La suma de todas las ciencias

Revista Ñ

El estudio interdisciplinario de la mente humana permitió el mayor avance en décadas.

Desde tiempos remotos, uno de los grandes interrogantes que ha intrigado a la humanidad fue el lugar donde residen el alma, las ideas, los sentimientos y las decisiones. Con los avances de la ciencia y la tecnología, se fueron generando herramientas que invitaron a recorrer este camino con mayor precisión y rigurosidad. Esto, sumado al creciente número de científicos que estudian el cerebro humano, permitió conocer más sobre este órgano complejo y fascinante en las últimas décadas que en toda la historia. Esta realidad promovió, además, la expansión de las áreas científicas que lo estudian de manera interdisciplinaria y el apoyo de Estados nacionales e instituciones a estos proyectos.
Las neurociencias cognitivas conforman un conjunto de disciplinas que investigan los procesos cerebrales de manera integrada desde el nivel molecular hasta el ambiente social y cultural. En los últimos años, la psicología, la filosofía, la biología, la física, la matemática, las ciencias sociales y la medicina, entre muchas otras, han comenzado a colaborar en el estudio del cerebro dentro del marco de esta disciplina.
A pesar de la complejidad de la tarea, este abordaje multidisciplinario y no reduccionista ha permitido arribar a conocimientos claves sobre el funcionamiento del cerebro tales como la capacidad de percibir las intenciones y cómo tomamos decisiones; aspectos de la conciencia, los deseos y las creencias de otros; áreas críticas del lenguaje, mecanismos de la emoción y circuitos neurales involucrados en ver e interpretar el mundo que nos rodea. También, en comprender que el cerebro alcanza su madurez entre la segunda y tercera década de vida y en el conocimiento del correlato neural de las decisiones morales. Asimismo, que no hay una memoria sino varias, y que la memoria no es una “cajita cerebral” donde guardamos los recuerdos, sino circuitos neuronales que se refuerzan y se asocian.
Otros de los descubrimientos más notables han sido la determinación de los circuitos de recompensa, de áreas claves de la corteza cerebral para el movimiento, y que el sueño es un proceso activo con un rol en la consolidación de la memoria, en el sistema inmunológico y en los procesos endócrinos.
Los avances en este campo científico también han permitido mejorar la calidad de vida de muchos pacientes y familiares con trastornos neurólogicos y psiquiátricos. El Alzheimer, la depresión, el autismo y los trastornos del desarrollo y de ansiedad, el Parkinson, la epilepsia, la esquizofrenia y las lesiones cerebrales traumáticas o por accidente cerebro vascular (ACV) representan un tremendo impacto para los pacientes, las familias y la sociedad. Una comprensión cada vez más profunda del cerebro y su disfunción mejora la detección precoz, el diagnóstico, tratamiento y la rehabilitación de los problemas neurológicos y psiquiátricos y le mejoran la vida a millones de personas.
Durante mucho tiempo, la neurología, la psicología y la psiquiatría han estado separadas por una frontera artificial. Los avances científicos y especialmente de las neurociencias han demostrado que esta separación es arbitraria y contraproducente. Estas disciplinas se están acercando en las herramientas que usan, en las preguntas que se hacen y en los marcos teóricos que utilizan.
Muchas de las llamadas “nuevas” ideas sobre la naturaleza humana que se encuentran actualmente en discusión no son realmente nuevas. Lo que, en tal caso, es nuevo y significativo es su procedencia intelectual. Aristóteles entendía que somos criaturas de hábito, mientras que Hume sugirió hace mucho tiempo que la razón es influenciada por la emoción. Tales ideas son atractivas cuando son pronunciadas por los filósofos, pero tienen mucho mayor orden epistémico y fuerza retórica cuando están acompañadas por los hallazgos de las ciencias sociales y del comportamiento, y más aún de la “evidencia” de las ciencias naturales. Sigmund Freud, que era neurólogo, planteaba la existencia de esquemas neuronales en cierta manera parecidos a los que los aportes de las nuevas tecnologías permitieron probar. Otras teorías de Freud, en relación a aspectos de la memoria, también han hallado cierto fundamento fisiológico a partir de los estudios neurocientíficos. Del mismo modo se dio con la idea del inconsciente. Este dominio se describe de manera más general en el ámbito de la neurociencia cognitiva como todo proceso que no da lugar a la toma de conciencia.
Las neurociencias buscan aportar y no sustituir a otros puntos de vista sobre el mundo. Decir que la ciencia de la naturaleza humana es relevante no significa que va a resolver todos nuestros problemas o que reemplazará irremediablemente otros instrumentos de reflexión y pensamiento.