Los misterios del cerebro

Diario El País (Uruguay)

Por Tomer Urwicz

Es la única estructura capaz de intentar entenderse a sí misma. El científico Facundo Manes pretende desentrañar esos enigmas.

Dicen que es la estructura más compleja del universo. Tiene dos hemisferios, gasta el 20% de las calorías que un humano consume durante el día y mide dos metros cuadrados pero es capaz de plegarse para ingresar en un cráneo. De él depende el comportamiento, las emociones y la toma de cada decisión. Aun así el cerebro, ese centro nervioso que se propone entenderse a sí mismo, es uno de los enigmas que más desvela a los científicos.
Lo poco que se ha aprendido sobre él —entiéndase en relación a su complejidad— es un logro de las últimas décadas. ¿Por qué? La tecnología permitió estudiar los procesos cerebrales “in vivo”, gracias a técnicas como el PET y la resonancia magnética. Pero, sobre todo, por científicos entusiastas decididos a traspasar fronteras. También en Sudamérica.
Es el caso del neurólogo Facundo Manes, un destacado investigador y estudioso del funcionamiento de la mente —y conocido por el público masivo por tratar con éxito a la presidenta argentina Cristina Fernández por un hematoma craneal—, tema que aborda en su último libro: Usar el cerebro, del que conversó con Domingo.
“Nuestro cerebro es producto de miles y miles años de evolución”, afirma sin temor a derribar algún mito. “La tecnología puede modificar ciertas prácticas cotidianas y, en todo caso, conductas, pero no generará un nuevo lóbulo cerebral”. Es que los avances de la informática y la triplicación en dos siglos de la esperanza de vida al nacer, hacen que uno imagine enorme cambios cerebrales. Pero no.
De hecho, Manes explica que no hay diferencias en la forma y funciones del cerebro, siquiera en culturas muy distantes. Eso permite que un niño chino que llega con su familia a Uruguay, se comporte como un uruguayo más con el correr de los años y viceversa. Otro ejemplo: los gestos asociados a emociones, los que uno pensaría que son fruto de lo aprendido visualmente, no son más que circuitos nerviosos comunes a todos los seres humanos. Es por eso que la expresión facial ante el “asco” es la misma base en todas las personas, incluso en alguien ciego de nacimiento que nunca vio el movimiento de rostro.
Los neurocientíficos, como Manes, dicen que “sentimos con el cerebro” y que el corazón es, en realidad, “la víctima” de nuestros pensamientos.
Ni siquiera un “genio” como Albert Einstein tuvo un cerebro diferente a simple vista. Lo curioso, en el caso del físico alemán cuyo órgano fue fraccionado para el análisis, es que “tenía mayor abundancia de surcos y circunvalaciones”, además de enorme cantidad de células rodeando las neuronas. “Si estos cambios fueron causa o consecuencia de su brillantez no lo sabemos a ciencia cierta”, dice Manes. De ahí la necesidad de continuar la investigación en el área para simular los procesos mentales.

—¿Una máquina podrá imitar el funcionamiento del cerebro?
—Existen avances muy importantes en la tecnología y en la ciencia para lograr muchas habilidades como el procesamiento de información o su capacidad de almacenamiento. También existen adelantos para lograr una interfaz entre cerebro y computadora que permita mover alguna de las extremidades a través de un exoesqueleto a personas con movilidad reducida. Pero es muy difícil pensar que una máquina pueda compararse con la complejidad del cerebro humano y su capacidad única de adaptarse a un contexto cambiante o a actuar a partir de emociones. Quizás podamos lograr que un robot se mueva pero será casi imposible igualar la inventiva y la elasticidad motora para hacer goles como los de Enzo Francescoli, Diego Forlán o Luis Suárez.

—Al respecto, mucho se hablo del cerebro de Lionel Messi, ¿se ha llegado a alguna conclusión?
—Más allá de la destreza física, factores fundamentales que influyen en deportistas de elite como Lionel Messi tienen que ver con la motivación, la atención, el mantenerse focalizado y el control mental. Y también, por supuesto, la práctica intensiva y la capacidad de observación.

