“La lucha contra la pobreza en el siglo XXI pasa por la revolución educativa”

Diario La Capital (Mar del Plata)
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Por Marcelo Pasetti.

El prestigioso neurocientífico argentino, Facundo Manes, no sólo insiste en la necesidad de cuidar el cerebro, sino que está absolutamente convencido de la necesidad de desarrollar una revolución educativa en la Argentina, para, entre otros cosas, luchar contra la pobreza.

El doctor Facundo Manes brindó una charla para más de 700 personas en Mar del Plata. “Soy optimista y creo que la sociedad está por delante de algunos dirigentes”, afirmó en diálogo con LA CAPITAL.

El doctor Facundo Manes brindó una charla para más de 700 personas en Mar del Plata. “Soy optimista y creo que la sociedad está por delante de algunos dirigentes”, afirmó en diálogo con LA CAPITAL.

Su reciente libro, “Usar el cerebro”, se convirtió en uno de los más vendidos en la Argentina. Sus charlas son siempre a sala llena -en Mar del Plata disertó ante más de 700 personas, y otras tantas no pudieron ingresar- y su lenguaje claro y simple, moviliza a miles de personas a interiorizarse sobre las neurociencias. El doctor Facundo Manes -45 años, nacido en Salto y reconocido en todo el mundo- mantuvo un extenso diálogo con LA CAPITAL. “La lucha contra la pobreza en el siglo XXI pasa por la revolución educativa”, acentúa durante la conversación en el NH Gran Hotel Provincial poco después de la disertación organizada por Telefónica.
Hay un interés creciente por las neurociencias, y por tratarse de una disciplina tan importante, ligada a preguntas e interrogantes vitales, es fundamental que su trabajo y sus logros no queden atrapados en laboratorios, sino que sean conocidos y puestos en común por todos.
En su libro, Facundo Manes, de la mano de Mateo Niro, no solo deja en claro que el estudio neurocientífico resulta tan apasionante como innovador, sino que, más allá de sus alcances, ha logrado progresos y descubrimientos que permitieron enriquecer la calidad de vida de millones de personas. En pocas palabras: conocer nuestra mente para vivir mejor.
“Es crítico el desarrollo del cerebro, porque necesita de una buena nutrición, de afecto, y de estímulo cognitivo. Cuando hay una privación de uno o de todos estos factores, se produce un impacto”, resalta preocupado.
Pero si hay una cuestión que apasiona al doctor Manes es la educación. “Si la Argentina crece económicamente en los próximos 15 años al 6 o 7 por ciento anual pero no hacemos una revolución educativa, no vamos a reducir la pobreza ni desarrollarnos. Tenemos que ver a la revolución educativa como una manera de desarrollarnos, de reducir la pobreza”.

“No perder rigurosidad científica”

-La gente comienza a interesarse cada vez más por la neurociencia. ¿A qué atribuye este fenómeno?
-Creo que en el mundo hay un interés, no sólo en la Argentina. Uno va a Europa, a Estados Unidos, y siempre aparece un dato nuevo sobre el cerebro. Barack Obama, hace algunos meses, anunció un plan para estudiar al cerebro, y puso al cerebro como la frontera de la ciencia. Europa también invirtió dinero en un plan enorme para el estudio del cerebro, y en Argentina, además de este fenómeno mundial, se suma que es un área relativamente nueva. Regresé en 2001 a la Argentina y en ese momento había neurólogos y psiquiatras excelentes y neurocirujanos que hacían un trabajo clínico espectacular, pero no había una investigación en equipo basado en las ciencias duras, para estudiar la mente, la creatividad, la toma de decisiones o la memoria. Y estaba el psicoanálisis por otra parte. Entonces, esta área de la neurociencia es relativamente nueva en la Argentina y se suma, a una corriente internacional. ¿Y por qué pasa esto? Porque en la últimas décadas aprendimos más que en toda la historia de la humanidad. En los últimos 50 años aprendimos más sobre el cerebro que en 5.000 años de historia. Creo que estamos teniendo datos interesantes sobre cómo funciona el cerebro, se está haciendo de una manera responsable, científica, no reduccionista y multidisciplinaria, y eso tiene un efecto importante en la gente a la que le interesa el tema.

-La gente, es cierto, demuestra un interés muy grande, pero evidentemente su gran virtud es haber “bajado” esos conocimientos como para que todos lo entiendan…
-Mi desafío es tratar de que la gente entienda sin perder rigurosidad científica. Porque es importante que la gente entienda, se interese, pero también es importante no perder la rigurosidad científica. Entonces es como una dinámica que tengo que intentar controlar muy bien.

