¿Cómo se toman las decisiones colectivas?

Clarín

Cuando leemos libros de historia, muchas veces nos resulta intrigante pensar cómo determinada sociedad pudo haber tomado una decisión que seguramente, si hubiese sido abordada de manera individual, habría sido diferente. Es que los seres humanos somos una especie que desarrolló una capacidad extraordinaria para vivir en grandes grupos comunitarios. Esta vida en sociedad ha tenido ventajas evolutivas, ya que permitió que nuestro cerebro logre un desarrollo extensivo de las áreas dedicadas a las funciones sociales.
Pero también tuvo implicancias en nuestra conducta, y la toma de decisiones muchas veces no puede ser realizada -ni analizada- de manera particular, sino colectivamente.
Los seres humanos no somos los únicos que tomamos decisiones colectivas.
Algunas especies de abejas alcanzan consenso pegándoles cabezazos a aquellos miembros de la colmena con “opiniones” opuestas a las de la mayoría. En otras especies, la toma grupal de decisiones, tales como la dirección hacia la cual han de migrar o cómo distribuir sus recursos, son el resultado de complejos procesos. Animales que suelen vivir en grupo -por ejemplo, pájaros, peces e insectos- frecuentemente exhiben conductas complejas y coordinadas. Debido a que pueden ser fácilmente observados y manipulados, ofrecen oportunidades para vincular el comportamiento individual con el funcionamiento y la eficiencia de las dinámicas a nivel grupal.
Investigadores de la Universidad de Princeton han generado modelos computacionales que posibilitan emular poblaciones de animales con distintos grados de información. Por ejemplo, permiten a cada animal virtual elegir una de dos ubicaciones para relocalizarse y van manipulando con complejísimos algoritmos matemáticos un set de variables que incluye el número de animales, la solidez de sus convicciones, la preferencia de cada animal por otro de su comunidad, etc. A partir de estas simulaciones digitales, los investigadores encontraron que, como era de esperarse, cuando la mayoría de los animales tenían una fuerte preferencia por mudarse a una locación, el grupo se relocalizaba en su lugar predilecto.
Pero también encontraron que, cuando la fuerza de la minoría superaba cierto umbral, que era el resultado de múltiples procesos, ésta podía determinar el comportamiento grupal. Ello demostró que una minoría con opiniones fuertes puede prevalecer sobre una mayoría con convicciones más débiles. Descubrieron además que, cuanto mayor era la cantidad de individuos “desinformados” en la comunidad, más tendencia había a que el resultado fuera el de la mayoría.
Los mismos investigadores estudiaron las llamadas “carpas doradas”, unos peces muy sociables que desarrollan su vida en cardumen. Observaron que, cuando introducían en el cardumen peces que no tenían información sobre el ambiente -pues habían sido criados por separado-, había una tendencia a disminuir el influjo de una minoría con opiniones fuertes. Estos académicos de la universidad de Princeton sugieren que, en algunas especies, las decisiones colectivas tienen características intrínsecas que exceden las demandas individuales.
Según ellos, las propiedades colectivas podrían surgir de la estructura y dinámica de las interacciones sociales entre los individuos.
Tomar una decisión a nivel colectivo haría que emergieran fenómenos propios de la interacción entre seres de la misma especie.
Esta decisión podría verse influida por múltiples variables tales como el grado de información o la preferencia de un individuo por otro.
De esta manera podemos comprender el trágico final del cuento sobre el flautista de Hamelin, o la gloriosa resistencia de Ulises y su tripulación al encantador canto de sirenas.