Al podio se sube también gracias al cerebro

Clarín

La fascinación que provoca ver a los atletas de alto rendimiento desarrollar sus habilidades está emparentada, por lo general, a la extraordinaria destreza física que exhiben. Pero estos deportistas tienen también algunas particularidades respecto del funcionamiento de sus cerebros.
En los Juegos Olímpicos, todo el mundo es talentoso, todo el mundo entrena duro. Entre los atletas de élite las diferencias físicas entre ellos son muy pequeñas. Lo que influiría para separar a los medallistas de oro de los medallistas de plata sería -en gran parte- la motivación, la atención, el mantenerse focalizado y el control mental, entre otros aspectos cognitivos. Al estudiar los factores fundamentales que influyen en el rendimiento de los atletas, uno de los aspectos clave tiene que ver con la práctica . Repetir decenas de veces una rutina o una secuencia permite que el cerebro produzca una representación mental de los movimientos y que ésta facilite la corrección de errores, que se anticipe a los próximos pasos de una secuencia y que promueva el aprendizaje de nuevos pasos.

El cerebro también logra aprender a partir de la observación de terceros , una práctica elemental en el desarrollo de nuevas habilidades en atletas. Todo esto depende de una compleja red en nuestro cerebro que incluye áreas de la corteza temporal, frontal y parietal y que genera, de esta manera, un entramado de acción y observación. También, esta red de estructuras es la que contribuye a que los movimientos de los deportistas se vuelvan más automáticos. La falsa idea de que los músculos tienen memoriaen realidad revela el importantísimo rol que nuestro cerebro cumple a la hora de ejecutar movimientos sin tener que pensar cada paso dentro de una secuencia . Estudios recientes han demostrado que esta fluidez del movimiento, que en algunos puntos es parecida a la fluidez que caracteriza la creatividad artística, depende de que la corteza prefrontal disminuya su actividad y logre aplacar, así, una de sus funciones principales: el control ejecutivo de las funciones mentales superiores.

En este sentido, el propio cerebro promueve la inhibición de su automonitoreo, seguramente, porque el control excesivo de los pensamientos y la evaluación constante de cada detalle consumen recursos cerebrales.

Estos recursos pueden así destinarse a alcanzar objetivos que requieran una mayor actividad de las áreas motoras y sensoriales, que son los que permiten dirigir nuestros movimientos. Se suma a todo esto una capacidad fundamental para la práctica deportiva de alto rendimiento: el nivel de atención.

En estos atletas, la capacidad para mantenerse alerta , que constituye uno de los aspectos cruciales de la atención, pareciera estar aumentada.

Cuando pensamos cómo se logra esto, en realidad, estamos siendo testigos de la plasticidad que tiene el cerebro : cuando entrenamos repetidas veces, las neuronas logran crear nuevas conexiones para adaptarnos mejor a las demandas de las tareas en las cuales nos involucramos. La práctica constante que caracteriza a los atletas de competición tiene efectos más allá del cerebro, pues estudios en endocrinología han demostrado que ellos tienen un control distinto de hormonas ligadas al estrés y producen cambios en órganos tales como el corazón, el riñón, y el tejido graso. Pero estas hormonas también impactan sobre el cerebro y afectan el modo en que los atletas lidian con el estrés asociado a la competición deportiva.

Por eso, en estas grandes competencias atléticas como la que termina hoy en Londres, lo que se pone en juego no es sólo la destreza física que resulta evidente a los ojos, sino también las mentes que la hicieron posible.

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