-Hay un tema sobre el que usted ha demostrado siempre interés y es el de la educación. Usted se graduó en la universidad pública. ¿Cómo ve hoy a la universidad argentina?
-Soy rector de la Universidad Favaloro, y para mí el rol de una universidad es clave para el país. De hecho, en la Argentina, cuando comenzaron a formarse las universidades fueron claves para el desarrollo. Creo que hay muchas universidades en la Argentina hoy que tienen un rol muy importante, tenemos que aumentar la inversión económica, incrementar la investigación científica y mejorar aún más los estándares de investigación y de generación de conocimiento. Es clave tratar de que las universidades jueguen un rol importante en el desarrollo de la Argentina. Cuando estaba en Inglaterra, había una leyenda que indicaba que existía una disputa entre los hombres de campo y los intelectuales que se desprendieron de Oxford para luego formar Cambridge. Y el rey, hace mil años, tuvo que decidir en esta disputa entre los hombres de campo y la universidad por las tierras. Y el rey dijo vamos a apostar por la universidad así nos aseguran que nos gobernarán bien en el futuro. O sea, hace mil años un rey en Inglaterra asociaba la universidad con un rol en el país. Es clave que Argentina no sólo tenga muchas universidad, sino que pueda ofrecer alto nivel científico, de un conocimiento que se pueda aplicar al desarrollo del país.

“Pensar en el largo plazo”

-Tanto en el libro, como en distintos reportajes, usted ha señalado que hay una revolución inconclusa en materia educativa…
-La revolución educativa que necesitamos no va a generarse por un ministro de Educación, o por un gabinete. Se tiene que generar por un líder, un presidente que esté convencido de esto, y además, desde abajo, desde el núcleo básico del proceso de aprendizaje que es el que conforman el alumno y el docente. Hay colegios que funcionan muy bien y docentes que trabajan bárbaro, o sea que la revolución está pasando, a pesar de los ministros o del Estado. El docente tiene que inspirar al chico, motivarlo, hacerlo prestar atención, y eso está pasando porque hay excelentes docentes en la Argentina, pero hay que entrenarlos más. Aún hay que entrenarlos más. Hay que pagarles bien y entrenarlos bien porque ese docente tiene un rol clave a la hora de interactuar con el chico. No va a cambiar la educación si la sociedad no quiere o si el núcleo del docente y el alumno no cambia.

-Usted señala que la educación es la palanca de desarrollo. Al mismo tiempo, siguen siendo altos los índices de desocupación y pobreza, lo cual obviamente repercute en esa revolución educativa…
-Hay que pensar en el largo plazo. En la Argentina hay que resolver los problemas urgentes, el hambre, la desnutrición infantil, el desempleo y la inseguridad entre otros. Pero hay que pensar también en el largo plazo. Y la manera de reducir la pobreza no es sólo el crecimiento económico. La manera de reducir la pobreza es hacer una revolución educativa. Si la Argentina crece económicamente en los próximos 15 años al 6 o 7 por ciento anual pero no hacemos una revolución educativa, no vamos a reducir la pobreza ni desarrollarnos. Tenemos que ver a la revolución educativa como una manera de desarrollarnos, de reducir la pobreza…¡Hasta la mortalidad infantil se reduce con la educación!. La educación de la madre incide en la mortalidad infantil. La lucha contra la pobreza en el siglo XXI es la revolución educativa.

-Muchas veces se hace hincapié en el coeficiente intelectual para graficar la inteligencia. ¿Es toda nuestra inteligencia lo que marca el coeficiente intelectual?
-No, es una muy buena observación. El coeficiente intelectual es una parte de la inteligencia. Pero la inteligencia es mucho más que el coeficiente intelectual, y la ciencia hoy no puede medir la inteligencia en toda su diversidad. Si hay un concepto que define a la inteligencia es la diversidad. La ciencia no puede medir la inteligencia emocional, la inteligencia social, el humor, la creatividad… Puede medir un aspecto de la inteligencia que es el coeficiente intelectual, pero para nada representa a la inteligencia en su totalidad.

