¿Qué es el ACV?

La Voz

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Se denomina así a la condición producida por una interrupción brusca en el flujo sanguíneo del cerebro cuya consecuencia posible es, al no recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios, la muerte del tejido cerebral.

Hoy 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una enfermedad que representa la primera causa de discapacidad y una de las primeras causas de muerte en Argentina y en el mundo. ¿Qué es el ataque cerebral o accidente cerebrovascular? Se denomina así a la condición producida por una interrupción brusca en el flujo sanguíneo del cerebro cuya consecuencia posible es, al no recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios, la muerte del tejido cerebral. Este daño al cerebro puede causar una pérdida repentina de funciones dependientes de la parte dañada. El 80 por ciento de los ataques cerebrales se produce al obstruirse una arteria cerebral y generar un infarto cerebral (ACV isquémico). En otros casos se produce por la ruptura de una arteria cerebral y la formación de un hematoma en el tejido cerebral (ACV hemorrágico).
Los síntomas típicos de ataque cerebral son: debilidad súbita en alguna parte del cuerpo (cara, brazo, pierna), dificultades para hablar o para comprender en forma repentina, aparición brusca de mareos e inestabilidad, perdida súbita de la visión en uno de los ojos (como un telón que cae), aparición brusca de una cefalea muy intensa (como un estallido) nunca antes percibida. Los factores que pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular incluyen el sexo (los hombres son más propensos a tener ACV que las mujeres, pero las mujeres son más propensas a morir por ACV que los hombres), la edad (más de 55 años de edad) e historia familiar de accidente cerebrovascular. Entre las condiciones médicas que pueden incrementar el riesgo se incluyen la hipertensión, la alteración de los lípidos sanguíneos (colesterol, triglicéridos), la enfermedad carotídea, la diabetes, las arritmias cardíacas, enfermedades de las válvulas del corazón y trastornos hematológicos.
Existe una prevención primaria (para aquellas personas que no han tenido un ACV y desean extremar los cuidados para no correr ese riesgo) y una prevención secundaria (para aquellas personas que han tenido un ACV y desean extremar los cuidados para no correr el riesgo de un nuevo ataque cerebral). Ciertos estilos de vida pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular, por ejemplo el tabaquismo, el uso de algunos anticonceptivos (especialmente en mayores de 35 años y fumadoras), el uso a largo plazo de la terapia de reemplazo hormonal (por ejemplo para el manejo de la menopausia), la inactividad física (sedentarismo), la obesidad y el abuso de drogas.
Asimismo, como sucede con otras condiciones neurológicas, no solo quien sufre el ACV se ve afectado. Estar al cuidado de una persona que ha sufrido un ataque cerebral es una actividad sumamente dificultosa, que usualmente supone una carga de estrés emocional y físico que terminan por influir negativamente en el cuidador. Los problemas más frecuentemente reportados por el familiar o cuidador son: cambios en las relaciones familiares, cambios emocionales (tristeza, culpa, ansiedad), problemas de salud (depresión, inconvenientes articulares vinculados a la movilización del paciente), cambios en la calidad de vida (menor tiempo para actividades recreativas y personales), problemas económicos y laborales.
En la Argentina existen muy buenos profesionales especializados en el diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de pacientes que han padecido un ataque cerebral o bien están en riesgo de un primer evento. Además, conocer de qué se trata es también una manera de estar atentos, prevenir y cuidarnos, es decir, vivir mejor.