“Existe también una pandemia de miedo globalizada”

Jornada Online

Facundo Manes es un protagonista esencial de la vida argentina.
No sólo por el aporte que le hace al país con sus conocimientos en la órbita de la medicina y de la ciencia, sino porque desde hace un par de años ha asumido un gran compromiso social y cultural. Es una personalidad carismática, con una simpatía singular y con un diálogo franco, directo, afable. De esa manera nos otorgó a Diario Jornada esta entrevista exclusiva para hablar de la situación actual tras la pandemia que azota al mundo.

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

-Doctor Manes, usted siempre ha realizado una enorme contribución a la sociedad como neurocientífico, y además a través de sus libros, sus conferencias y sus exposiciones mediáticas es un referente de un nuevo pensamiento que analiza la Argentina de hoy y la del futuro. ¿Desde esa óptica que interpretación hace sobre este mundo que vive en pandemia desde hace casi cinco meses?

Estamos viendo la propagación de un virus, pero también, desde el principio, hemos estado viendo la propagación del miedo. Por primera vez en la historia de la humanidad, existe también una pandemia de miedo globalizada.  ¿Y qué pasa con el miedo? Es una emoción muy efectiva para el control social, es una estrategia primitiva de coerción que dista mucho de lo que las sociedades modernas y democráticas aspiran a ser. Por eso, como ciudadanos, debemos desconfiar de aquellos que en lugar de fomentar la unión y la cooperación para el bien común, buscan instalar la idea de que sus adversarios representan un riesgo presente o futuro y ellos la única salvación.  Entonces, frente a la política del miedo debemos imponer la política de la cooperación. Al miedo se lo enfrenta con información creíble y conocimiento, porque comprender trae calma. Estamos todos juntos en esto.

-En nuestro país y en varios de la orbe, hubo coincidencias entre mandatarios, epidemiólogos, virólogos y expertos acerca del confinamiento o la cuarentena. Mientras que otros dirigentes con las mismas responsabilidades pensaron e hicieron lo contrario. Qué piensa. de esa división de pensamientos y como define lo actuado en Argentina?

Nadie tiene hoy en día, en ninguna parte del mundo, la fórmula mágica para salir adelante después de la pandemia del Covid19. Todas las sociedades están enfrentando, de una manera o de otra, los desafíos y las dificultades que plantea esta crisis global. Esta es una situación inédita y extraordinaria que requiere a los científicos y toda la comunidad máximos esfuerzos para estudiar lo que está ocurriendo al mismo tiempo que lo atravesamos. Las medidas deben basarse en la mejor evidencia disponible y ser lo más integrales posible. Porque aun en zonas donde han superado la etapa de restricciones más estrictas, la amenaza del virus continúa y también existen y existirán otros problemas de índole económica, social, laboral, emocional.

Por otro lado, es importante evitar que la situación nos nuble el pensamiento crítico y que dejemos que ciertas cuestiones que afectan a la salud pública se conviertan en objeto de disputa entre facciones. Esto puede ocurrir porque nuestras opiniones y creencias no se basan solamente la evidencia disponible, sino que están mediadas por “razonamientos motivados” en función de cómo una causa se relaciona con nuestra identidad grupal o ideológica. Si una causa es defendida por un grupo o una persona con la que no coincidimos, tendemos a desestimar la evidencia. Así, los sesgos y el razonamiento motivado también influyen en que tomemos o no en serio los problemas. Y esto como sociedad nos puede hacer mucho daño.

-Cómo sugiere usted que debería ser ese proceso de salida, que se aplica en el país, con avances y retrocesos?

Como decíamos, estamos aprendiendo sobre este virus en la medida que atravesamos esta terrible pandemia. Muchos lugares del mundo han tenido que reveer sus medidas para evitar nuevos brotes. Tenemos que hacernos a la idea de que quedan varios meses por delante de convivir con el virus.

