Bipolaridad, el problema de Van Gogh y Beethoven

Clarín

Vincent van Gogh, Virginia Woolf, Ludwig van Beethoven y Winston Churchill, ¿qué tuvieron en común? Que todos han padecido una condición afectiva denominada “trastorno bipolar”. Los trastornos bipolares (también llamados “maníaco-depresivos”) son un conjunto de condiciones psiquiátricas en el cual se afectan los sistemas cerebrales que regulan el normal fluir de los estados del ánimo.
Nuestros cerebros han evolucionado para ser capaces de seleccionar entre un amplio abanico de respuestas anímicas a los desafíos que nos presenta la vida: por ejemplo, en algunos momentos necesitamos aumentar nuestra actividad laboral, tener más contacto social e incluso hacernos más audaces en la forma en que tomamos nuestras decisiones; en otras ocasiones, por el contrario, debemos responder a nuestro entorno bajando nuestra actividad y tomando decisiones más conservadoras.
En las personas que sufren trastorno bipolar, estos mecanismos están afectados de manera tal que presentan estados anímicos que son patológicos por su amplitud y/o duración o se realizan en un contexto inadecuado afectando su capacidad de adaptación y generando conductas inconvenientes.
Básicamente las personas afectadas por trastornos bipolares presentan tres tipos de crisis anímicas: 1) Episodios maníacos (un sentimiento de bienestar, estimulación y grandiosidad exagerado; el paciente se siente muy activo y con mucha energía) y/o hipomaníacos(estado de ánimo elevado, expansivo o irritable -sin la intensidad que tendría en una fase maníaca- pero diferente al estado de ánimo habitual del paciente); 2) Episodios depresivos; y 3) Episodios mixtos. Estas crisis se pueden dar en sucesión y separadas por años, meses, semanas, días u horas.
La evolución de los trastornos bipolares es muy diferente en cada persona y depende, en buena medida, del tratamiento recibido. En el trastorno bipolar, los períodos de depresión normalmente duran más que los episodios maníacos. La depresión puede durar un año o más, mientras que los episodios de manía rara vez duran más de unos pocos meses.
Si bien aún no se conocen con exactitud los mecanismos neurobiológicos íntimos de esta condición, sí se sabe que los mismos están determinados en buena medida por una predisposición genética. Se calcula que más del 70% del origen de la enfermedad está establecido por cuestiones hereditarias ligadas a los genes que se combinan con elementos ambientales. Es muy importante saber que los trastornos bipolares no dependen del estilo de crianza, ni de traumas psicológicos de la infancia, ni mucho menos de cuestiones vinculados a la voluntad de las personas que los padecen. Por otra parte, aunque una persona tenga familiares directos afectados por la enfermedad, no quiere decir que inexorablemente la va a padecer.
Estos trastornos del ánimo afectan a millones de personas en todo el mundo sin distinguir fronteras culturales, económicas o sociales. Los trastornos bipolares son enfermedades que tienen la potencialidad de generar una importante merma en las capacidades para la interacción y el desarrollo laboral de las personas. Por esta razón recientemente esta condición ha sido considerada por la organización Mundial de la Salud como la sexta causa de discapacidad en el mundo. Tomar conciencia de la problemática es clave para lograr un tratamiento adecuado a nivel personal, familiar y social a gran escala. Sobre todo al tener en cuenta que un porcentaje creciente de personas que sufren de este trastorno, al ser correctamente tratadas, pueden llevar (y llevan) una vida plena.