«La felicidad pasa por tener lazos sociales»

La Prensa

El prestigioso médico Facundo Manes habló con La Prensa de los problemas del país y los desafíos de la ciencia para los años que vienen.

El doctor Facundo Manes lleva años preocupado por el destino del país. Como destacado médico neurocientífico desarrolló una gran carrera profesional primero acá y luego en el exterior. Sin embargo, tal como hizo uno de los hombres que admira, René Favaloro, volvió para aplicar todos sus conocimientos en beneficio de los argentinos. En diálogo con La Prensa Manes habla sobre problemas que nos aquejan como la violencia y la pobreza; el desarrollo de la ciencia y los desafíos que enfrenta; y por donde pasa la felicidad.

– Uno de los títulos de sus libros es el cerebro argentino ¿Existe una característica o varias que nos representa entonces, hay característica de un cerebro argentino y como es, en rasgos generales?

– Anatómicamente, nuestro cerebro es igual al cerebro de un ruso, un inglés o un chino. Es decir que, en realidad, no existe un «cerebro argentino» como tal. En ese sentido, el título del libro buscaba ser provocador. Pero también es cierto que nosotros pensamos, decidimos, sentimos, influidos por la gente que nos rodea: nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos, nuestra pareja, nuestros amigos. También por las sociedades en las que vivimos -y por las historias de esas sociedades-. Entonces, es necesario pensar en los sesgos que nos caracterizan. ¿Qué son los sesgos? Son esquemas mentales en función de los que actuamos. Son las estructuras de pensamiento que nos permiten interpretar la información proveniente de nuestro alrededor. Podemos pensarlos como «moldes» a partir de los cuales formamos una interpretación de nosotros mismos, de los que nos rodean y del mundo en general. Por ende, podemos preguntarnos, y eso hacíamos en el libro, cuáles son los sesgos que tenemos como argentinos y cómo nuestra historia, cultura, costumbres, sociedad y contexto moldean nuestra forma de pensar, sentir y decidir.

– Una de las más terribles situaciones que hoy padece nuestra sociedad es la violencia. Lo vimos con Boca-River el año pasado, los asaltos con muertos, abusos, violaciones ¿Qué pasa por nuestro cerebro para tener una sociedad tan violenta, situación que años atrás no era así?

– Para entender a la violencia como fenómeno es importante saber de qué se trata. Algunas formas de agresión, como la impulsiva, tienen una neurobiología subyacente que recién la ciencia está empezando a comprender. Respecto de la violencia entre grupos, hay un estudio que es muy útil para ayudarnos a entender cómo actúa. Esta investigación, llevada a cabo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, explica que cuando hay hostilidad entre grupos, tiene lugar una «brecha de empatía». Es decir, a diferencia de lo que se suele suponer, la falta de empatía hacia otras personas se vincula más con el grado de identidad que se tiene con el propio grupo que con una pobre capacidad empática. Incluso, llegamos a caracterizar a nuestro propio grupo como «superior» y exageramos las diferencias que tiene con los demás. Aquí, el cerebro «silencia» la señal empática con el fin de evitar comprender y ponernos en el lugar de ese a quien consideramos otro ajeno a los nuestros. Por eso, cuanta más identificación sesgada hay con el propio grupo, menor es la empatía hacia el otro. Ahora bien, la evidencia científica también nos indica que el contexto tiene un rol preponderante a la hora de «soltar» el freno en el cerebro para la agresión. Esto quiere decir que, cuanta más gente lleva a cabo un mismo comportamiento, más admisible se vuelve. Por eso, una de las principales vías para erradicar la violencia de una vez por todas es la educación.

– ¿Por ahí como suele decirse está la clave para mejorar como sociedad? ¿Se puede educar para tener un mejor cerebro?

– Para responder a esta pregunta es clave apelar a una de las particularidades fundamentales que tiene nuestro cerebro: la plasticidad. Me refiero a la capacidad del sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios. Este mecanismo permite que las neuronas se reorganicen al formar nuevas conexiones y ajusten sus actividades en respuesta a cambios en el entorno. Esto quiere decir que nuestra experiencia cambia permanentemente nuestro cerebro. ¿Por qué lo relaciono con la educación? Porque esta influye en el cerebro de las personas durante toda la vida, moldeando las conexiones entre neuronas. Por otra parte, si pensamos en educación como un proceso a gran escala, podemos comprenderlo como uno de los pilares del crecimiento de los países y de la igualdad. Entre otros beneficios, la educación contribuye a reducir la desnutrición y la la mortalidad infantil, mejora la salud y aumenta la expectativa de vida. También, al favorecer el conocimiento del otro, promueve la tolerancia. Además, impacta en el cuidado del medio ambiente, una problemática que hoy está muy presente en la agenda mundial. Y así podríamos seguir enumerando muchísimos ejemplos por los cuales la educación debe ser una prioridad para todos nosotros. En lo personal, la educación es la herramienta más importante que tuve -junto al apoyo de mi familia y mis afectos- para poder desarrollarme en mi área y tener una voz en mi sociedad. Por eso, como suelo decir, la educación para mí no es un eslogan ni una frase bonita: es lo que cambió mi vida. La educación nos hace verdaderamente libres.