Convivir con altos niveles de incertidumbre impacta negativamente en nuestra salud mental y por eso cuanto más claro tengamos hacía donde vamos, cuánto mejor podamos prepararnos para las nuevas etapas, más podremos bajar esos niveles de incertidumbre. Parte de la preparación para lo que viene requerirá como paso fundamental una gran campaña de psicoeducación para moderar el impacto de la pandemia en la salud mental y en los comportamientos colectivos. Esto implicará comunicación efectiva y clara sobre las mejores prácticas y herramientas para cuidarnos entre todos en una situación donde el peligro persistirá, pero donde también existen normas y protocolos para las salidas seguras. Para esto la confianza en quienes transmiten las nuevas normas es clave para sentirnos protegidos y para asegurar su efectividad y su impacto en las conductas. Necesitamos un discurso transparente, empático, sin mezquindades ni especulaciones.

-La pandemia jugó en contra de la educación?. ¿Cómo se recupera?

Mientras que, en algunos sentidos, el virus nos iguala, en otros amplía las desigualdades. La brecha digital, por ejemplo, es un nuevo parámetro de exclusión.

La pandemia ha obligado a cerrar escuelas y suspender clases presenciales. Millones de niños, niñas y adolescentes en edad escolar alrededor del mundo vieron interrumpidas o trastocadas sus rutinas cotidianas y nos ha obligado a maniobrar rápidamente para poder dar respuesta a un derecho esencial que no puede darse el lujo de cerrar: la educación. Las enormes desigualdades de nuestro país tienen, por supuesto, un correlato en lo educativo y esto se ve hoy agravado por las dificultades de acceso a la tecnología y a la conectividad para poder sostener las nuevas rutinas en las aulas virtuales. Debemos cuidar el cerebro de todos los niños, niñas y niños de nuestro país porque representan la riqueza más preciada de cara al futuro.

Resulta hoy más evidente que nunca la necesidad de mejorar la alfabetización digital de toda la población no solo para educar y educarse sino también porque hoy hace la diferencia entre poder o no contar con atención médica a distancia, poder hacer trámites en forma remota, comprar o utilizar la banca online.

-¿La pandemia actúa sobre los sentimientos más profundo de los habitantes, puede afectar su salud mental?

Estudios que se hicieron durante brotes anteriores, en mucha menor escala, muestran que las epidemias y las consecuentes medidas de aislamiento pueden causar un impacto mental significativo y duradero en la población. Una revisión reciente sobre el tema enumera una amplia gama de manifestaciones psicológicas en personas puestas en cuarentena como, por ejemplo, síntomas emocionales variados, estrés, estado de ánimo decaído, irritabilidad, insomnio, ira y agotamiento emocional.

La respuesta crónica de estrés también puede dar lugar a la aparición de episodios problemáticos de ansiedad y depresión. En el caso de esta pandemia, la prolongación de la situación de amenaza durante meses nos expone a una situación especialmente traumática.

Desde Fundación INECO realizamos una investigación liderada por el departamento de psicoterapia y psiquiatría de nuestra institución para medir y evaluar los efectos de la pandemia y la cuarentena en la salud mental de la población. El estudio muestra que ya muy temprano, al comienzo de la cuarentena, un tercio de las personas mostraban señales de afectación, sobre todo ansiedad y depresión. Con el pasar del tiempo, aumentaron ambos índices, pero sobre todo este último, y esto se explica en gran medida por la fatiga cognitiva luego de tantas semanas de ver trastocadas las vidas. Según las últimas mediciones que hicimos, ya después del día 80 de aislamiento, la fatiga cognitiva es el factor más prominente dentro del impacto mental general. Este cansancio tiene efecto en cómo pensamos, en cómo tomamos decisiones, sobre cómo nos cuidamos. Y justamente esto se produce en el momento que necesitamos más claridad para tomar las mejores decisiones para estar protegidos.  El segundo factor más prominente en el impacto es la intolerancia a la incertidumbre, el no saber cómo, cuándo y de qué forma retomaremos nuestras vidas. Esto, a su vez, genera un aumento en los niveles de ansiedad. Por eso, cuanto más claro tengamos hacia dónde vamos, cuanto mejor podamos prepararnos para las nuevas etapas, mejor podremos lidiar con la sensación de incertidumbre.

-Cómo ve la actuación de los medios en el tratamiento de la pandemia, y que opina del rol que juegan las redes sociales? 

