“La riqueza de un país está en el conocimiento”

Colsecor Noticias

Ver PDF

Por Paola Perticarari

Médico, investigador y especialista en neurocencias, resalta la importancia de la educación que identifica como una de las claves del desarrollo social, junto al capital humano, la ciencia y tecnología.

Facundo Manes nació en 1969 y creció en Salto, provincia de Buenos Aires. Cursó medicina en la UBA, se capacitó en el exterior y en el 2001 volvió al país. Hoy dirige el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro,  es presidente de la Fundación INECO para la investigación en neurociencias, Rector de la Universidad Favaloro e investigador del CONICET.
El año pasado, su nombre pasó de ser conocido en ámbitos científicos a la primera plana de los medios de comunicación por ser el referente del equipo que operó a la presidenta por un hematoma subdural.
Con alrededor de 160 publicaciones científicas y varias investigaciones en curso, Manes destaca la importancia de la divulgación de estos conocimientos en la sociedad “Todos conocen cómo cuidar el corazón, pero pocos cómo cuidar el cerebro”, dice y agrega que “el cerebro nos hace humanos, nos diferencia de todas las especies, nos permite imaginar, soñar, amar o sufrir. Es responsable de respirar hasta de las respuestas más complejas de filosofía”, sostiene. En esta búsqueda por difundir  los conocimientos en la sociedad, incluye  su libro “Usar el cerebro”, que abarca temas como la inteligencia, la conciencia y la forma en la que tomamos nuestras decisiones.
El hecho es que si bien se va teniendo mayor conocimiento de enfermedades como el Alzheimer o los ACV, entre otras, en general no somos conscientes de la relevancia del cerebro humano, que “Es el objeto más complejo del universo. Dicta toda nuestra actividad mental desde procesos inconscientes hasta los pensamientos y conductas que nos permiten formar parte de una comunidad. Cuando cualquiera de estas funciones se ve afectada, como sucede en las enfermedades neurológicas y psiquiátricas, el impacto es enorme tanto para los pacientes como para sus familias, cuidadores y la sociedad en su conjunto”, se detalla desde la Fundación INECO, institución dedicada a la investigación en neurociencias que Manes preside.

Su formación, viajes y contactos con profesionales en el exterior, dieron lugar a la primera pregunta: Teniendo en cuenta que en nuestro país, a diferencia de otros, cuenta con un sistema de salud público ¿Cómo ve a Argentina a nivel sanitario?
Es un gran logro tener salud pública. Creo en esta combinación de salud pública y privada que se da en Argentina. Viví en Inglaterra donde la salud es solamente pública, también el sistema de Canadá. Creo que están bien, pero tampoco es perfecto el sistema de salud pública en países desarrollados, por lo que esta combinación que se da en Argentina es buena, se destinan muchos recursos tanto  privados como públicos en el país. También hay mucho por mejorar.

¿Por ejemplo?
Hacer una planificación más federal, una lucha contra la desnutrición y mortalidad  infantil y eso tiene que ver también con la educación. Hay una compleja interrelación entre educación y salud.

En este sentido, ¿Qué importancia tiene la correcta alimentación en el desarrollo del cerebro?
Siempre es clave la nutrición para el cerebro. Si bien se termina de desarrollar entre la segunda y tercer década, los primeros años son muy importantes. El cerebro en los chicos es un sistema en construcción y si a ese sistema le falta alimento, no va a funcionar bien. A la nutrición hay que sumarle el afecto y el estímulo cognitivo. Es una tragedia que en un país como este, con capacidad de alimentar a varias Argentinas, tengamos un solo chico con desnutrición. Esa es una urgencia de nuestro país. También la violencia y los adultos mayores que no tienen que comer o para medicación. Hay urgencias y hay que resolverlas, pero también pensar a largo plazo. Como en la medicina. Cuando alguien tiene fiebre hay que atender eso pero pensar en su causa, en la raíz del problema. En Argentina tendríamos por ejemplo que trabajar en fortalecer las instituciones y en generar una revolución educativa.

¿Cómo sería esa revolución?
Hay lugares como es el caso de Corea del Sur que era pobre hace décadas e hizo una revolución educativa invirtiendo mucho en el área. Sin los recursos naturales de Argentina o Nigeria, es hoy una de las economías más potentes del mundo, porque se dio cuenta como tenemos que hacerlo nosotros, que la riqueza de un país está en el conocimiento, en la capacidad intelectual de los ciudadanos y no sólo en la industria o los recursos naturales. Hoy las economías del mundo que mejor funcionan son las que apuestan al valor agregado. Con una sociedad basada en el conocimiento, esa industria y esos recursos naturales van a generar más riqueza con valor agregado. Creemos que tenemos que competir en un mundo globalizado, los países se están preparando y ya están compitiendo en el tema del conocimiento. No nos podemos quedar atrás y menos Argentina, un país que a principios del siglo XIX tenía menos analfabetos que Italia y España, o sea que el futuro de Argentina es el siglo XIX.

Tercera edad, políticas públicas y economía fueron los siguientes ejes de la charla.

Volviendo al tema salud en Argentina, ¿Ve como un desafío el desarrollo de políticas públicas en salud mental?
Totalmente. La salud mental se está discutiendo en Argentina, hay mucho debate. Es un proceso complejo que requiere las opiniones de expertos, requiere debate, pero también sensatez. Creo que hay que incluir en el debate de la salud mental en Argentina los avances de la neurociencia, sino es un poco negar lo que está pasando a nivel mundial. Creo que va a ayudar bastante en la discusión tener en cuenta esos avances. 

