Nuestras mentes ya pueden controlar robots

Clarín

Cuando Jan Scheuermann logró comer una barra de chocolate, los investigadores de la Universidad de Pittsburg festejaron la proeza. Pero ¿por qué tanta alegría?
Porque el brazo que sostenía el chocolate era robótico y una mujer paralizada desde hacía años desde cuello hasta los pies lo estaba controlando con sus pensamientos.

Este caso representó un sorprendente avance en los desarrollos de la interfaz cerebro-máquina.

Esta nueva tecnología permite que personas con distintos grados de inmovilidad puedan accionar mecanismos robóticos únicamente con la fuerza de sus pensamientos.

Los primeros estudios con estas prótesis neurales se realizaron en monos . Al colocar electrodos en la corteza cerebral motora de estos animales, neurocientíficos lograron que realizaran un gran número de tareas al utilizar sólo sus señales cerebrales. Para la mayoría de las personas, alcanzar un objeto y agarrarlo no requiere esfuerzo. Sin embargo, esos simples movimientos son guiados por un complejo patrón de actividad cerebral.

Redes de neuronas trabajan coordinadamente para planificar, ejecutar y revisar nuestros más mínimos movimientos. Cuando tomamos un vaso, apretamos la tecla “enviar” en nuestra casilla de correo electrónico o realizamos cualquier otra actividad motora, nuestras neuronas se comunican entre sí y producen determinados patrones de actividad eléctrica correspondientes a cada tarea . A Jan Scheuermann se le colocaron electrodos en contacto directo con las áreas del cerebro que normalmente controlan los movimientos de su brazo y mano derecha. Estos electrodos registraron la actividad eléctrica que se produjo específicamente en las áreas relacionadas con el movimiento de su brazo. Luego, esta información fue transportada hacia una computadora especialmente preparada para aplicar una serie de algoritmos específicos que tradujeran la actividad eléctrica generada en comandos o instrucciones capaces de controlar al brazo artificial. De este modo, Jan pensó en mover la mano mecánica y ésta siguió sus órdenes.

Otras tecnologías menos invasivas pueden registrar la actividad eléctrica al colocar una serie de electrodos sobre el cuero cabelludo. A pesar de que hasta ahora no permiten lograr avances tan impresionantes como el de Jan, su implementación es mucho más sencilla. Este tipo de dispositivos posibilitan que personas con discapacidades motoras, pero con un cerebro preservado, puedan utilizar sus pensamientos para realizar movimientos simples en sillas de ruedas, hacer uso de dispositivos hogareños (como prender luces o levantar cortinas) o usar una computadora.

El impacto de la interfaz cerebro-máquina excede la medicina.

Actualmente existe una serie de dispositivos que invitan a las personas a utilizar sus pensamientos para mover objetos o interactuar con computadoras. Uno de los más complejos es un dispositivo portátil y sin cables que utiliza varios electrodos, apoyados en el cuero cabelludo, para registrar y amplificar las ondas eléctricas cerebrales. El sistema de detección de este equipo permite analizar una treintena de expresiones, emociones y acciones diferentes. El alcance que está adquiriendo esta tecnología junto con los avances en casos como el de Jan Scheuermann representa una luz de esperanza para miles de personas que han quedado atrapadas en su cuerpo debido a lesiones neurológicas.

Queda todavía mucho camino por recorrer y faltan muchos más estudios científicos que validen esta tecnología, pero cada vez estamos más cerca de que la ciencia ficción se convierta en historia con final feliz.

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