La sobreinformación puede aumentar la sensación de riesgo y, por ende, de miedo y de ansiedad: la sumatoria de estímulos no acrecienta el riesgo real, pero sí la sensación de amenaza y así juzgamos más probable que algo nos ocurra. Esta ansiedad que se genera nos lleva a tomar medidas de seguridad que nos alivian transitoriamente (lo que se denomina “ilusión de control”) pero que en realidad hacen que la ansiedad reaparezca luego con mayor intensidad.

Además, esta convivimos con una “infodemia”, es decir, con la difusión de noticias falsas o maliciosas sobre la pandemia que aumenta el pánico o la angustia en las personas y en las sociedades.

El primer gran antídoto para poder cuidar nuestro bienestar mental es consumir la información justa y siempre proveniente de fuentes confiables. Si la información, los audios, los videos no están debidamente chequeados, podemos ayudar a que datos y consejos equivocados se propaguen y hasta nos pongan en peligro. Elegir responsablemente la información que consumimos y compartimos es parte de cuidarnos durante esta pandemia.

Debemos regular el tiempo que dedicamos a mirar mirar, leer o escuchar noticias, incluidas las redes sociales. El exceso de información agota nuestros recursos cognitivos y como resultado podemos sentirnos cansados, más ansiosos o más angustiados.

-Cambió la conducta de la Argentina?

Cambiar los comportamientos no es tarea sencilla, ni a nivel individual, ni a nivel colectivo. Muchas de nuestras acciones diarias son automáticas, nuestro cerebro forma conexiones neuronales basadas en lo que hacemos repetidamente. Cada vez que uno actúa de la misma manera, se estimula un patrón neuronal específico y se fortalece en su cerebro. Es un mecanismo adaptativo tendiente a preservar energía. Entonces, cambiar un hábito arraigado en última instancia se trata de algo así como volver a cablear ese circuito en nuestro cerebro.

El contexto social y la forma de comunicar las normas puede ayudar o impedir los cambios de comportamiento que son necesarios para evitar la propagación del virus como el lavado consciente de manos, el uso de máscaras y barbijos o la distancia física prudencial. Por eso, las ciencias del comportamiento nos enseñan que a través de pequeñas modificaciones (“empujoncitos” o nudges) en el contexto en el que tomamos nuestras decisiones se puede mejorar el impacto de las nuevas normas. Estudios en el Reino Unido mostraron que, por ejemplo, una campaña que tan solo diga “lávense las manos” es menos efectiva que una donde se destaquen los riesgos de no lavarse las manos. Este tipo de empujones, si bien no son fórmulas mágicas, pueden ser una alternativa a los medios más coercitivos de cambio de comportamiento o servir de complemento para ayudar a adoptar nuevas conductas en el corto plazo.

En estos momentos es clave que la sociedad tenga un horizonte en el que haya una discusión multidisciplinaria sobre cuestiones sanitarias, sociales y económicas que se lleve adelante basada en la mejor evidencia disponible y que nos permita reducir la incertidumbre, tomar mejores decisiones, contener mejor a la población, mejorar la comunicación pública, en suma, plantear estrategias más eficaces e integrales que dejen de lado las estériles y contraproducentes luchas entre facciones.

-Las máquinas, las computadoras, ¿pueden reemplazar el cerebro?

Las máquinas pueden ser ‘más inteligentes’ que nosotros en muchas cosas, pero nunca van a ser ‘más inteligentes’ en habilidades como la compasión, la empatía, el imaginar qué piensa el otro y que el otro piensa diferente a nosotros, el sentir la alegría o el dolor del otro. Tampoco tendrán nuestra flexibilidad cognitiva, que nos permite adaptarnos a entornos cambiantes, ni menos aún la creatividad, una de las habilidades que más necesitamos impulsar. La inteligencia colectiva, potenciar nuestras habilidades al trabajar en equipo, es otra fortaleza que nos diferencia de las computadoras. Las computadoras podrán reemplazarnos en tareas mecánicas, pero eso sólo hará que crezca la demanda de personas que puedan usar el conocimiento para contribuir al desarrollo.