El sexo influye en la manera en que funciona el cerebro

Diario Clarín

Existen diferencias en la anatomía cerebral de hombres y mujeres que sugieren que el sexo influye en la manera en que funciona el cerebro. Esta diversidad podría ser causada en gran parte por la actividad de las hormonas sexuales que bañan el cerebro del feto e influyen en la organización y conexiones neuronales durante el desarrollo. Entre las semanas 18 y 26 del embarazo, el cerebro comienza a transformarse de manera permanente e irreversible. Este período de cambios cerebrales debido a la actividad hormonal es tan crítico, que las experiencias postnatales no logran cambiar, estructuralmente, un cerebro masculino a uno femenino, ni viceversa.  La correlación entre la anatomía de ciertas regiones cerebrales en el adulto y la acción hormonal en el útero sugiere que al menos algunas diferencias entre el hombre y la mujer en ciertas funciones cognitivas y en la manera que cada género procesa la emoción no resultan de influencias culturales o de los cambios hormonales de la pubertad, sino que estarían presentes desde el nacimiento. Cuando mis hijos se enfrentan con juguetes, Pedro tiende a inclinarse hacia las pelotas o autitos, mientras que Manuela elige una muñeca. ¿Esto es por la cultura o la biología cerebral innata? Investigadores le presentaron a un grupo de monos diferentes juguetes, incluyendo muñecas, camiones y elementos de género neutro, como libros ilustrados. Los monos machos pasaban más tiempo jugando con los juguetes “masculinos”, y las monas pasaban más tiempo interactuando con juguetes “femeninos”. Ambos sexos pasaron el mismo tiempo con los libros y otros juguetes de género neutro. Es improbable que los monos sean influenciados por las presiones sociales de la cultura humana, por lo que estos resultados sugerirían que las preferencias de juguetes fueron debido a diferencias biológicas innatas. Las diferencias sexuales anatómicas en el cerebro, probablemente surgieron como resultado de presiones selectivas durante la evolución. En tiempos remotos, los hombres cazaban y las mujeres juntaban los alimentos cerca de la casa y cuidaban a los niños. Las áreas del cerebro pueden haber sido moduladas para permitir a cada sexo llevar a cabo su trabajo. En el caso del juguete, tanto humanos varones como primates machos prefieren los que pueden ser arrojados y los que promuevan el juego de lucha. Estas cualidades podrían relacionarse con los comportamientos ancestrales útiles para la caza y para asegurar a una compañera. También es plausible la hipótesis de que las mujeres seleccionan juguetes que les permiten afinar las habilidades que necesitan para criar a sus hijos. Se observó en bebés de un día que las niñas pasaban más tiempo mirando una foto de una cara, mientras que los niños pasaban más tiempo mirando un objeto mecánico. Esto fue evidente en la primera jornada de la vida sugiriendo que salimos del útero con diferentes preferencias. Las discusiones sobre el privilegio de un enfoque más biologicista o de un enfoque más culturalista se zanjan cuando se comprende que el dato empírico existe pero que éste es resultado, también, de las prácticas individuales o sociales que lo precedieron. ¿Por qué no dar cuenta, sin más, de que la historia se nutre de la formidable interacción de la biología y la cultura, de los hombres y las mujeres?