Cuando es imposible recordar lo inmediato

Clarín

La amnesia es un síndrome caracterizado por dificultades para el aprendizaje de nuevo material y para la evocación de eventos pasados a pesar de existir una habilidad intelectual global preservada.

El síntoma característico de la amnesia es el olvido, el cual puede afectar la capacidad de realizar nuevos aprendizajes (lo que se llama “amnesia anterógrada”) o la capacidad de evocar el material aprendido previo a la injuria cerebral (“amnesia retrógrada”).

La amnesia anterógrada ha sido descripta como una condición producida tras el daño de los hipocampos, una estructura con forma de caballito de mar que se aloja en la profundidad de nuestros lóbulos temporales. ¿Cómo se llegó a esta evidencia?

Mucho de lo que sabemos del funcionamiento cerebral proviene del estudio de personas con diversas patologías y el estudio de la memoria no es una excepción.

De hecho, uno de los avances más importantes en el entendimiento del funcionamiento de la memoria humana provino de la descripción de un paciente llamado H.M. (con estas siglas se lo conoce en la literatura médica).

H. M. era un joven que, desde los 9 años, sufría epilepsia y no respondía a la medicación. La epilepsia es una enfermedad neurológica frecuente en niños y en ancianos que, en general, puede tratarse satisfactoriamente con fármacos y esto logra la disminución e inclusive la desaparición de las crisis. Pero, cuando los pacientes con crisis importantes no responden a las medicaciones disponibles, una opción es la cirugía: remover el área del cerebro en la que se inician las crisis epilépticas.

Este fue el caso de H.M., cuyas crisis provenían de estas estructuras mencionadas. Así, con el objetivo de frenarlas, cuando tenía 27 años, H.M. fue sometido a una operación en la que se le extirparon ambos hipocampos. Si bien, tras la operación, las crisis epilépticas desaparecieron, fue notable un cambio en el funcionamiento de su memoria.

Mientras que conservó intacto el resto de sus funciones cognitivas, lo que H. M. perdió por completo fue la capacidad de formar nuevas memorias personales: todo aquello que le sucedía era olvidado a los pocos minutos.

H.M. no tenía recuerdo alguno de las personas nuevas que se le presentaban, ni de las historias que se le relataban, ni de las últimas (y cotidianas) situaciones vividas.

Cada día sus terapeutas debían presentarse a su paciente como si no los conociera.

Sin embargo, H.M. podía recordar la mayoría de las cosas que le habían sucedido dos años antes de la cirugía y no tenía problemas en recordar sus conocimientos ya adquiridos (lo que se denomina “memoria semántica”). También recordaba cómo leer, cómo escribir y cómo andar en bicicleta, lo que llamamos “memoria procedural”.

A partir de este caso, la asociación del hipocampo con la generación de nuevas memorias quedó establecida (es significativo que el hipocampo es una de las primeras estructuras que se afecta en la enfermedad de Alzheimer).

Una película del año 2000, Memento, de Christopher Nolan, retrató esta condición de manera sorprendente. Esto, porque no sólo relataba la enfermedad del protagonista cuyo recuerdo inmediato se le desvanecía, sino porque lograba trasladarle esa sensación a los espectadores. En la película, los sucesos se presentan desde el futuro hacia el pasado, y provoca en todos la incertidumbre de siempre conocer las consecuencias pero nunca poder recordar las causas; saber del golpe, pero olvidar fatalmente la mano que arrojó la piedra.

@ManesF