“El cerebro es plástico, dinámico”

-El cerebro se modifica, las neuronas van muriendo… ¿Cómo hacer para recuperarlas?
-Santiago Ramón y Cajal, un investigador español que ganó el Premio Nobel en 1906 porque descubrió que la neurona era la unidad anatómica y funcional del sistema nervioso, dijo que las neuronas no se regeneraban y eso paralizó las investigaciones en ésta área, hasta que un argentino, Fernando Nottebohm, trabajando en Estados Unidos, descubrió que en canarios había un proceso de neurogénesis, de nuevas neuronas en el cerebro adulto que hoy sabemos que en algunas regiones del cerebro humano también pasa. O sea que hay neurogénesis en algunas áreas del cerebro, hay nuevas neuronas que se desarrollan, y además hay una plasticidad neural increíble. El cerebro es plástico, es dinámico. Esta conversación está cambiando tu cerebro y el mío. Así que hay una plasticidad importante y una neurogénesis en el cerebro adulto que puede dar lugar inclusive a potenciarlas para muchos problemas neurológicos que tenemos en la sociedad.

-¿Y cuales son las medidas fundamentales a adoptar para preservar la salud del cerebro?¿Cómo se lo cuida?
-El cerebro se cuida haciendo todo lo que le hace bien al corazón. Sabemos que cuidar la glucemia es importante, el colesterol, no tener sobrepeso, hacer ejercicios… Todo eso le hace bien al corazón. Pero al cerebro además le hace bien el ejercicio físico, porque aumenta las conexiones neuronales. Le hace bien la vida social. La gente aislada socialmente se muere antes. Y le hace bien el desafío intelectual. ¿Qué es el desafío intelectual? Es algo que a uno le cueste. Para mí leer más neurociencia, aunque es algo intelectual no es un desafío porque es mi trabajo. Para mí aprender ruso, o chino, un idioma que no sé, sería un desafío. Hay que hacer cosas que a uno le cuesten. Transpirar el cerebro.

-Algunos recomiendan los crucigramas…
-Es un buen ejemplo. Si los crucigramas los venís haciendo desde hace diez años, ya no es un desafío. Si sos bueno haciendo crucigramas y te cuesta está bien. Ojo que hay que hacerlo en un contexto. Porque si hacés crucigramas y tenés sobrepeso, fumás, y tenés diabetes no controlada, estás en problemas.

-Todos aparecemos deslumbrados con el mundo tecnológico y usted señala en el libro que el cerebro es más complejo que la computadora.
-Obvio. El cerebro tiene una plasticidad que no tiene la computadora; se adapta a un contexto increíblemente. Si te hubiese fallado el micrófono por un problema del grabador, hubiésemos hecho esta nota igual porque hubieses tomado notas, te hubieses adaptado. A la computadora le cuesta adaptarse al contexto que cambia.

Mantener la higiene del sueño

-Vivimos bombardeados por celulares, tablets, computadoras… ¿A su entender esto puede producir modificaciones en las conductas cognitivas del hombre?
-La multitarea, lo que llamamos en inglés la multitasking, no es buena para el cerebro, baja el rendimiento cognitivo y además genera ansiedad. Pero no va a haber un cambio anatómico, porque el cerebro evoluciona en millones de años. No va a haber un tercer lóbulo porque apareció Twitter, Facebook o el mail. De hecho no hubo un tercer lóbulo cerebral cuando apareció la escritura, las bibliotecas. Lo que no sabemos bien es lo que va a pasar con la adolescencia, en los chicos, porque el cerebro termina de madurar entre la segunda y la tercera década de la vida, y la tecnología ahí es una respuesta abierta. En los adultos, que ya tenemos un cerebro desarrollado, lo que puede pasar es que el uso de tecnología en personas que tengan tendencias ansiosas o compulsivas, aumenten.

-En el libro usted brinda algunas recomendaciones a la hora del descanso, y sin embargo los argentinos nos vamos a dormir dejando el celular o la tablet en la mesita de luz.
-Cuando alguien viene al consultorio y dice no puedo dormir, lo primero que se recomienda es higiene del sueño. Mucha gente está con tablet, televisión, mails, celulares en la cama… Si te vas a dormir a las doce de la noche y chequeas el mail, no te vas a encontrar con uno que señale que la Academia Sueca te dará el premio Nobel. Muchas veces lees que uno renunció al trabajo, o te encontrás con problemas… No es solamente la luz que viene de la tablet o del celular, que el cerebro lo interpreta como que es de día, sino también la preocupación que genera el mensaje.

-Una de las partes más asombrosas del libro tiene que ver con los descubrimientos e investigaciones sobre el cerebro de los bebés…
-Un aspecto interesante es el del idioma. Vos ponés a un bebé antes de los ocho meses en cualquier país, y el bebé va a saber diferenciar dos palabras del lenguaje de ese país. Son como esponjas, multilingües. Después de los ocho meses eso baja, hasta los siete años. Después de los siete años es muy difícil aprender un idioma. No es imposible, pero el cerebro tiene un talento menor después de los siete años. Sabemos también que hay una estructura del lenguaje esperando para ser desarrollada en el bebé.

