Facundo Manes, el explorador

Facundo Manes

Foto: Lucas Kirby. La Nación Revista, 2/3/14

Nota publicada en La Nación Revista, el 2 de marzo de 2014. Por Valeria Shapira.

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La cancha estaba en Salto. Al chico le decían Goropo y era ídolo en el Club Atlético Compañía General de ese pueblo bonaerense. Sufría de asma, pero se ponía los cortos igual. Controlaba la pelota, pensaba el gol, definía como un artista y se sentía cómodo en el área. Jugaba de 9. Había nacido en Arroyo Dulce, de Salto ahí nomás. Un páramo con cerca de 2000 habitantes, largas siestas, vecinos a los que se podía saludar camino al almacén.

En diciembre de 1985, el diario Norte -que ahí leían todos- publicó una foto suya con un epígrafe que decía: “Facundo Manes, autor de dos goles y firme promesa”.

Algunos años después, otra nota en un diario local, El centinela, anunciaba que el pueblo ya tenía un “nuevo profesional”. El de la foto era el mismo: Goropo . O “el doctor Goropo “, celebrando que había obtenido su título de médico con “gente del teatro, el deporte, profesionales, adultos, jóvenes estudiantes, pobres y ricos”. En la imagen, Facundo Manes abre los brazos como intentando abrazar a todos. Tiene carisma. Es casi un político.

Voceros y partes médicos

Amarillos, los recortes de diarios están sobre una mesa llena de libros, junto a un trofeo que se exhibe con igual orgullo en el living de la casa del doctor Facundo Manes, en Barrio Norte: “Mejor jugador del año 2000. Academic Cambridge League”. Lo ganó cuando estudiaba y trabajaba en Cambridge. El camino previo a Inglaterra había sido intenso: la mudanza del interior a la Capital, el título en la UBA, la residencia en Fleni, el paso por el Massachusetts General Hospital de la Universidad de Harvard, y después la de Iowa.

-Podría haber sido jugador de fútbol. Mi papá, que era el médico del pueblo, pensó en traerme a la Capital para probarme en algún club. Pero con el asma no daba para el alto rendimiento -dice ahora que el asma se curó “con los años” (tiene 44)- y cambió el potrero por la cinta del gimnasio. Con el fútbol hace lo que puede: mira a River por TV.

Manes es el flamante rector de la Universidad Favaloro (donde creó el Instituto de Neurociencias) y el director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), una suerte de “Instituto Di Tella” para pensar el cerebro. El científico que Mario Bunge definió como “el padre de la neurología cognitiva en la Argentina”. El amigo (asesor, dicen algunos) del senador y presidente del Comité Nacional de la UCR, Ernesto Sanz. El hombre que firmó los partes médicos durante los días en los que la presidenta Cristina Kirchner permaneció internada en el Instituto Favaloro, luego de ser sometida a una operación de cráneo, en octubre de 2013.

Ésta es la primera entrevista que Manes acepta después del derrotero de días locos que comenzó con una llamada desde la Unidad Médica Presidencial justo cuando él estaba a punto de pronunciar un discurso en Trenque Lauquen. Se encontró con la responsabilidad de tener la salud de la Presidenta entre manos, y también con movileros que golpeaban la puerta de su casa y el celular ardiendo sin paz.

¿Por qué no lo vimos a usted explicando los partes médicos? ¿Fue una decisión del Gobierno que la información la difundiera el vocero presidencial?

La salud de un presidente es una cuestión de Estado y así fue abordada. Todo lo que debió comunicarse se hizo a través de los partes médicos que firmé yo. Los detalles fueron públicos en los comunicados brindados por el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, hasta el alta neurológica y neuroquirúrgica. Luego de ese día, la salud de la Presidenta está a cargo de la Unidad Médica Presidencial.

