“El peronismo y el radicalismo describen muy bien la Argentina del pasado, quizá no tanto la futura”

El cronista

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Por Micaela Pérez

Facundo Manes, el prestigioso neurocientífico que encabezó el equipo médico que operó a la Presidenta de su hematoma subdural, ya hizo pie en la política local por el frente UNEN basando su propuesta en promover “una revolución educativa”. No define aún una candidatura, pero ya avisa: “Quiero aportar mi granito de arena por un país inclusivo que ponga el foco en el conocimiento”.

Facundo Manes está tan alejado del perfil tradicional del político medio argentino que cualquier ensayo por leer su discurso público en clave político-electoral es partir de un error. Porque a este reconocido neurólogo y neurocientífico, que tiene muy firme la convicción de que el desarrollo de un país depende, sobre todo, de su capital intelectual y humano, no parece perderlo la ambición por hacer “carrera política” o afirmarse en algún cargo público, sino más bien lo contrario: en todo caso, apuesta, si se decide finalmente, a que esto se convierta en un medio para alcanzar una meta mayor: propiciar una “revolución educativa” que ponga a la Argentina en el mapa de los países desarrollados del mundo. Con un pie en el avión para viajar a Hong Kong, donde participará de un encuentro de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders, Manes dialogó con 3Días, entre otras cosas, sobre la Argentina del largo plazo con la que se anima a soñar.

Usted se formó en el exterior, pero decidió volver y apostar por la Argentina. ¿Por qué?
– Yo me formé en la educación pública de mi país. Luego de recibirme de médico en la Universidad de Buenos Aires, sí me formé en el exterior y volví. Siempre sentí que debía devolver lo que la sociedad me había confiado al permitir educarme, pero también porque era el país donde estaban mis recuerdos de la infancia, de mi padre que ya no está, de mis amigos de Salto. Acá decidimos con mi mujer que nacerían nuestros hijos y acá es donde quiero que crezcan. Este es mi país.

Y además se plantea la posibilidad de actuar en política, con todo lo que ello implica.
-Lo de la política que usted me pregunta, le digo que desde siempre ejercí lo que consideré la responsabilidad política: desde el centro de estudiantes en mi escuela secundaria hasta hoy como rector de la Universidad Favaloro. La política es tender al bien común y es lo que intento desde el rol que me ha tocado o me toque ocupar.

Usted plantea la necesidad de una revolución educativa que saque a la Argentina de la situación actual, de tomar el camino del conocimiento, ideas que suenan muy bien, pero también pueden parecer voluntaristas en un país como éste siempre dominado por la coyuntura. ¿Cómo se hace para salir del cortoplacismo, pensar el largo plazo y conseguir, además, que a uno lo voten para eso?
– Yo no estoy tan seguro de que nuestro país desde siempre haya estado dominado por la coyuntura. Yo pienso que en nuestra historia hay ejemplos sobrados de que esto no fue así. ¿O cree que Mariano Moreno estaba obsesionado por la coyuntura cuando llevaba adelante la revolución? ¿O que Sarmiento pensaba en el corto plazo cuando promovía un país que privilegiara la educación? ¿O que Yrigoyen o Jauretche no entendían los proyectos políticos más allá de sus vidas biológicas? ¿O que Favaloro no luchó como científico, como referente social y como educador por las futuras generaciones? Cualquiera de estos próceres que les nombré y tantos otros son reconocidos como tales justamente por eso, por haber sabido mirar el largo plazo.

Convengamos que el argentino hoy es más cortoplacista que, por ejemplo, un francés o un alemán o un habitante de cualquier otro país desarrollado. ¿Por qué? ¿Cuánto influye el entorno, las circunstancias que atravesamos, en la manera en qué pensamos?
– No sé si somos más o menos cortoplacistas que otros. Lo que digo muchas veces es que el respeto por el otro, por las reglas y por las instituciones no son lujos que se dan los países desarrollados, no son consecuencias sino, entre otras, causas del desarrollo. Los argentinos debemos entender cada vez que tomamos una decisión colectiva que de esa decisión del presente depende en gran parte el futuro nuestro, el de nuestro prójimo, el de nuestros hijos y nuestro nietos. Como el ajedrecista, ¿vio? que juega previendo las próximas jugadas.

Pero vivimos obsesionados con la coyuntura y es lógico: inflación, inseguridad, temor a perder el empleo no ayudan a mirar más allá.. ¿Nos enfermamos más, tenemos una salud más vulnerable a causa del estrés, la ansiedad que nos generan estas dificultades cotidianas?
– Claro que las preocupaciones permanentes pueden traer trastornos a la salud. Lo que debemos entender es que el estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción y es algo normal cuando enfrentamos cualquier desafío. El problema es cuando las demandas del medio son excesivas y provocan el estrés patológico. Esto trae consecuencias que incluyen la afectación de la memoria y lo que se denomina “funciones ejecutivas” que disminuyen aún más las capacidades para enfrentar las demandas externas.