-¿Teniendo en cuenta ese bebé “esponja”, cómo juegan los factores socio culturales para el desarrollo del cerebro de ese chico?. Concretamente me refiero a la pobreza, la mala alimentación o a la falta de estímulos que pueden tener esas criaturas.
-Es crítico el desarrollo del cerebro, porque necesita de una buena nutrición, de afecto, y de estímulo cognitivo. Cuando hay una privación de uno o de todos estos factores, se produce un impacto. Algunos chicos si son sacados a tiempo de ese entorno, y nutridos correctamente, otorgándoles afecto y estímulo cognitivo, pueden recuperarse. Pero también algunos quedan con diferentes disfunciones o menor rendimiento.

“Lo más importante es el capital intelectual”

-En definitiva, tiene que ver también con la educación, con el futuro de país que pretendamos…
-El capital más importante de un país hoy no es la industria, no es el recurso natural. El capital más importante de un país es el capital intelectual de los ciudadanos. El futuro de la Argentina tiene que ser la educación y la sociedad debe reclamar una educación de calidad. Como reclamó la democracia en el 83, la sociedad argentina tiene que reclamar una mejor educación, sino ningún presidente podrá cambiarlo.

-De todos modos, hay algunos síntomas auspiciosos en este sentido
-Yo soy optimista de la gente. Recorro el país por mi actividad y veo que la gente quiere pensar en largo plazo quiere volver al mérito, al trabajo duro para el proyecto colectivo que es la Argentina. Soy optimista y creo que la sociedad está por delante de algunos dirigentes.

-Crece el consumo de medicamentos y psicofármacos. A veces una pastilla se convierte en la solución de los más variados problemas. ¿Qué lectura hace de este fenómeno?
-Es una herramienta que bien otorgada y bien controlada por un especialista se puede usar. Pero no se debe usar en una forma indiscriminada. El efecto de los antidepresivos, por ejemplo, en el largo tiempo, se desconoce. Por ahora lo que hay que hacer es concurrir a un especialista y tener siempre en cuenta que el uso indiscriminado puede ser peligroso.

-Usted siempre hace referencia a los daños que ocasiona al cerebro el consumo excesivo de alcohol. Las estadísticas recientes de la Argentina seguramente le deben generar preocupación.
-Lamentablemente el alcohol es un tóxico cerebral. En cantidades importantes produce cambios cerebrales. Todos deberíamos estar preocupados si hay aumento de alcoholismo en la Argentina.

“Quiero luchar para que mi país sea mejor”

-En Mar del Plata más de 700 personas lo escucharon en su disertación y muchos se quedaron afuera por falta de disponibilidad. Es algo que viene sucediendo en todo el país. Imagino que debe ser una responsabilidad muy grande para usted.
-Sí, hay una responsabilidad muy grande. No lo veo como que Facundo Manes genera todo esto, sino que hay una demanda muy grande de la sociedad, lo cual me alienta. El método científico, la educación, el cerebro, el conocimiento, están presentes cada vez más, y para mí es una satisfacción, como ciudadano de un país que está muy interesado en el conocimiento, lo cual me llena de esperanza.

-Tras las charlas, son muchos los que buscan el diálogo directo con usted. ¿Qué le piden?
-En lo particular me piden que no me vaya del país, que me quede acá para seguir con estas banderas del conocimiento, de la revolución educativa y de la ciencia. También algunos me piden que participe en la vida pública, y otros no porque les da miedo. La gente me da mucho afecto, lo siento en cualquier pueblo o ciudad.

-¿Y por qué no se fue del país?
-Porque es mío. Este país es mío, y es una responsabilidad, aun con los problemas que tenemos, trabajar para solucionarlos. Uno no se puede ir de su casa, de su país, porque tenemos un compromiso por delante que es que nuestra casa y nuestro país estén mejor. Quiero luchar para que este país, mi país, sea mejor.

-¿Y no teme ser defraudado por la política? (Aparece cercano a UNEN)
-Yo creo en las ideas. No creo en los proyectos biográficos. Creo en las ideas, en los paradigmas. Y tengo una idea clara en el sentido de que la Argentina tiene que ir al camino del conocimiento y la educación. Si lo hiciera por un proyecto personal, narcisista, biográfico, tendría miedo, porque si uno quiere un cargo y pierde sería una frustración. Pero a mí no me interesa porque estoy por el largo plazo, por el conocimiento, la revolución educativa… Para mí sería un fracaso o me defraudaría no participar en esta lucha. Cuando hay una idea, lo importante es luchar por esa idea. El fracaso sería no luchar.