Se lo pregunto porque cuando operaron a otros presidentes de la democracia (Menem, en 1993; De la Rúa, en 2001) fue más sencillo dialogar con los médicos para despejar fantasmas y rumores. Se habló mucho sobre la salud de la Presidenta…

No tuve injerencia en las situaciones anteriores, por lo que no puedo opinar acerca de cómo se llevaron adelante los procedimientos. En este caso, mi rol y el de mi equipo fue atender a nuestra paciente de manera responsable y eficaz, y dar a conocer los aspectos clínicos relevantes del proceso a ella y a su entorno. Las decisiones sobre la comunicación pública son, lógicamente, potestad del Gobierno. Pero vuelvo a subrayar que todo lo que fue brindado como información desde el equipo del instituto que lidero se comunicó de manera exacta.

¿Cómo fue Cristina como paciente?

Fue una excelente paciente. Déjeme agregar algo: la información sobre nuestros pacientes es confidencial, de lo contrario estaríamos afectando la privacidad y violando nuestro juramento hipocrático.

¿Hay alguna situación en la que pueda dejarse de lado el secreto médico en pos del bien común? Sobre todo si la enfermedad de un presidente lo mantiene alejado de su cargo o no le permite ejercerlo. Para citar algunos ejemplos: la enfermedad de Addison de Kennedy probablemente no hubiera influido en el curso de su gobierno. Pero si el Alzheimer de Reagan hubiera avanzado cuando era presidente.

El bien general se consigue cuando cada uno ejerce su rol responsablemente. En el caso del médico, el rol es atender la salud de las personas preservando su intimidad.

¿Qué implicancia tiene para un médico operar a un primer mandatario?

Fue un gran honor para un equipo médico que está compuesto por profesionales de distintas provincias del país formado en universidades argentinas. Estoy seguro de que René Favaloro estaría orgulloso.

¿Por qué tenía el celular prendido el día que lo llamaron de urgencia por la Presidenta, si estaba en un estrado a punto de dar un discurso?

Porque tengo dos hijos.

Los hijos por los que nunca apaga el celular son Pedro y Manuela. Josefina, su mujer. Todos están en la casa. Es el final de un verano que la familia pasó en la costa argentina. Manes los visitó cada fin de semana. Ida (a la playa) y vuelta (al trabajo). Esta mañana estuvo en la Favaloro. El fin de la tarde lo pasará en Ineco, viendo pacientes.

El entrepreneur

Con un mate sobre la mesa (“que el agua no hierva”, pide encarecidamente cuando le alcanzan el termo), se lo ve relajado y, al mismo tiempo, muy seguro de que en esta conversación no dirá nada que se haya propuesto no decir.

Su infancia de chico de pueblo es bastante conocida. Lo que no sé es si tiene alguna explicación apta para todo público acerca de por qué los diarios de Salto lo llaman Goropo.

Claro. En el pueblo, entre varias changas que hacíamos con mi hermano Gastón [ahora su socio, y también alma mater de Ineco junto con Marcelo Savransky] estaba la de acomodar las sillas cuando venía una compañía de circo. En uno de esos circos había dos personajes que siempre andaban juntos: Goropo y Chinchulín. Así nació el apodo.

Con su grupo de investigación, Facundo Manes fue el primero en reportar, desde la Argentina, que ciertos pacientes con trastornos de la conciencia severa eran capaces de reaccionar ante estímulos emocionales: tenían actividad cerebral cuando un familiar los estimulaba. En Inglaterra, participó en estudios que arrojaron respuestas clave sobre las áreas frontales del cerebro que intervienen en la toma de decisiones. En Ineco, con un joven y talentoso grupo de colaboradores logró implementar pruebas ecológicas (algo así como crear ambientes y situaciones similares a los reales) para la detección de trastornos cognitivos. Participó de un consorcio internacional para el diagnóstico de ciertos tipos de demencia y ahora los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos lo nombraron miembro del comité que evaluará los datos de un estudio que puede cambiar la historia de la enfermedad de Alzheimer: la prueba de un medicamento en una familia de Antioquia, Colombia, de 5000 miembros, con una mutación genética que los hace desarrollar la enfermedad. “Estamos probando una droga que se suministra al grupo que todavía no se enfermó, para ver si el inicio se puede frenar”, explica.