Estas características son, a juicio de Manes, las que nos definen como humanos y nos diferencian de una computadora. Para ser más concreto, el investigador recuerda lo ocurrido el 15 de enero de 2009. Unos minutos luego del despegue, el piloto Chesley Sullenberger II notó que su avión tenía una falla que no le permitía llegar a destino y tampoco regresar a la pista. En un hecho heroico logró amerizar en las aguas del Río Hudson y así salvó la vida de las 155 personas que viajaban abordo. “Si el piloto de ese avión hubiese sido una computadora, muy posiblemente todos estarían muertos”, dice el neurólogo. Sin embargo, a su cargo estaba un “cerebro humano” que tenía el lóbulo frontal intacto.
Es que es en esa región del cerebro, en especial el área orbitofrontal, resulta crítica para el proceso de toma de decisiones. En cambio, algunas de las funciones asociadas a la memoria, por ejemplo, se ejecutan en el lóbulo temporal, ubicado detrás de cada sien.

—En este sentido, ¿la tecnología hace que los niños de hoy “piensen menos”?
—Escribimos un apartado en nuestro libro que pusimos por título El efecto Google. Allí citamos críticamente un estudio que se hizo en Estados Unidos que da cuenta de que el uso de Internet perjudica la memoria porque esta se vuelve más perezosa. De esto mismo se acusó en su momento a la escritura, a las enciclopedias, a las bibliotecas y a la imprenta. Los seres humanos actuamos con las tecnologías con un sentido de la oportunidad: como la memoria humana es limitada, utilizamos a la web como virtuoso banco de datos. Por supuesto que para personalidades con predisposiciones obsesivas o compulsivas la tecnología puede sí ser perjudicial y funcionar como queroseno sobre un fueguito encendido.

—Entonces, ¿para qué aprender otro idioma si dentro de pocos años los traductores automáticos serán eficaces?
—Muchos estudios proponen al aprendizaje de un nuevo idioma como uno de los desafíos intelectuales que tienen un fin en sí mismo, es decir, como modo muy eficaz de entrenamiento para nuestra mente. Por otro lado, una investigación realizada en Toronto reportó que hablar más de un idioma, comparado con los monolingües, puede implicar un retraso en el comienzo de síntomas de deterioro cognitivo.

Libro busca “conocer la mente para vivir mejor”
“Cuanto uno más conoce sobre algo —un auto, una computadora, un electrodoméstico— seguramente lo va a saber usar mejor. Con nuestro cerebro, que es bastante más complejo que cualquiera de esas máquinas, pasa lo mismo”, dice el neurocientífico Facundo Manes. De esa idea surgió su último libro Usar el cerebro, que escribió junto a Mateo Niro. El investigador presentará su obra en Montevideo el próximo viernes a las 17 horas en el Carrasco Lawn Tennis Club. Inscripciones en charlas@mp.com.uy.

El mito de los hemisferios
“La lateralidad cerebral es compleja y el comportamiento humano no puede explicarse solamente por esas cualidades”, dice el neurocientífico Facundo Manes. “Frases como que los zurdos son más creativos o mejores deportistas —yo soy zurdo, sin ir más lejos— tiene algo de datos factuales y mucho de mito. Si no, debería existir un 10% de la población que fuese Wolfgang Amadeus Mozart o Liones Messi”. De hecho, si bien el lenguaje se relaciona con el hemisferio izquierdo (más desarrollado en diestros) y el derecho con el procesamiento holístico de la información, en las acciones suelen funcionar conjuntamente las dos partes. La investigación muestra que la preferencia para el uso de una mano sobre otra, tiene que ver en gran medida con la genética y un poco con el ambiente.

El día que operó a Cristina
Hace un año la presidenta argentina Cristina Fernández visitó al médico por un fuerte dolor de cabeza. Le diagnosticaron una colección subdural crónica (hematoma craneal). El tratamiento, que le implicó un mes de reposo, estuvo a cargo del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favarolo que dirige Facundo Manes. “Estoy seguro de que René Favaloro, una de las personalidades más importantes de nuestra región en el siglo XX, estaría orgulloso de este equipo de profesionales que se formaron en universidades argentinas y aportaron un granito de arena para continuar con su obra y su legado”, resume el neurólogo sobre su histórica intervención. “La comunicación por parte de los funcionarios del gobierno fue absolutamente respetuosa tanto en la confección como en la comunicación de los partes (médicos)”.