Una mente que logró ser brillante

Revista VIVA
Ver PDF

John Forbes Nash recibió el premio Nobel de Economía. Pero quizás no fue ese reconocimiento en sí lo que promovió que su historia de vida se transformara en libro y en la película Una mente brillante protagonizada por Russell Crowe. Más bien que logró una de las distinciones científicas más importantes a nivel mundial a pesar de sufrir esquizofrenia.

Bajo el nombre de “esquizofrenia” se incluye  un grupo de enfermedades caracterizadas por la presencia de alucinaciones (escuchar o ver algo que no existe), delirios (creencias inusuales, sentirse observado o perseguido) y síntomas varios como aplanamiento afectivo (sensación de falta de conexión emocional con los demás), abulia (marcada falta de energía para llevar a cabo las actividades cotidianas), anhedonia (pérdida de la capacidad de disfrutar), abandono personal o aislamiento social. Además, presentan síntomas de desorganización del pensamiento ya que sus ideas se muestran como ilógicas. Como refleja la biografía de Nash, esta enfermedad genera un gran sufrimiento a quienes la padecen y a sus familiares.
El impacto que tuvo la película favoreció mucho al conocimiento y la sensibilización social sobre esta enfermedad, que tiene causas complejas entre las que se incluyen factores genéticos y ambientales. Estos factores interferirían con el normal desarrollo cerebral, lo que determinaría la aparición de la enfermedad a partir de la pubertad. Un diagnóstico de esquizofrenia se realiza a través de entrevistas psiquiátricas y psicológicas que permiten poner al descubierto la complejidad de los síntomas. El tratamiento incluye aspectos farmacológicos y no farmacológicos. Existen medicamentos modernos que permiten mejorar sensiblemente los síntomas y la calidad de vida de los pacientes. La psicoterapia cognitiva-conductual y ciertas técnicas de trabajo grupal y de rehabilitación cognitiva son de enorme utilidad. En un servicio de psiquiatría moderno se aborda esta problemática en forma multidisciplinaria a través de un grupo de psiquiatras, psicólogos y neuropsicólogos con experiencia y conocimientos sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad basados en parámetros internacionales. La modalidad de tratamiento puede ser individual o grupal, dando una gran importancia a la psicoeducación ya que se ha demostrado que cuando los pacientes y sus familias tienen información sobre sus problemas, su eficacia es mayor. La detección precoz de la esquizofrenia es clave. Se logra a través de la evaluación sistemática de aquellos jóvenes que, por sus síntomas, se piensa que pueden estar en riesgo de padecer la enfermedad.
John Nash no se refirió a su enfermedad en el discurso de aceptación del premio Nobel. Pero sí al camino que lo llevó hasta ahí y los modos de abordar el pensamiento, los desafíos, la relación con los demás. Y logró con eso interpelar a la sociedad sobre los criterios vagos de normalidad.
Al concluir Medicina en la UBA, trabajé como investigador en Neuropsiquiatría en el departamento de psiquiatría de la Universidad de Iowa, EE.UU.  Para esto, conté con la ayuda invalorable del jefe de Análisis de datos del proyecto de Neuroimágenes. Él también padecía esquizofrenia. Aprendí muchas lecciones en Iowa, pero esta, la de una persona que a pesar de las dificultades se esmeró no solo por mejorar su calidad de vida sino por brindar a los demás su talento, fue una de las fundamentales.