La oficina de Facundo Manes en Ineco es austera, sencilla. Una pared color borravino, fotos de queridos, papeles, la compu. Entre las “oficinas severas”, y las “oficinas bonachonas” que describió Georges Perec, nadie dudaría de ubicar este cuarto pequeño en el segundo grupo. Afuera circula gente por todas partes; pacientes, médicos y científicos de todas las disciplinas.

-La creación de Ineco fue fruto del esfuerzo de un gran equipo. Cuando renuncié a Fleni tenía la idea de un instituto que nos permitiera crear conocimiento original sobre el cerebro normal, no sólo de lo patológico. Investigar temas como la memoria, la toma de decisiones, las emociones de manera multidisciplinaria y con el método científico de las ciencias duras. En Cambridge yo había visto el Instituto Cavendish (el de Newton, el de Hawking) y me había preguntado cómo era posible que en un lugar tan simple, entre cuatro paredes, se hubiera transformado la física del mundo. Volví con la frase de mi tutor en la cabeza: “Para hacer un buen lugar para la física se necesitan cuatro paredes y buenos físicos adentro”. Pensé que en mi campo se podía hacer lo mismo. En la Argentina había excelentes neurólogos, psiquiatras, psicólogos, pero no existía un laboratorio así. Hicimos todo: crear el grupo, armar el lugar, la logística. Repatriamos científicos, convocamos de aquí a los mejores y logramos generar conocimiento original, hacer ciencia en la Argentina, educar en los temas del cerebro a la comunidad y a los colegas. El mundo empezó a ver y a reconocer nuestras publicaciones. Y lo bancamos. Parte de lo que se facturaba quedaba para el profesional, parte para Ineco. Y el excedente se aplicaba a la investigación.

¿Por qué habitualmente tiene mejor prensa la investigación en la esfera pública que en la privada?

El enfrentamiento público/privado responde a un pensamiento tóxico. Harvard, por ejemplo, es privada. En Estados Unidos, Ineco hubiese sido creado por Harvard o por Stanford. En Inglaterra, que funciona de otra manera, sería estatal. El punto es que en la Argentina, cuando hicimos el instituto, no tuvimos apoyo público ni privado. Lo armamos solos.

Manes rescata el trabajo del ministro Lino Barañao en el campo científico (“está haciendo aportes que deberían ser políticas de Estado”) y recuerda que el Nobel Bernardo Houssay dijo que los países pobres, justamente por serlo, tienen que invertir en investigación. Algo lo obsesiona:

-Me gustaría que cualquier chico argentino con talento pero que carezca de recursos vuelva a tener la posibilidad de llegar auna universidad. Yo no sé si un chico que nace hoy en Salto tiene las mismas posibilidades que tuve yo.

“Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio.” Esto dijo Favaloro antes de morir. Seguimos igual.

Él podría haberse quedado en Estados Unidos, pero se decidió por su país, incluso con los problemas que él y nosotros sabemos que tiene. Lo importante de su legado es el sentido positivo: el compromiso por su país y el deseo de transformación de esos problemas a través del conocimiento, el esfuerzo, el mérito, la honestidad, la solidaridad y la sensibilidad social. Tenemos que tomar el legado de René.

Estos días se habló de una potencial presentación suya para un cargo público. Incluso el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, dijo que ya estaban avanzadas las conversaciones para que usted sea candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. ¿Es así?

Por el momento es prematuro. Mi compromiso está en aportar a la construcción de una sociedad basada en el conocimiento, la inclusión y el progreso. Es lo que guió mi trabajo, es lo que ejerzo todos los días a través de las responsabilidades profesionales, académicas y sociales que he asumido, y es lo que haré en el futuro. Es conocida mi vocación de servicio y también mi relación con el senador Ernesto Sanz. De hecho, él me invitó generosamente como orador a un acto que se hizo en Parque Norte en el que se disertaba sobre el futuro. Debo decir también que me siento comprometido con una idea de país y en ese sentido con todos aquellos proyectos políticos y sociales que la promuevan.

Está bien. Pero dígame al menos si le gustaría ocupar un cargo político, incluso un cargo que vaya más allá de lo que usted puede aportar como médico e investigador. Se lo ve muy bien parado y cómodo como orador en ese acto que menciona.

