“El cerebro es un órgano adaptativo y en constante transformación”

Diario La Capital

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Por Daniel Leñini

El reconocido neurocientífico disertó en Rosario. Por qué cooperar y sociabilizarse impactan en nuestro estado mental. Luego de la disertación, Manes dialogó con La Capital.

Clase. Una vista de la concurrencia que el viernes se dio cita en La Fluvial. Autor de “Usar el cerebro”, Manes cree en la importancia de divulgar los avances.

Clase. Una vista de la concurrencia que el viernes se dio cita en La Fluvial. Autor de “Usar el cerebro”, Manes cree en la importancia de divulgar los avances.

El neurocientífico Facundo Manes convocó a unas 700 personas que lo fueron a ver el viernes al salón Terrazas de La Fluvial de Rosario. Convencido de que el conocimiento científico debe ser divulgado entre la sociedad, Manes parece estar recibiendo los frutos o la gracia de esa creencia, pues su nombre se está haciendo popular. Y así como las convocatorias crecen en número también sube la atención de un público que cree que encontrará en alguna de sus frases una guía o un aserto importante para su futuro.
Manes, invitado por Telefónica, esta vez habló sobre la “cooperación” en la conducta humana. “Si los seres humanos cooperamos es porque tenemos un cerebro que nos lo permite hacer. Pero ¿qué hace, efectivamente, que cooperemos? ¿Y por qué, a veces, nos surge no hacerlo?”, sembró como interrogante en la sala, para luego explayarse.
Luego de la disertación, Manes dialogó con La Capital.

-Facundo, usted habló de la “cooperación” entre los humanos y repasando artículos suyos vimos, por ejemplo, enfoques sobre el rol o la importancia de la “moral” en la conducta humana. La pregunta, entonces, es si cuestiones que antes eran ligadas casi exclusivamente a la materia humanística ahora deben ser tenidas en cuenta para el estudio del cerebro.
Es tal cual como usted dice. Las neurociencias tienden a abordar grandes preguntas sobre la conducta humana que diversas tradiciones y disciplinas hicieron durante hace siglos: qué es la conciencia, cómo funciona la memoria, cómo tomamos las decisiones, por qué el ser humano disfruta, padece, tiene acciones violentas, o altruistas, etc. etc. Las neurociencias estudian la organización y el funcionamiento del sistema nervioso y cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos. Entonces, cuando nosotros somos solidarios es porque el cerebro, ligado al ambiente, lo permite. Por supuesto que también cabría preguntarse, a partir de esto, por qué a veces no cooperamos.

-¿Y por qué?
-Una de las respuestas posibles quizá tenga que ver con ciertos condicionamientos de nuestras conductas. Una investigación realizada por un prestigioso científico de nuestro equipo en Ineco, Agustín Ibáñez, mostró que el cerebro detecta en 170 milisegundos si un rostro integra o no el propio grupo de pertenencia y lo valora positiva o negativamente mucho antes de que seamos conscientes de ello. Esta investigación muestra que los procesos asociados a la discriminación y al prejuicio son automáticos y muchas veces pueden primar sobre otros mecanismos mentales. Pero, como decimos en nuestro libro “Usar el cerebro”, quizá sea más relevante reflexionar sobre las consecuencias de la falta de cooperación humana. La falta de cooperación impacta negativamente sobre el individuo a quien hubiese ido destinada la acción solidaria, sobre quien no fue solidario y también sobre todo el sistema social. Una comunidad se construye a partir de la idea de cooperación y, cuando no se produce, todo el sistema social se resquebraja.

-¿Los factores de sociabilidad y contexto ambiental pueden afectar el cerebro de una persona aún cuando éste funcione bien?
-A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se transforma de manera constante. La experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes. Nuestro cerebro es fundamentalmente un órgano adaptativo. La capacidad del sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios se llama “neuroplasticidad”. Este mecanismo permite a las neuronas reorganizarse al formar nuevas conexiones y ajustar sus actividades en respuesta a nuevas situaciones o a cambios en el entorno. La neuroplasticidad cuestiona un dogma que existía previamente por el cual se creía que el sistema nervioso era una estructura rígida e inmodificable. Esta creencia postulaba que se nacía con una cantidad predeterminada de neuronas y éstas se conectaban entre sí de una determinada manera para siempre. Este concepto existió durante mucho tiempo hasta que diversos experimentos mostraron que el sistema nervioso tiene la capacidad de modificarse y cambiar incluso en la edad adulta. Tanto es así que hoy se ha demostrado que existe producción de nuevas neuronas en algunas regiones del cerebro adulto de distintas especies. La neuroplasticidad constituyó uno de los principales mecanismos a través de los cuales las especies fueron evolucionando a lo largo del tiempo, y se adaptaron así a cambios del ambiente más allá de aquello que estaba predeterminado genéticamente.