– ¿Desde la ciencia que usted estudia que prácticas podemos hacer para estar bien en salud?

– Existe evidencia científica que plantea ciertas claves fundamentales para tener una vida saludable: una alimentación rica en proteínas y nutrientes y baja en grasas saturadas, controlar los niveles de colesterol, azúcar en sangre, la presión arterial y mantener un peso adecuado. Es importante no fumar ni beber alcohol en exceso, hacer ejercicio físico de manera regular (además de ser el mejor antidepresivo natural, refuerza el pensamiento creativo), descansar bien, tener una vida social activa y proponernos desafíos intelectuales. Y también es necesario combatir el estrés crónico, que es muy malo para nuestros cerebros y nuestros cuerpos. Otra de las cosas más importantes que podemos hacer por nuestra salud es tener una vida social activa: estar conectados nos permite vivir mejor. Para explicar esto me gustaría mencionar al estudio de psicología más largo del mundo, en Boston, que siguió a chicos de 3 años hasta gente de más de 70 años. El resultado de este trabajo arrojó que la felicidad no pasa por la fama, el poder o la plata sino por los lazos sociales, por la conexión con los demás. De hecho, las personas que se sienten aislada crónicamente, se mueren antes. La ciencia nos indica que sentirse solo de manera crónica hoy es un factor de mortalidad más importante que el alcoholismo y la obesidad.

– ¿Se puede ser feliz? ¿Cómo explica el fenómeno de la felicidad? ¿Cómo se hace para no quedar preso de las preocupaciones?

– Como mencionaba en la respuesta anterior, la ciencia se ha interesado por investigar el fenómeno de la felicidad. Al día de hoy, sabemos que -si bien puede haber una «predisposición genética» a ser felices- en gran parte, depende de cada uno. Martin Seligman, fundador de la denominada «psicología positiva», señala que una de las formas de felicidad se logra a través de las acciones que tengan una significación social, es decir, que impacten en los demás de manera positiva. Se trata de orientar nuestras habilidades y virtudes para ayudar a otros. Esto no solo implica una mejora para la comunidad, sino que beneficia a quien brinda esa ayuda. Se ha registrado que las conductas altruistas redundan en una buena salud mental y física. Entonces, el factor central de la felicidad, como decía anteriormente, tiene que ver con las relaciones sociales que establecemos con los demás.

– ¿Cuáles son los grandes desafíos que se vienen para los próximos años en su especialidad? ¿Y que avances podemos esperar?

– La neurociencia ha avanzado de manera sorprendente y yo soy muy optimista respecto de su desarrollo de cara al futuro. El cerebro es el órgano más complejo y enigmático y hemos aprendido más sobre su funcionamiento en las últimas décadas que en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, nos queda mucho por descubrir, además de que cada avance en el conocimiento nos plantea nuevos interrogantes. Puntualmente, conocer más sobre cómo funciona el cerebro nos permite desarrollar nuevos tratamientos para las diversas patologías que lo afectan. Y esto va a seguir profundizándose. En este sentido, las nuevas tecnologías han sido fundamentales. Contamos con muchas herramientas que se están aplicando o que se encuentran en estudio. La interfaz cerebro computadora, la optogenética, el diseño de nuevos fármacos para el tratamiento de enfermedades y la potenciación de determinadas capacidades, el desarrollo del exoesqueleto, por mencionar algunos, son todos avances impresionantes con un gran potencial a futuro. Por ejemplo, la estimulación cerebral no invasiva es una técnica que está siendo evaluada como una opción terapéutica segura y económica para muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas. En esta misma línea de terapias no farmacológicas, es muy novedosa la utilización del ultrasonido con fines terapéuticos. Otro gran avance que se ha logrado en los últimos años lo representa el desarrollo de los implantes neurales, que están siendo probados para que personas con lesiones cerebrales que han quedado parapléjicas puedan gracias a estas tecnologías mover un brazo robótico. Estos avances permiten el diseño de tratamientos, terapias más eficientes para las enfermedades y el aporte a estrategias del ámbito educativo, entre muchas otras contribuciones que llevan a una mejor calidad de vida de las personas y de la vida en sociedad. Por eso, repito, soy optimista.

– ¿A pesar de los problemas que es lo que más le gusta de la Argentina y los argentinos? ¿Cuáles son las claves a su entender que debemos llevar adelante para ser el gran país que podemos ser?