Se suele afirmar que la Argentina tiene grandes individualidades pero dificultades para funcionar como colectivo. ¿Cree que es así?
– No siempre quien es bueno individualmente es tan bueno cuando juega en equipo y viceversa. Hace algunas semanas tuve el honor de conversar con el maestro Pedro Calderón, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, y me decía esto mismo: que para la selección de músicos de una orquesta, lo que a él le gustaba privilegiar es, más que el virtuosismo individual, la capacidad del músico para establecer alianzas con otros, esa capacidad de multiplicar los talentos a partir de la inteligencia colectiva.

El problema de la Argentina, que tiende a repetir crisis económicas cíclicamente, ¿está en su dirigencia o en la sociedad en su conjunto?¿Cuál es la raíz?
– Quizá ese fenómeno lo puedan explicar mejor economistas o sociólogos. Lo que yo no estaría tan seguro es que esto indefectiblemente deba ser así. Yo soy muy optimista con el futuro y ojalá que, en todo caso, deban explicarlo los historiadores.

¿Qué sucede con la educación en la Argentina? ¿Por qué hemos retrocedido tanto en este campo?
– Nuestro país sufre una crisis educativa y las pruebas PISA son un indicador de eso. No es el único indicador. También lo es cuando un docente debe ir de una escuela a la otra sin poder dedicarse todo lo que debería y seguramente querría a cada uno de sus alumnos. O cuando hay muchos adolescentes que abandonan la escuela secundaria. Debemos propiciar una revolución educativa que promueva los valores de la creatividad, del mérito y del esfuerzo. Y esto no depende únicamente de un gobierno o de un ministerio, sino de la convicción de toda la sociedad de que el capital intelectual es el bien más importante con el que cuenta un país.

En su libro, Usar el cerebro dice: “Ambiciosas propuestas educativas personales, áulicas o comunitarias fallan no por cuestiones cualitativas de esas experiencias, sino por la mala alimentación del educando. La carencia nutricional produce un impacto tremendamente negativo en el desarrollo neuronal de los niños y los adolescentes”. A pesar de vivir en un país productor de alimentos, ¿es ésta la causa que explica en parte el deterioro educativo en la Argentina?
– Y lo que dice en la oración siguiente el libro es que la desnutrición y la malnutrición están asociadas a alteraciones en la actividad de neurotransmisores. La falta de alimento en niños y adolescentes en un país que genera alimentos para varias “Argentinas” no es solo una inmoralidad sino también un suicidio social.

Usted es de familia radical. ¿El internismo recurrente de los radicales tiene alguna explicación neurocientífica?
– Mi familia es radical, sí. Y pienso que el radicalismo y el peronismo describen muy bien la Argentina del pasado, pero quizá no tanto la futura. Sobre lo que usted llama el internismo radical, puede entenderse como un valor negativo si esto es producto de posicionamientos personales. Pero cuando se trata de posturas políticas o ideas sobre un país mejor, creo que las discusiones dentro de un partido son necesarias. Además, no me parece que solo el radicalismo presente estas discusiones, sino, por suerte, la mayoría de los partidos en nuestro país y en el mundo.

¿Su intención es comenzar a caminar la Argentina pensando en una candidatura más inmediata o mirando el 2017?
– No tengo en cuenta ni nunca pensé un proyecto político como un proyecto biográfico. Tampoco otros proyectos como cuando creé instituciones como INECO o el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Yo quiero aportar mi granito de arena por un país inclusivo que ponga el foco en el conocimiento desde el lugar en el que pueda ser útil.

En UNEN, hoy su espacio político, hay serias dificultades, pongámoslo así, para funcionar en equipo y muchas chances de ruptura tras el “escándalo Carrió”. ¿Cuál es su postura en esta pelea? ¿Coincide con Lilita que quiere un acuerdo con Macri, está con los que miran a Massa o resiste cualquier alianza?
– Le reitero que las discusiones dentro de los espacios políticos me parecen necesarias, en tanto tengan el objetivo de buscar mejores proyectos colectivos para un país mejor. Y fíjese que le hablé de proyectos colectivos y su pregunta era por personas, así que no creo que una discusión así planteada deba ser prioritaria para el corto y menos para el largo plazo.

¿Cómo es el cerebro de un estadista? ¿Hay áreas de la estructura cerebral que tienen, por ejemplo, un mayor desarrollo en este tipo de personalidades, una capacidad mayor para adaptarse al medio o lidiar con el estrés?
– Un líder debe tener la capacidad de entender las necesidades de su pueblo. Pero también debe saber anticiparse al futuro y no tener miedo.

¿Por qué la mayoría de los presidentes argentinos han sido abogados? ¿Tiene alguna explicación neurocientífica para eso?
– Muchos fueron abogados, es cierto, pero también otros fueron médicos, militares, maestros. Puede ser producto de la tradición o que la práctica del derecho hace que los abogados estén constantemente resolviendo conflictos. Igualmente, como lo demuestra la historia, una profesión u otra no garantiza ser un buen o mal gobernante.

Todos los presidentes, en mayor o menor medida, están sometidos a situaciones de estrés. ¿Qué característica debe tener un político que llega a la máxima magistratura para poder lidiar con ese estrés y evitar que éste repercuta en su salud?
– Existen muchos trabajos que generan una inmensa carga de responsabilidad y, como consecuencia de esto, de estrés. Es importante tener en cuenta que una estrategia adecuada para rendir eficazmente es saber esforzarse, pero también saber descansar.