-Algunas corrientes espirituales (se nos cruzan textos del Dalai Lama, por ejemplo) alientan o aconsejan practicar la ayuda social, “cooperar” con el prójimo o tener “compasión” con los demás porque de esa manera —además de hacer el bien— contribuiremos a nuestra paz “mental” o salud interior. El estudio científico, ¿ha hallado alguna conexión?
-Puedo responderle a partir de dos reflexiones. Una ligada a la espiritualidad y otra al impacto de la cooperación en el individuo que coopera. Aunque se trate de un tipo de pensamiento extendido y milenario, las neurociencias durante mucho tiempo han sido renuentes a la investigación científica sobre la espiritualidad. El estudio de las bases neurales de la espiritualidad recién está empezando a ser un tópico aceptado de investigación dentro de las neurociencias cognitivas. Hoy tenemos evidencia científica de que durante la meditación, los lóbulos parietales, que procesan nuestro sentido de orientación y conocimiento de uno mismo, disminuyen casi por completo su actividad. También baja la actividad de la amígdala, una región involucrada en el proceso del miedo. Y, como le anticipaba, sobre los beneficios personales de la cooperación puedo decirle lo siguiente: se han llevado adelante una serie de experimentos que han demostrado que los actos de cooperación humana activan áreas del cerebro asociadas a la recompensa y el placer. Por lo cual, también la cooperación tiene un impacto positivo en quien coopera.

-Fuera del tema que usted enfocó en Rosario, Facundo, y a propósito de la reciente muerte de un ídolo musical. Usted alguna vez escribió sobre la epidemia moderna del mal de Alzheimer y también se puede mencionar la multiplicación de los ACV ¿Por qué se producen?
-La mayor parte de los Accidentes Cerebro-Vasculares se deben a la interrupción brusca en el flujo sanguíneo por la obstrucción de una arteria cerebral. El resultado es un infarto cerebral (a esto se lo llama ACV isquémico). En otros casos se produce por la ruptura de una arteria cerebral. El resultado es la formación de un hematoma en el tejido cerebral (ACV Hemorrágico). Los síntomas típicos del ACV son la debilidad súbita en alguna parte de su cuerpo (cara, brazo, pierna); las dificultades para hablar en forma súbita o para comprender lo que nos dicen; la aparición brusca de mareos e inestabilidad; la pérdida abrupta de la visión en uno de los ojos (como un telón que cae y anula la visión); o la aparición repentina de una cefalea muy intensa (como un estallido) nunca antes percibida. Algunas condiciones médicas como la hipertensión, la alteración en colesterol y la diabetes, pueden incrementar el riesgo de ACV y es por eso que debemos controlarlas. También debemos tener en cuenta que determinadas prácticas como el tabaquismo, la inactividad física, la obesidad y el abuso de drogas, pueden aumentar el riesgo de sufrir ACV.

-El caso de Gustavo Cerati, ¿le motivó alguna reflexión?
Como ya expresé en alguna otra oportunidad, mi rol de médico hace que no resulte conveniente ni ético opinar sobre casos particulares. Lo que sí puedo es reflexionar como un argentino contemporáneo Gustavo Cerati. Justamente ayer conversábamos en un bar con amigos mientras pasaban una canción de sus canciones que cada vez que lamentablemente fallece una personalidad que fue importante para nuestra historia personal, mucho de nosotros se conmueve. Y hace que nos remontemos irremediablemente a nuestro pasado y también a lo que significó ese momento para nosotros. Creo que, como con Gustavo Cerati, cuando fallece alguien así, nos sentimos tristes por él, por su familia y también por nosotros mismos.