Los perjuicios del que mucho abarca

Clarín

Es bastante probable que hayamos pasado gran parte de la última semana trabajando en la computadora, escuchando la radio, mirando los alertas de noticias por Internet, contestando mensajes de las redes sociales y hablando por teléfono. Cada una de estas acciones nos requirieron cierta atención, esfuerzo mental y concentración. Pero lo más llamativo no es que estas actividades las hayamos realizado en sí, sino que fueron llevadas a cabo ¡al mismo tiempo!

Desde el punto de vista del funcionamiento normal del cerebro, la pregunta central que plantea el uso de las nuevas tecnologías y de las múltiples conexiones que éstas permiten es hasta qué punto nuestro cerebro puede sostener las tareas múltiples (el llamado “multitasking”) sin dispersarse.

El cerebro es, como cualquier sistema de procesamiento de información, un dispositivo con capacidades limitadas.

En el caso de los humanos, las limitaciones no son tantas en lo que respecta a la cantidad de información que podemos almacenar a lo largo del tiempo, sino la capacidad de procesar una cantidad de información por unidad de tiempo en el presente. En este sentido nuestro cerebro tiene dos “cuellos de botella”: uno es la atención (cuando tenemos dos fuentes de información suficientemente complejas, la eficiencia de una decae como causa de la otra); y la otra, la llamada “memoria de trabajo”, que es el espacio mental en que retenemos la información mientras la estamos utilizando para otra tarea o hasta hacer algo con ella (por ejemplo, cuando retenemos un número de teléfono hasta anotarlo).

La memoria de trabajo tiene una capacidad muy limitada en los seres humanos y es extremadamente susceptible a las interferencias.

Allí también ocurren dificultades para llevar a cabo dos tareas demandantes al mismo tiempo, la información se cruza y se generan muchos errores por este motivo.

Podría plantearse que el “multitasking” puede beneficiarse ya que entrena la capacidad para el paso rápido y eficiente de una tarea a la otra. Sin embargo, un estudio reciente en Estados Unidos muestra que las personas que funcionan con esa modalidad “multitarea” se dispersan más cuando pasan de una tarea a la otra.

Contrariamente a lo que uno podría intuitivamente imaginar, son más propensos a pegarse a estímulos irrelevantes y por lo tanto a distraerse fácilmente.

Otra aproximación a este tema, desde el funcionamiento anormal del cerebro, involucra las llamadas “adicciones” al uso de la computadora y otras tecnologías. En muchos casos, la navegación en Internet, los juegos online y también el uso de redes sociales virtuales pueden volverse compulsivas. Es importante dar cuenta de que esto existe y conlleva perjuicios a la salud, pero que, a diferencia de las adicciones a sustancias tóxicas, no se debe prescindir de su uso sino administrarlo de manera acorde (por ejemplo, que no imposibilite ni perturbe una sociabilidad “real”).

Por último, es frecuente que en una reunión de trabajo, familiar o amistosa los participantes comprometan su interacción directa con las personas que allí se encuentran porque, al mismo tiempo, estén respondiendo mensajes o consultando las novedades de Internet.

Sería contradictorio hacer actuar a las nuevas tecnologías, que permiten una fabulosa y sin precedentes conexión universal, como factores de desconexión de “nuestra propia aldea”.

Son famosas las anécdotas de escritores como Franz Kafka, Juan Carlos Onetti o Juan José Saer, que escribieron algunas de sus obras más célebres en un puñado de horas. ¿A alguien se le puede ocurrir que al mismo tiempo estaban haciendo algo más que creando esas maravillas?