¿Cómo no va a interesarme la política si es una formidable herramienta de transformación social? Yo volví a mi país en 2001 que, como todos recordamos, fue uno de los años más difíciles de nuestra historia. Acá estaban mis recuerdos de niño y adolescente, la universidad pública que me había formado como médico, y también deseaba que de acá fueran mis hijos. Desde ese momento, me tocó ejercer en mi profesión cargos de responsabilidad, y ahora me toca el honor de asumir como rector de una universidad tan importante como la Favaloro. Quiero decir con esto que no les escapo a los desafíos, pero que una candidatura a un cargo público específico, como dije antes, la siento como algo prematuro.

En libro que usted acaba de publicar junto con Mateo Niro cita una investigación de Princeton que mostró que “inferir a algún candidato como competente a partir de la apariencia facial puede predecir el resultado de las elecciones”, y que los hallazgos sugieren que “el voto, muchas veces asumido como producto de una deliberación racional, es, más bien, influido por un juicio rápido e inconsciente. Asimismo, Agustín Ibáñez, jefe del laboratorio de psicología experimental de Ineco, demostró que el cerebro detecta automáticamente (en menos de 170 milisegundos) si un rostro integra o no el propio grupo de pertenencia y le asigna una valoración positiva o negativa mucho antes de que el sujeto responda.” ¿Cómo vería el cerebro de los argentinos una cara nueva en la política?

Lo que verdaderamente importa en la consideración de los votantes no está en lo que pueda verse como lo nuevo o lo viejo sino lo que se entienda como competente y próximo.

No parece que ser intelectual y formado sea un valor en la política hoy…

Sarmiento la tuvo peor que nosotros. Y fue presidente.

…y existe la idea de que a los honestos se los comen crudos.

La política no es sólo para corruptos y oportunistas. Lo que falta en la Argentina es que estemos inspirados. Nunca vamos a ser Suiza o Suecia (mejor, porque esto es más divertido), pero necesitamos proyectos que refuercen esperanzas. Que la política no sea sinónimo de corrupción, sino un arma de transformación social. Hace décadas, la Argentina era líder en la región. Ahora, en muchos aspectos, nuestros vecinos nos marcan el camino.

La corrupción, que ahoga el futuro, no es un tema que parezca relevante para la mayoría.

Porque no pensamos en el largo plazo. La corrupción está en todos lados, en todos los países, eso lo sabemos. La diferencia es que si uno mira el largo plazo descubre que la corrupción impide que un chico coma, o que un hospital tenga insumos. ¿De dónde viene su pasión por la política? Mi padre era radical, mi mamá también lo es. En casa siempre se hablaba de política. Manes acerca la carpeta de recortes. Hay otra foto de un diario viejo en la que está con los brazos en alto, en el Colegio San Martín de Salto, celebrando su triunfo -el de la Lista Blanca- en el centro de estudiantes.

¿Goropo presidente?

Fui el presidente del centro de estudiantes. Siempre me gustó la política.

¿Qué le falta a la política en la Argentina para que el entusiasmo sea general, y no de unos pocos?

La política tiene que enamorar. ¿Algún político que lo haya enamorado? Raúl Alfonsín. Fue un líder inspirador.

Hablando de líderes, da la sensación de que en una orquesta usted no podría hacer otra cosa que llevar la batuta. ¿Es un buen jefe?

Soy trabajador, obsesivo y trato de rodearme de gente que sea mejor que yo: es la mejor manera de nutrirse. Tengo cierto grado de locura para generar proyectos. Trabajo en equipo. Y me banco la crítica.

¿Qué es un líder?

No es alguien que necesariamente genere las olas. Pero sí sabe navegarlas.

¿Cómo es hacer neurología cognitiva en el país del psicoanálisis?

Tengo un respeto profundo por el psicoanálisis. Freud fue un visionario que tenía ideas brillantes que hoy seguimos estudiando. Los mismos psicoanalistas dicen que el psicoanálisis no es una ciencia, así que enfrentarse es una pelea estéril.

¿No le parece que hoy todo está “neurodimensionado”?

Sí. La neurociencia no explica todo.

