“La nutrición es la urgencia del país”

El Litoral

Por Agustina Mai

Una buena alimentación es “un requisito básico” para el desarrollo del cerebro, pero también requiere estímulos afectivos y cognitivos. Manes visitó la fábrica de superalimentos de la UNL y la consideró un modelo “a imitar en el país”.
“La nutrición tiene un impacto importantísimo en el cerebro. Es tan directa la relación entre una correcta alimentación y el buen funcionamiento del cerebro que incluso en chicos bien nutridos de clase media, si un día no desayunan bien, ése día van a rendir menos en la escuela”, advierte el neurocientífico Facundo Manes.
Invitado por el diputado nacional Mario Barletta, visitó Santa Fe para conocer la fábrica de alimentos supernutritivos de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Antes de su conferencia “Nutrición y cerebro”, que colmó el Paraninfo de la Universidad, dialogó con El Litoral sobre la importancia de una buena alimentación para el desarrollo de las funciones cognitivas y de la responsabilidad del Estado para garantizar la nutrición de los niños.

Facundo Manes El Litoral 18-10-2014

¿Cómo es la relación entre nutrición y desarrollo cognitivo?
Es muy importante. El cerebro termina de madurar alrededor de los 20-25 años, pero en la primera infancia actúa como un escultor porque genera muchas conexiones nuevas y elimina las conexiones exuberantes. Es un proceso dinámico, que requiere de una buena alimentación, un buen estímulo afectivo y cognitivo.

Cuando habla de primera infancia, ¿qué años abarca?
No quisiera hacer una ventana de tiempo porque la importancia de la nutrición en el cerebro es desde la etapa prenatal hasta la adolescencia o la maduración, hasta los 20-25 años. Cuando los niños crecen en la pobreza, esto tiene un impacto negativo. El Estado debe ser responsable porque debemos asegurar que todos los chicos de nuestro país tengan una alimentación sustentable, pero además estímulos afectivos. Una buena nutrición es un requisito indispensable porque tiene un impacto importantísimo en el cerebro, pero no alcanza. También se necesitan otros estímulos. Incluso en chicos bien nutridos de clase media, si un día no desayunan bien, ése día van a rendir menos en la escuela. Yo celebro que el diputado Barletta me haga conocer esta fábrica (de superalimentos de la UNL), que se debe convertir en una política de Estado y se debe imitar en el resto del país porque la nutrición es la urgencia del país.

¿Cuántos niños con problemas de nutrición hay en la Argentina?
El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica difundió un estudio que daba cuenta de la existencia de 5 millones de niños y adolescentes pobres en el país (800.000 son indigentes). En abril pasado, aseguró que la pobreza en la Argentina alcanza al 27,5 %. Alrededor de 260.000 chicos menores de cinco años sufrirían algún grado de desnutrición y 2.100.000 de personas no tendrían garantizado el acceso a una alimentación diaria.

¿Cómo se revierte esta situación?
Con una política de Estado integral. Por eso estamos aumentando la conciencia social sobre este problema y planteamos una solución, que es la que hay en Santa Fe, para que la presión social fuerce a los gobernantes a tener una política de Estado. El próximo presidente tiene que tomar este modelo de la UNL (la planta de alimentos) para imitar.

¿Qué efectos tiene la desnutrición en el cerebro?
Es difícil de estudiar, pero hay un impacto en el lóbulo frontal, que se encarga de la planificación, de la toma de decisiones, de mirar el largo plazo y de inhibir el impulso. También hay un impacto en el lenguaje y en la memoria declarativa, que sirve para contar cosas.

¿Estos efectos se pueden revertir?
No se sabe cuán reversibles son porque es difícil estudiarlos. Pero hay una experiencia importante: durante la dictadura de Rumania, se alojaba a los niños en orfanatos, privados de alimentos y de estímulos afectivos y cognitivos, como si fueran cosas. Cuando volvió la democracia a Rumania, esos chicos fueron ubicados en familias y fueron estudiados. Hay cierta reversibilidad, un cierto grado de recuperación. Es difícil saber cuánto se puede recuperar un chico desnutrido con una política integral de nutrición y de estímulos afectivos y cognitivos, pero se recupera.