¿Qué nos hizo tan diferentes de otros animales?

Clarín

Nuestros genes se corresponden en aproximadamente un 90% con el de los primates y, sin embargo, los seres humanos tenemos un nivel de organización social incomparablemente más complejo.
¿Qué pasó en la evolución de las especies que nos hizo tan diferentes?

¿Qué representa lo que nos distingue?

Charles Darwin, en su libro sobre la descendencia del hombre, aborda este problema al comparar la complejidad de las emociones, la capacidad mental, la inteligencia y los instintos del hombre y otros animales. Darwin trataba de demostrar que los caracteres del hombre provenían, en gran medida, de sus ancestros y que estos cambios se dieron de manera gradual a lo largo de su historia evolutiva.

La evolución del cerebro se ha estudiado por mucho tiempo en función de los cambios del tamaño del cráneo en los homínidos , es decir, de la línea evolutiva que dio lugar al ser humano como lo entendemos hoy. Se vio, justamente, que a medida que se acercaban al homo sapiens, cada especie tenía un tamaño mayor al esperado. Sin embargo, los hallazgos sobre el tamaño del cráneo no son contundentes : un mayor tamaño cerebral no implica necesariamente capacidades más desarrolladas. Lo más relevante para la transformación del funcionamiento del cerebro sería la complejidad dada por las conexiones que se establecen entre las distintas partes que constituyen el sistema nervioso.

El aumento en el tamaño cerebral que se observó en nuestra especie se produjo a expensas del desarrollo de la corteza cerebral.

En el hombre moderno, la corteza cerebral y sus conexiones ocupan el 80% del volumen cerebral. Y ello no es casual: la corteza aloja las funciones más complejas de nuestro cerebro. Pero una porción de esa corteza evidenció un crecimiento abrupto en los seres humanos: la porción más anterior del lóbulo frontal o corteza prefrontal.

La corteza prefrontal es la que nos hace humanos , pues regula funciones distintivas de nuestra especie: nuestra capacidad para desarrollar un plan y ejecutarlo, para tener un pensamiento abstracto, para llevar a cabo razonamientos lógicos, inductivos y deductivos, para tomar decisiones, para inferir los sentimientos y pensamientos de los otros, para inhibir impulsos y para tantas otras funciones que nos vuelven hábiles para vivir en sociedad.

Investigadores de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, estudiaron el motivo de este aumento desmesurado de la corteza prefrontal, en comparación con el de otras especies, y sugieren que existe un factor clave para que esto se haya producido: un proceso de “presión demográfica” . Los investigadores afirman que a medida que aumentaba el número de personas en la sociedad y sus interacciones, mayor era el tamaño de nuestro cerebro.

Otros investigadores postulan que el desarrollo de la capacidad de manipular a los demás (o el engaño táctico) fue importante para la evolución de nuestro cerebro . Especies que viven aisladas, tales como los erizos, tienen cerebros pequeños; especies que viven en grupos pequeños, como algunos monos, tienen cerebros de mayor tamaño; pero los seres humanos, que vivimos en comunidades amplias con organizaciones políticas y sociodemográficas complejas, tenemos un cerebro de gran tamaño en relación a nuestro peso corporal . Esto probablemente se deba a que la socialización demanda una cantidad de funciones cognitivas que requieren, a su vez, de grandes redes cerebrales. Además, los humanos tenemos la capacidad de metacognición , es decir, la capacidad para monitorear y controlar nuestra propia mente y conducta. Esta última función nos ha permitido dar un paso gigantesco en términos evolutivos: hemos logrado volvernos la especie que se propone estudiarse a sí misma . Esta columna no es más que un botón de muestra de todo ese camino recorrido.

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