Luchar contra la dislexia

Revista VIVA
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¿Qué tuvieron en común Alexander Graham Bell, John Lennon, Roberto Bolaño, Albert Einstein, Agatha Christie y Steve Jobs? Que todas estas grandes personalidades fueron diagnosticadas con dislexia. O, al menos, se cree que la sufrieron.

La dislexia es una condicion neurobiológica que constituye un trastorno del aprendizaje -el más frecuente- basado en el lenguaje. Y se trata de un conjunto de síntomas por el cual el niño, en ausencia de un obvio déficit sensorial o cognitivo, tiene dificultades con la lectura. El diagnóstico se hace de acuerdo con los resultados de pruebas específicas de lenguaje y lectura. Según datos de la Asociación Internacional de la Dislexia, aproximadamente el 15 por ciento de la población mundial presenta algunos de los síntomas de esta condición.
El impacto de la dislexia en cada uno depende de la severidad, el apoyo escolar y la terapia recibida. Algunos disléxicos aprenden a leer en los primeros grados pero comienzan a mostrar inconvenientes más serios a medida de que se hace más complejo el material escolar y manifiestan una dificultad especifica en la comprensión de texto. Pueden surgir problemas con el lenguaje hablado, les cuesta expresarse con claridad o entender lo que les dicen. Dificultades que suelen pasar inadvertidas y no ser aparentes para nadie del entorno, pero que pueden acarrearle trastornos a lo largo de los años de estudio o en el trabajo.
El problema central en la dislexia es el reconocimiento de las palabras escritas y la fluidez de la lectura; no es cuestión de inteligencia o de ganas de aprender. Aunque la causa de esta condición no es completamente clara, estudios anatómicos y de imágenes cerebrales revelan diferencias en la forma en que el cerebro de un disléxico se desarrolla y funciona.
Un hallazgo en la población con dislexia es la dificultad para separar los sonidos que constituyen una palabra y aprender cómo las letras representan esos sonidos, ambos factores fundamentales de la lectura. Esto es lo que se denomina conciencia fonológica. Los efectos de la dislexia afectan la imagen que el niño tiene de sí mismo, su autoestima. Otra consecuencia se puede dar en clase: la dislexia no diagnosticada suele confundirse con trastornos de la atención.
El niño disléxico puede, además de la lectura, mostrar complicaciones en organizar el lenguaje hablado, en el aprendizaje de las letras y sus sonidos, en la memorización de números, en el deletreo, en aprender una segunda lengua y en operaciones matemáticas. Pero lo más importante es que, con métodos apropiados de enseñanza, el disléxico puede aprender exitosamente. Es clave un diagnóstico que desestime o confirme la dislexia y, en este último caso, recibir el tratamiento específico. Asimismo, la implementación por parte del colegio de estrategias diseñadas para su mejor rendimiento escolar: exámenes orales y administración fragmentada de la información, entre otras. El niño debe ser informado de su condición para que comprenda su dificultad, que no es algo raro y sobre todo que, como hemos dicho, no tiene nada que ver con la inteligencia.
Es inspirador saber que grandes personalidades lucharon contra la dislexia.Y conocer lo que comentó Steve Jobs: “En la escuela yo era el forastero, el extraño, el niño ‘palabra ciega’ que no encajaba y vivía en mi cabeza. Era un soñador, un adolescente disléxico, una clavija redonda en un agujero cuadrado y al cual le dijeron que nunca tendría un título y mucho menos un trabajo”. Está visto que aquellos agoreros no estuvieron acertados.