Qué hace el cerebro cuando no piensa en nada

Clarín

¿En qué estás pensando? -le pregunto a un amigo que está callado desde hace varios minutos.
“En nada”, me responde. ¿Es posible? ¿Será que tiene la mente en blanco? ¿Qué es lo que hace el cerebro en estas circunstancias? ¿Se “desconecta” y deja de funcionar? ¿Pone “piloto automático”? Aunque suene raro, como si se tratara de una contradicción (pensar sería “pensar en algo”), varias veces en el día experimentamos esa sensación de dejar fluir nuestros pensamientos sin prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor y ni siquiera a nuestro pensamiento.

Debemos aclarar que el cerebro está siempre en actividad. Y aún más sorprendente es que sólo gasta un poco más de energía cuando se está realizando una tarea específica en comparación a cuando no se hace nada.
Durante mucho tiempo se creyó que esa actividad cerebral durante estados de reposo debía ser “ruido desorganizado”. Hoy se sabe que, por el contrario, cuando estamos “pensando en nada”, nuestros cerebros poseen una actividad propia que es coherente y organizada, e incluso independiente de cuál sea el contenido de nuestros pensamientos. Imaginemos al cerebro como una gran orquesta: están los instrumentos de viento, los de percusión, los de cuerdas, etc. Durante la ejecución de una tarea específica –por ejemplo, al recordar un número telefónico-, el director de la orquesta recluta únicamente a los vientos para que podamos realizar dicha tarea.
Cuando el director de esta orquesta descansa, ni todos los instrumentos se quedan callados, ni empiezan a sonar en forma caótica.
Alternadamente, los vientos suenan juntos, luego las cuerdas, a continuación el coro y así se produce una dinámica organizada.
Así funciona nuestro cerebro: las mismas redes neuronales que se emplean de manera armónica para realizar una tarea (los vientos de la orquesta, por ejemplo), se activan juntas cuando no las estamos utilizando.
Fue el doctor Bharat Biswal, del Instituto de Tecnología de Nueva Jersey, quien comprobó la existencia de esta dinámica cerebral a partir de registrar la actividad neuronal de personas moviendo un dedo de la mano y luego no realizando ninguna tarea específica. Así descubrió que las áreas que se activaban cuando los participantes movían sus dedos también se asociaban entre sí cuando los sujetos no estaban haciendo nada. Es decir que, durante el reposo, cuando se activaba una de las regiones utilizadas para mover la mano, también se encendían el resto de las áreas implicadas en ese movimiento.
Las neurociencias han podido determinar una serie de redes cerebrales que se activan en forma conjunta y organizada cuando estamos en reposo. La más importante de ellas es la denominada “red de reposo”: involucra áreas frontales y parietales, y se relaciona con la monitorización de los estados internos y la llamada “memoria autobiográfica”. Es tal la consistencia de esta dinámica cerebral que tanto esta red como otras vinculadas con funciones atencionales, motoras, auditivas y cognitivas han sido reportadas por un gran número de estudios. Uno de los aspectos más relevantes de estas redes es que en el futuro podrían convertirse en biomarcadores (indicadores del estado biológico) que permitan ayudar en el diagnóstico de diversas enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
Estudios recientes sugieren que la “red de reposo” se encontraría afectada en el Alzheimer y que esta alteración podría ser de utilidad para una detección temprana de la enfermedad.
Muchas veces, la ciencia transita aquellos caminos que supo merodear el arte. Así, en estos hallazgos científicos de los últimos años resuenan los ecos de un antiguo poema de la lírica provenzal: “La nada tiene nombre; por lo tanto, hablarás a vuestro pesar.”