– La Argentina es mi casa. Acá tengo a mis amigos de mi infancia, mi familia y mis afectos. Es el lugar que elegí para vivir. Siempre digo que, además de mis afectos, tengo dos grandes pasiones: el estudio del cerebro y mi país. Por eso quiero que logremos ser una sociedad justa y con igualdad social, en la que todos podamos desarrollar al máximo nuestras capacidades. Siempre destaco la solidaridad de nuestro pueblo, el valor que le damos a la amistad y la familia. Ahora, por ejemplo, en relación con la solidaridad, cuando sucede una catástrofe todos corremos a ayudar, nos solidarizamos y eso está perfecto. Lo que nos falta es evitar esas catástrofes a través de la planificación y la prevención. Tenemos que tener una mirada a largo plazo que nos permita acordar qué país queremos y poner en marcha ese plan.

– ¿Quiénes han sido sus maestros y cuáles han sido las enseñanzas más importantes que le dejaron?

-Uf, son tantos. Los primeros guías en mi vida fueron mis padres. Me enseñaron el amor y el respeto con el que nos relacionamos con los demás. Mi padre ha sido un gran maestro para mí. ƒl era médico rural y me enseñó la pasión por la profesión, el cuidado y la preocupación por las personas. A mi mamá le debo la certeza de que teníamos que estudiar, formarnos. Mientras estudiaba medicina, tuve un gran maestro, el profesor Tomás Mascitti. ƒl me inculcó la pasión por el cerebro humano. También tuve el privilegio y orgullo de poder conocer a César Milstein cuando estudiaba en Cambridge. Era una persona sencilla y generosa, como toda la gente verdaderamente sabia. Fue una fuente de inspiración en las charlas que pude tener con él, hablábamos bastante de nuestro país, de sus problemas y posibilidades, y también sobre la importancia de promover la investigación científica en Argentina. Y por supuesto, otro gran ejemplo, es René Favaloro, uno de los intelectuales más trascendentes del siglo XX. No solo tuvo un rol clave en la medicina, logró uno de los avances más importantes en la cardiología, promovió la investigación y la educación fundando la universidad, sino que su vida y sus valores son un ejemplo que nos marcan el camino hacia una Argentina próspera y equitativa.

– ¿Cómo ve el desarrollo de la ciencia en la Argentina? Hemos tenido premios nobel, grandes investigadores ¿Qué debemos hacer para estar de nuevo en los primeros puestos en el mundo?

– Puedo decir orgullosamente que en la Argentina tenemos grandes científicos y equipos de investigación de primer nivel. Lo que se necesita es tener una mayor inversión y apoyo al desarrollo científico. Tenemos que entender que no se trata del lujo de los países desarrollados, sino que es la principal vía al crecimiento porque es la herramienta que nos permite abordar los desafíos del presente con estrategias a largo plazo. Una sociedad que promueve el conocimiento se basa en la aplicación intensiva del saber en todos los órdenes de la vida social y productiva, y reconoce así como el principal valor para el desarrollo y la equidad.

– ¿Qué cualidades entiende se deben tener para ser un buen médico?

– Más allá de una sólida formación y la actualización permanente de sus conocimientos, es importantísimo saber escuchar a las personas, atender lo que les sucede. Un buen médico tiene que tener empatía con los pacientes para conocer lo que les pasa y poder dar la mejor respuesta a sus problemas.

– ¿Cómo se puede combatir la pobreza? ¿Cómo se puede ayudar a nivel sanitario para que quienes son pobres no vean afectada su salud?

– La desnutrición tiene un impacto negativo en el desarrollo cerebral. Las carencias nutricionales traen aparejadas deficiencias cognitivas. Por ejemplo, la carencia de hierro en los primeros años de vida está asociada con desempeños deficitarios en el lenguaje, la motricidad y las áreas socioafectivas. Además, la malnutrición genera también angustia, depresión y estrés. Un chico que está frecuentemente ligado a situaciones de carencia experimenta una activación persistente del sistema neuroendócrino que controla las reacciones al estrés a través de la liberación de hormonas. Como consecuencia de esto, pueden aumentar los niveles de cortisol de manera crónica y afectar de manera negativa el desarrollo cerebral, dañando neuronas en las áreas asociadas a las emociones y el aprendizaje. La buena noticia es que todas estas gravísimas consecuencias no son irreversibles. Por eso, aquí toma particular relevancia el rol del Estado, que debe actuar con políticas públicas que pongan el acento en contener y apoyar a estas familias y en lograr, como también mencionaba para la erradicación de la violencia, una educación de calidad para todos. Ahora bien, erradicar la pobreza de una vez por todas requiere considerar toda su complejidad. Si miramos la experiencia alrededor del mundo, los programas que más éxito han tenido son, justamente, los que consideran la multidimensionalidad de la pobreza. Por eso, combinan estratégicamente acciones de manera integral: desarrollo de la primera infancia, la nutrición temprana, la salud, la educación de calidad, la vivienda, la infraestructura… Y, en torno al diseño de estas políticas, la ciencia tiene un rol muy importante para cumplir y muchísimo para aportar. Pero, además, es la sociedad civil la que debe comprometerse y presionar para terminar con este drama. A fin de cuentas, terminar con la pobreza es mejorar las condiciones de vida y las oportunidades futuras de millones de personas que viven en nuestro país.