Un mundo de sensaciones

La Nación

Desde chico, cuando vivía en la ciudad de Salto de la provincia de Buenos Aires, y se aproximaba la fecha de la Feria del Libro, con mi familia programábamos venir un día para recorrerla de punta a punta. Estaba en el Centro de Exposiciones por ese entonces y a veces lográbamos combinar la visita con un rato en el Italpark. Hoy, cuando vuelvo ya grande y con la ocasión de saltar por un rato esa barrera de lector/autor, juro que me sobreviene la misma emoción de aquellos tiempos. Es que la Feria del Libro propone, como dice la canción, un mundo de sensaciones: la diversidad de saberes ahí guardados y dispuestos a ser leídos, los stands de provincias y países para recorrer, los autores de acá y del mundo que caminan por los pasillos y, sobre todo, los lectores que se juntan como si fuese una ceremonia a la que deben concurrir, y dicen “presente”. Este año, tuve la suerte de haber estado varios días recorriéndola, consiguiendo libros que quería leer, visitando el stand de la Universidad Favaloro de la cual soy Rector y acompañando la presentación de libros de amigos y admirados científicos y escritores. Y yo mismo volví a presentar Usar el cerebro. Cuando uno recorre la Feria del Libro y ve tanta gente interesada, ahí se comprueba una vez más que el conocimiento también puede ser (y de hecho lo es) pasión de multitudes.