumología. Su fascinación por el cerebro lo hizo cambiar de opinión hasta convertirse en uno de los neurólogos y neurocientíficos más reconocidos del país.
“Cuando comencé a estudiar Medicina, yo quería ser neumonólogo, algo relacionado con los pulmones porque de chico había tenido asma. Pero cuando cursé la materia Neuroanatomía me quedé enamorado del cerebro y supe que quería dedicarme a este órgano tan complejo y fascinante”, recuerda. Y agrega: “Esto se combinó con la influencia de un profesor que había estudiado en Escandinavia y había regresado al país, Tomás Mascitti. Fue profesor emérito de Anatomía, fue decano de medicina, dirigía un laboratorio y era un líder que tenía muchas inquietudes como los temas sociales y la literatura. Muchas veces las decisiones dependen del contexto y en este caso el profesor Mascitti fue fundamental”.

SI NO, HUBIERA SIDO FUTBOLISTA

“Quería ser jugador de fútbol y jugar un Mundial para mi país”
Mucho antes de que supiera que quería ser neurólogo, trabajara en INECO y la Fundación Favaloro y desarrollara una actividad de docencia a través de su cuenta de Twitter, @ManesF, soñó con ser jugador de fútbol.
Su padre era el médico de Salto, el pueblo bonaerense en el que Manes hijo pasó su niñez. Sin embargo, lejos de empecinarse con que siguiera sus pasos pensó en traerlo a la Ciudad de Buenos Aires para probarse en algún club. En ese entonces, el pequeño seguía al Club Atlético Compañía General, donde se animó a jugar.
“Como muchos niños, en mi infancia, quería ser jugador de fútbol y jugar un Mundial para mi país”, recuerda sobre aquéllos años.
Más allá que consiguió dominar la pelota, su elección fue otra. “De grande hoy me di cuenta de que se puede representar a Argentina también de otras maneras”, afirma.