Conocer la psicopatía para cuidarse de los psicópatas

Clarín

Hollywood nos ha mostrado muchos ejemplos de célebres psicópatas. Uno de los más reconocidos de las últimas décadas es el Dr. Hannibal Lecter, interpretado magistralmente por Anthony Hopkins.
El aspecto más escalofriante de este personaje era su tranquilidad para proceder aun en circunstancias extremas. Su calma era una señal de una respuesta emocional superficial, así como la falta de empatía y remordimiento.
El Dr. Lecter era, a su vez, muy hábil en el arte de la persuasión. Así, supo manipular a la agente Clarice Starling (Jodie Foster), hurgando en sus recuerdos de la infancia y en sus emociones, para, de esta manera, conseguir sus cometidos.
Como resultado de esta y otras historias del cine y la televisión, a menudo imaginamos a los psicópatas con el estereotipo del asesino serial sin remordimientos.
Las películas construyen un espectáculo con grandes casos, pero, en la realidad, un psicópata puede ser cualquier persona -un vecino, un compañero de trabajo, un médico, un abogado, un maestro, un jefe de personal o un político.
Estos hombres y mujeres -aparentemente inofensivos- entienden el bien y el mal y no están fuera de contacto con la realidad. Sin embargo, carecen de conciencia y empatía (es decir, la capacidad para compartir y apreciar las emociones y sentimientos de los demás), lo que los hace manipuladores y, sólo algunas veces, criminales.
El término “psicopatía” incluye un conjunto de rasgos o conductas interpersonales, afectivas, antisociales y de estilo de vida (dicho esto, es fundamental también subrayar que la gran mayoría de las personas con tendencias antisociales no son psicópatas).
Las características asociadas con la psicopatía son: ausencia de miedo, encanto superficial, capacidad de manipulación, gran sentido de autoestima, mentira patológica, crueldad, insensibilidad, frialdad extrema bajo presión, ausencia de aceptación de responsabilidad por sus acciones y, como consecuencia de eso, falta de culpa o remordimiento, escasez de empatía, nulos o frágiles lazos sociales, débil respuesta emocional, impulsividad y trastornos de conducta tempranos.
Estas particularidades son fáciles de detectar, por lo exagerado del rasgo y de sus actos, en un asesino en serie, pero no en nuestro contexto cotidiano o nuestra vida social. La investigación neurocientífica actual sugiere que existe un “continuum” de la psicopatía que va desde aquellos que son altamente psicópatas a personas que tienen un menor número (o intensidad) de rasgos de este tipo de personalidad.
Los psicópatas difieren el uno del otro, y su condición, como hemos dicho, puede variar en severidad. Si tienen las cualidades intelectuales y trabajan en una profesión en la que ejercen el control y el poder sobre otras personas, pueden destacarse ya que son asertivos, no posponen las cosas, se concentran en los aspectos positivos de las situaciones, no asumen los problemas como cuestiones personales, no se amedrentan cuando las cosas van mal, no se critican a sí mismos excesivamente y son calmos bajo presión.
“¡El problema es de los demás!”, suelen repetirse internamente. El cine, la literatura y, muchas veces, también la ciencia se detienen más en la historia del psicópata que en la de sus víctimas. Pero comprender la conducta y el proceder del psicópata quizás sea el paso fundamental para saber hacerles frente.