“La computadora más sofisticada no le llega ni a los tobillos al cerebro humano”

Virtual Educa

Nació en la Argentina y es fruto de la educación pública. Tiene una maestría en Cambridge, Gran Bretaña. Fue rector de la Universidad Favaloro y en 2001 creó el Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco). Facundo Manes es hoy un referente de las neurociencias en América Latina y el mundo. Desde ese lugar, insiste en que la educación es la herramienta fundamental no solo para el desarrollo personal, sino colectivo. Y ante el avance exponencial de las tecnologías, no duda: “debemos potenciar aquellas habilidades que nos hacen humanos”.

Facundo Manes define al cerebro humano como el órgano más complejo del universo. “Es el que nos permitió llegar hasta donde estamos hoy, ayudándonos a detectar el peligro y huir o luchar para sobrevivir”. Por eso, celebró la convocatoria del Banco Interamericano de Desarrollo, Virtual Educa y el Parlamento Latinoamericano para disertar sobre las habilidades cognitivas transversales que no es otra cosa que “reivindicar nuestra condición de humanos, reivindicar lo que nos diferencia de las computadoras”.

¿Qué nos hace humanos? “Las emociones –responde Manes–, las habilidades sociales, la empatía. La empatía cognitiva es un proceso cerebral que nos permite imaginar que el otro piensa diferente a nosotros y que puede haber semillas de verdad en lo que él piensa, que quizás no coincide con lo que nosotros pensamos. Y la empatía emocional es la capacidad de sentir lo que siente el otro, la alegría o la tristeza del otro. Ni la computadora más sofisticada de la actualidad, ni las que vayan a venir podrán alcanzar al cerebro humano en lo que precisamente nos hace humanos: las habilidades emocionales, empáticas, sociales”.

¿Cómo aprende nuestro cerebro? Para el neurocientfico argentino, primero tiene que haber una buena nutrición. “En toda América Latina no solo necesitamos resolver el problema del hambre, sino asegurarnos que los chicos y adolescentes estén bien nutridos. Esta es una condición necesaria, pero no suficiente. Para que el cerebro desarrolle todo su potencial necesitamos además estímulo afectivo y cognitivo. Nuestro cerebro está adaptándose permanentemente al contexto, cambiando, generando miles de conexiones nuevas. La plasticidad del cerebro, su capacidad de adaptarse ante cada experiencia, ocurre hasta el último día de la vida. Por eso, tenemos que aprender cosas nuevas siempre. Debemos volver todos a la escuela. La educación protege al cerebro, facilita la neuroplasticidad”.

Además de la nutrición, para que suceda el aprendizaje es muy importante dormir bien. “El sueño es salud –define Manes–. Un adulto tiene que dormir por lo menos de siete a ocho horas por día porque en el sueño consolidamos la memoria”.

Y también es importante ejercitarnos físicamente. “El ejercicio físico tiene un impacto directo en el cerebro: mejora el ánimo. Es el mejor antidepresivo, el mejor ansiolítico y refuerza el pensamiento creativo”.

Otro factor importantísimo a la hora de aprender es evitar el estrés. “El estrés mental impacta en la capacidad de aprender. Y esto es muy importante en América Latina, donde hay tantos chicos viviendo en la pobreza: vivir en la pobreza genera estrés mental. Porque la escasez nos obliga a utilizar los recursos cognitivos –que son limitados– para sobrevivir y no así para planificar el futuro”.

También facilitamos el aprendizaje a través del juego. “Es muy importante jugar y no solo en la niñez y la adolescencia, sino durante toda la vida”.

Otro factor clave a la hora de aprender es la pasión. “Nuestro cerebro aprende básicamente de tres maneras: cuando algo nos motiva, nos inspira y nos parece un ejemplo”.

En resumen, una nutrición adecuada, dormir bien, tener estímulos afectivos y cognitivos, ejercitarnos físicamente, evitar el estrés, jugar y apasionarnos son todos elementos que hacen a la educabilidad, a nuestra capacidad de aprender. “En América Latina, por más que reformemos el sistema educativo y logremos el mejor sistema educativo del mundo, si no tenemos educabilidad, estamos en problemas”, alerta Manes sobre la urgencia de generar entornos propicios en cada uno de nuestros países para que sea posible el aprendizaje.¿Qué son las habilidades del siglo XXI? “Básicamente todo lo que no puede hacer una computadora o una inteligencia artificial. Las máquinas son ‘más inteligentes’ que nosotros en muchas cosas, pero nunca van a ser más inteligentes en habilidades como la compasión, la empatía, el imaginar qué piensa el otro y que el otro piensa diferente a nosotros, el sentir la alegría o el dolor del otro. Tampoco tendrán nuestra capacidad de flexibilidad cognitiva que nos permite adaptarnos a entornos cambiantes. Y la creatividad, unas de las habilidades que más necesitamos impulsar”.

La creatividad, entendida como la generación de algo novedoso y con impacto, necesita para suceder de todo un proceso previo. “Lo primero –explica Manes– es la preparación, que requiere del conocimiento acumulado en años. Lo segundo es la incubación: pensar obsesivamente un dilema, por horas o días. Para aumentar la posibilidad de que la creatividad suceda, debemos también poner el cerebro en off, porque cuando no hacemos nada, cuando ´nos aburrimos´, el cerebro conecta áreas y pensamientos que no estaban conectados y entonces surge el momento eureka. Además, debemos estar preparados para equivocarnos y mucho. Y esto no es menor porque la sociedad, la familia, la escuela, las instituciones estigmatizan el error. Debemos dejar de hacerlo. Y el contexto también es un factor importante. Como vimos, el cerebro aprende cuando algo nos motiva, nos inspira y nos parece un ejemplo. Necesitamos generar este contexto creativo en toda América Latina para ser sociedades basadas en el conocimiento y fuente de inspiración para seguir aprendiendo”.

La inteligencia colectiva es otra habilidad que nos diferencia de las computadoras. “Si un grupo de diez personas, cada una de ellas con un coeficiente intelectual de 100, trabaja con una dinámica positiva, el resultado grupal va a ser mucho más que mil”, ejemplifica Manes. “Y hay tres factores que predicen el éxito de un equipo. Primero, que los miembros del equipo tengan alto nivel de empatía. Segundo, que además de un líder haya varias voces dominantes en los equipos. Y el tercer factor clave es la diversidad de género. Esto tampoco lo van a hacer las máquinas”.