Mencionó a los adultos mayores, ¿Cómo los observa?
Argentina es un país con una población envejecida, tiene el fenómeno que tiene EEUU, Europa y los países desarrollados. Lo veo con preocupación pero también con optimismo, en el sentido de que se puedan encarar políticas públicas para educar a la sociedad sobre cómo tomar medidas para proteger el cerebro, siempre utilizando los recursos que destina el Estado actualmente. Nosotros hoy sabemos qué podemos hacer para tener un cerebro saludable, para protegerlo y si logramos retrasar la aparición del alzheimer cinco años, vamos a bajar la prevalencia de esta condición. Una forma de retrasarla es realizando una gran campaña de educación al público y a los médicos no especialistas. En relación a esto hay otro punto, que es qué hacemos con la gente que está jubilada, que no está activa mentalmente. Ahí tenemos que hacer algo, porque la sugerencia científica actual muestra que la actividad intelectual es muy importante para el cerebro saludable. Uno nunca debe jubilarse de lo que le gusta, de lo que le apasiona, hay que estar intelectualmente activo hasta el último día.

Desde hace tiempo destaca la importancia de llevar adelante un programa nacional para el alzehimer.
Francia, Australia, Estados Unidos y Corea del Sur, por ejemplo, han desarrollado programas de este tipo para reducir el riesgo de la enfermedad educando a la población.  Es importante que las personas tomen recaudos, hagan ejercicio y se mantengan activas intelectual y socialmente, por ejemplo. Contar con clínicas de memoria para las personas que tengan deterioro cognitivo, donde se puedan tratar estos temas desde el inicio y también es muy importante cuidar a la familia, que son los otros enfermos. Es muy frecuente que un familiar de un paciente neurológico o psiquiátrico esté estresado, tome más psicofármacos, falte más al trabajo y esté más deprimido o ansioso.

¿Cómo se está abordando en Argentina?
Es como todo, las revoluciones siempre pasan o suelen pasar desde abajo hacia arriba. Hay políticas públicas, hay una asociación de alzehimer e insisto en que la docencia es muy importante para que la problemática se haga conocida, porque claramente la gente tiene interés en el cerebro y en cómo protegerlo. Hay políticas privadas y públicas que tienden a esto pero creo que se puede hacer más. Siempre se puede hacer más.

¿Cuáles son las enfermedades prevalecientes en nuestro país?
Son similares a las de todo el mundo: ansiedad, depresión, accidentes cerebro vasculares y alzehimer, entre otras. Son enfermedades críticas para el paciente, para la familia, pero también para la sociedad y para los gobiernos. Muchos gobiernos no saben cómo hacer para enfrentar la epidemia del alzehimer, porque tiene muchos costos directos e indirectos para la sociedad.

¿Cuáles son esos costos?
Un paciente que requiere una medicación cara y cuidados permanentes. Si uno tiene un infarto cardíaco y sobrevive, en general puede manejarse solo. Al paciente con alzehimer tiene que cuidarlo alguien permanentemente y si el cuadro se agrava requiere asistencia las 24 horas o una internación. Esa evolución es carísima y es afrontada por la familia, el Estado o la obra social.

¿A eso se refiere cuando habla del impacto de la salud mental en la economía?
Totalmente. De hecho en el foro económico mundial de Davos, Suiza, hubo más de 20 charlas sobre el cerebro. Porque hoy la enfermedad mental causa más discapacidad que el cáncer y que la enfermedad cardíaca.

“USAR EL CEREBRO”

El libro busca difundir  “el conocimiento de la mente para vivir mejor y que pueda comprenderse un poco más de esta estructura, la más compleja del universo. Todo lo que hacemos depende de esta “máquina” casi perfecta, que contiene más neuronas que las estrellas que existen en nuestra galaxia”.

En este marco, le preguntamos al especialista cómo se cuida el cerebro
Al cerebro le hace bien todo lo que le hace bien al corazón. Controlar la glucemia, el colesterol, el peso. Recomendamos particularmente el ejercicio físico, caminar regularmente produce nuevas conexiones neuronales, es el mejor ansiolítico y antidepresivo natural. El desafío intelectual, que es hacer algo que nos cueste y el vínculo social es muy importante.

¿Cómo se ejercita?
Siempre hay que tener desafíos intelectuales como hablábamos, mucha gente me dice “hago crucigramas”, pero si uno hace 10 años que hace crucigramas, no tiene importancia porque está acostumbrado. Hay que hacer cosas nuevas. Es más, ahora hay datos científicos que van a tener que influir en las políticas públicas, como la estimulación cognitiva de las personas que están en la tercera edad.  La gente está viviendo más en todo el mundo, hay adultos mayores que llegan a los 100 años intactos intelectualmente. Hay un estudio de adultos mayores y estudiantes, los adultos mayores eran más lentos para hacer pruebas cognitivas, tenían menos memoria, pero eran mejores en estrategia, en planificación, en experiencia, o sea que los adultos mayores compensan el enlentecimiento general con estrategias, sabiduría, experiencias, pero como te decía, uno nunca se tiene que jubilar de lo que le gusta.