¿Qué opinaría Freud de estos avances sobre el cerebro?

Supongo que sería neurocientífico. Él creía en una biología de la mente.

Hablando de creer, ¿en qué cree un científico?

Buena pregunta. Mmmm, en las mismas cosas en las que cree cualquier ser humano.

¿Es religioso?

Soy católico, creyente, pero no soy practicante.

¿Duerme bien? O, mejor dicho, ¿duerme?

Dormir es una de las cosas que hago bien.

Da la sensación de que usted no para ni cuando duerme.

Durante el día trabajo mucho, pero sé delegar y confío en la gente. Ahora, volviendo al sueño, en realidad ninguno de nosotros “para” cuando duerme. Mientras dormimos gastamos energía. Y entre las funciones del sueño están la de consolidar la memoria y la de modular las respuestas hormonal e inmunológica.

¿Algo en común entre hacer ciencia y hacer política?

La pasión. Todos los científicos piensan que con su trabajo pueden ayudar a cambiar el mundo en el que viven. La yerba flota, el mate se lavó. Un final relajado y previsible para una charla con el doctor Facundo Manes, el 9 del Atlético Compañía General de Salto: nada formal, siempre cortés.

¿En qué se quedó pensando?

En que las mismas áreas del cerebro que permiten recordar el pasado son las que usamos para imaginar el futuro. Ahí lo tenemos: otro punto en común.

NEURONAS Y EDUCACIÓN

Extracto de Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor, de F. Manes y M. Niro (Del Zorzal/Planeta). Resulta importante recordar que las neuronas se desarrollan a partir de un patrón genético dinámico moldeado por las exigencias y los estímulos del entorno. Imaginemos, por ejemplo, a un violinista. Mueve los dedos de la mano izquierda de manera intensa y precisa para ejecutar eficazmente su instrumento. El área del cerebro encargada del control motor elabora, para esto, mayor cantidad de conexiones neuronales. Esas conexiones permiten que el violinista mejore la destreza con el violín, y esos estímulos, a su vez, generan nuevas conexiones. Esto quiere decir que estamos frente a un sistema que se retroalimenta y produce, en este caso, un círculo virtuoso. Y, como contrapartida, frente a la carencia de estímulos, lo que se produce es un círculo vicioso. Si un chico no recibe suficiente estimulación intelectual, las vías o circuitos neuronales que tienen que eliminarse, no se eliminan, y las vías o circuitos neuronales que tienen que quedar, no quedan. (…) ¿Cuál es la mejor edad para iniciar la educación formal? ¿Existe una edad crítica más allá de la cual resulta más complejo alcanzar el alfabetismo? ¿Por qué algunos niños aprenden más fácilmente que otros? Las neurociencias pueden contribuir a la búsqueda de estas respuestas y los educadores no deben temer sus aportes, ya que muchos de éstos seguramente amplían e, incluso, respaldan sus saberes y prácticas cotidianas de la enseñanza. Asimismo, los neurocientíficos deben trabajar de manera mancomunada con los docentes, ya que son ellos quienes mejor conocen la realidad del aula. Pero cualquier estimulación y programa educativo, incluso los más innovadores y sofisticados, requieren de una condición aún más primaria para el eficaz desenvolvimiento de los cerebros que se forman. Ambiciosas propuestas educativas personales, áulicas o comunitarias fallan no por cuestiones cualitativas de esas experiencias, sino por la mala alimentación del educando. La carencia nutricional produce un impacto tremendamente negativo en el desarrollo neuronal de los niños y los adolescentes. La desnutrición y la malnutrición están asociadas a alteraciones en la actividad de neurotransmisores, las sustancias químicas que median la comunicación entre una neurona y otra. El efecto nocivo se vuelve mayúsculo cuando la insuficiencia se da principalmente por una ingesta paupérrima de distintos nutrientes, como proteínas, zinc, ácidos grasos esenciales y hierro. Resulta extremo el ejemplo, pero vale la pena como demostración cabal de lo que decimos: en estudios médicos de niños que murieron por desnutrición, se halló un número considerablemente disminuido de neuronas”..