Cuando se ignora la mitad del mundo

Clarín

Una canción preguntaba “¿qué ves cuando me ves?” Si bien en general se entiende que vemos con los ojos y escuchamos con los oídos, lo cierto es que la información que aportan dichos órganos sensoriales no sería demasiada sin lo que puede hacer nuestro cerebro a partir de eso. Tendemos a creer que lo que observamos es un fiel reflejo del mundo externo, aunque lo que sucede es que aquello que percibimos es una construcción realizada por el cerebro humano.

¿“Percibimos” todo aquello que “vemos”? Lo cierto es que no, ya que no todo lo que llega a nuestra retina se convierte en información disponible para nuestra conciencia.
Los seres humanos tenemos recursos limitados y nuestra conciencia puede sólo focalizarse en algunos de esos estímulos, no en todos. El proceso por el cual se seleccionan ciertos elementos para procesarse, en lugar de otros, es lo que llamamos “atención”.
Diversos estudios demuestran que si posamos nuestra atención en un estímulo particular, nuestro cerebro puede ignorar información que nunca hubiese pasado por alto en otra situación.
Este mecanismo puede evidenciarse de manera singular en los pacientes que sufren de un síndrome llamado “síndrome de negligencia espacial”.
En esta patología, que en general es el resultado de lesiones en el lóbulo parietal derecho, los pacientes están imposibilitados de dirigir su atención a aquello que sucede en su hemicampo izquierdo. Así, sólo procesan conscientemente aquello que tienen a su derecha e ignoran, sin quererlo, todo lo que tienen a su izquierda: comen la mitad de sus platos, se afeitan o maquillan solo la mitad de sus caras, soplan sólo las velas que están a la derecha de la torta.
El desorden no sólo afecta la modalidad visual. En general estos pacientes pueden no responder a los sonidos que se le presentan en su oído izquierdo o a los estímulos táctiles de ese mismo lado del cuerpo. Inclusive, muchos de estos pacientes experimentan esta condición con los “productos de su propia mente”, lo que confirma que se trata de un desorden atencional y no perceptual. Por ejemplo, si les pedimos que imaginen que están parados en la Plaza de Mayo con la Casa Rosada detrás y que describan todo lo que ven, nombrarán el Cabildo y la Catedral mientras que no mencionarán el Ministerio de Economía. Si les pedimos luego que imaginen que están parados en la Plaza de Mayo pero ahora con el Cabildo detrás, la descripción será diferente: dirán que “ven” la Casa Rosada y el Ministerio de Economía, pero ignorarán la Catedral.
En general el síndrome de negligencia se da sólo en lesiones que afectan el hemisferio derecho mientras que las lesiones que afectan el hemisferio izquierdo no dan lugar a este síndrome. Esto ha llevado a muchos investigadores a sugerir que el hemisferio derecho tiene la habilidad de dirigir la atención a ambos hemicampos mientras que el hemisferio izquierdo sólo tiene la habilidad de dirigir la atención al hemicampo derecho. Esto hace que, al dañarse el hemisferio izquierdo, no aparezca el síndrome de negligencia dado que el derecho está aún activo para prestar atención a ambos lados. En cambio cuando el hemisferio derecho es el que se daña, el izquierdo sólo puede dirigir la atención al lado derecho y dar lugar al síndrome de negligencia.
Para responder a la pregunta que hacía la canción de Divididos, habría que prestar atención, más que a los ojos que miran, al cerebro que interpreta.