Cuando el universo es uno

Revista VIVA
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A lo largo de los siglos, se han escrito grandes obras literarias que abordaron lo que hoy es investigado por las neurociencias.

Las obras artísticas promueven la intuición y la duda de lo que el tiempo, el método científico y la tecnología pueden transformar en confirmación y certeza. A lo largo de los siglos, se han escrito grandes obras literarias cuyas historias abordaron problemáticas que hoy las neurociencias investigan de manera sostenida. Uno de los enigmas del cerebro más profundo sobre el que el arte y la ciencia indagaron es la conciencia y sus trastornos. Y esta problemática se expande más allá: también tiene impacto en cuestiones ligadas al derecho, a la ética y a la religión. Los casos de pacientes con trastornos de conciencia generan grandes debates relacionados con la naturaleza de la conciencia, la calidad de vida, el valor que la sociedad le atribuye a la vida y cómo manejamos la incertidumbre.
¿Cuáles son algunos de estos trastornos? La muerte cerebral es definida como el cese total y permanente de todas las funciones neurales. Se caracteriza por un electroencefalograma “plano”. El coma, por su parte, es el estado agudo del paciente luego de un daño cerebral severo y se caracteriza por la total falta de respuestas (incluso algunos reflejos) y la incapacidad del paciente de abrir los ojos espontáneamente o frente a estímulos. En el estado vegetativo se disocian dos elementos cardinales de la conciencia: la capacidad de permanecer en vigilia y la capacidad de tomar conciencia (permanece la capacidad de alternar entre la vigilia y el sueño pero no existe conciencia de sí mismo ni del entorno). Por otro lado, hay pacientes que parecen en estado vegetativo pero siguen con la mirada, mueven la cabeza y pueden incorporarse. Estas respuestas “mínimas” ocurren en forma inconsistente pero pueden ser reproducidas o sostenidas por un tiempo largo. Este cuadro se ha denominado “estado de mínima conciencia”. Resulta esencial diferenciar el estado de conciencia mínima del estado vegetativo, ya que algunos investigadores sugieren que la evolución podría ser diferente.
Por último, el síndrome de enclaustramiento es un cuadro en el cual la conciencia y las funciones cognitivas están preservadas, pero los movimientos no son posibles debido a una parálisis del sistema motor voluntario. A diferencia del estado vegetativo, estos enfermos pueden tener relación con el medio. La causa más frecuente es un accidente cerebrovascular en el tronco cerebral y se considera que la persona está “atrapada en su cuerpo” (completamente paralizada pero consciente). La ciencia está avanzando sobre el estudio de esta patología, que ya había sido detallada en la novela de Alejandro Dumas El conde deMontecristo (1844-1845). El personaje Monsieur Noirtier de Villefortes es considerado “un cadáver con los ojos vivos”. Su nieta Valentine lo ayuda a formar frases mediante el acto de recitar el alfabeto y recorrer páginas del diccionario con su dedo hasta el momento  en que él indicara con un parpadeo cuáles letras y palabras quería. Algunos años más tarde, Emile Zola escribió en su novela ThérèseRaquin (1868) sobre una mujer paralítica que “fue enterrada viva en un cuerpo muerto” y “tenía la lengua sólo en sus ojos”. Más próximos, la película La escafandra y la mariposa narra la tragedia de Jean-Dominique Bauby, redactor de la revista Elle, quien sufrió en 1995 una embolia masiva y el síndrome de enclaustramiento. La memoria y la imaginación fluyen en un cuerpo inerte, que sólo puede comunicarse con el exterior a través del parpadeo del ojo izquierdo.
Muchas veces, sólo el cruce entre el arte de contar historias, los testimonios de casos sucedidos y los avances de las investigaciones científicas puede ayudar a comprender algo de aquello que de otro modo sería inconcebible.