Cerebro online: pros y contras de las nuevas tecnologías

El Día
¿Cuánto hace que no memorizás un número de teléfono, una dirección, el vencimiento de tus cuentas, el cumpleaños de un amigo o cómo llegar a un lugar?

La masificación y omnipresencia de internet en computadoras, teléfonos, GPS y todo tipo de dispositivos está cambiando nuestro modo de conocer el mundo, los contenidos de la memoria y, en definitiva, el cerebro humano. De hecho, un estudio reciente a cargo de las universidades de Harvard, Oxford y Western Sydney, titulado “Cerebro online” da cuenta de que la forma en que las personas prestamos atención a múltiples focos, buscamos datos en lugar de memorizarlos e interactuamos más en redes que en forma presencial forma parte del impacto de Internet en el cerebro.

Los expertos en neurociencias entienden que el fenómeno es revolucionario, al punto que muchos lo comparan con el impacto que tuvo la aparición de la escritura, hace más de 4 mil años, un hito en la Historia de las civilizaciones que no solo impactó en el cerebro sino que cambió el mundo para siempre. Martina Fernández (19) estudiante universitaria, dice que jamás recordó un solo número de teléfono: “¿Para qué? Están en el celu”. Su mamá, Lorena Chávez (45), en cambio, cuenta que antes los recordaba o los anotaba, pero ahora solo memoriza los de sus hijos. Y como todos son adolescentes, agradece que exista Whats App porque “me hace sentir mucho más tranquila estar en contacto con ellos cada vez que salen de casa, y a la vez comprender mucho más la preocupación de mi mamá cada vez que me iba”. En cambio, Lucía Benaglio (23), estudiante de Derecho, está preocupada por su relación con el teléfono. Reconoce que salta de una cosa a la otra durante horas: “Una foto me lleva a un video, el video a un perfil o a una historia de IG y en el medio, me cae un Whats App; al final se me va el día en este aparato”, dice y sus amigas asienten sin dejar de mirar sus propios teléfonos.

Las voces se alzan a favor y en contra del boom tecno de las últimas décadas. Aunque también están los que matizan y recomiendan usos racionales e inteligentes, porque la tecnología, se sabe, no es por sí misma ni buena ni mala. Todo dependerá de nosotros, sus usuarios. Entre los detractores figura el neurocientífico alemán, Manfred Spitzer, autor de “Demencia digital”, un libro en el que asegura que así como un músculo que no se ejercita se debilita, la mente humana se está atrofiando, porque todo lo que antes memorizábamos lo resuelven Google, las aplicaciones y los contactos guardados en el teléfono. En cambio, otros estudiosos de las neurociencias, como el especialista argentino Facundo Manes, insisten en que a falta de estudios de largo plazo, aún no podemos decir con precisión qué efectos tendrán las nuevas tecnologías en nuestro cerebro. Sin embargo, ya hay investigaciones que dan pistas sobre cómo inciden en la conducta, la memoria, la atención, la empatía y el aprendizaje. Veamos.

ANSIOSOS Y DESCONCENTRADOS. Manes, que además de neurocientífico es el creador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) detalla que, hasta ahora, lo que se sabe es que el uso abusivo de internet puede generar ansiedad y promover la ‘multitarea’ ¿Qué quiere decir? “Estamos rodeados de una gran cantidad de estímulos: mails, noticias, conversaciones de WhatsApp, Instagram, Twitter, Facebook; querer atender todo esto al mismo tiempo deteriora nuestro rendimiento y baja los niveles de atención”. A su vez, esta hiperestimulación echa leña al fuego de la ansiedad y de la procrastinación: cada vez tardamos más en terminar una tarea porque estamos en varias “pantallas” a la vez. La antigua frase “el que mucho abarca poco aprieta” aplica a nuestra actualidad como nunca, porque el exceso de “pestañas abiertas” nos coloca a la deriva en un mar de información. “Los sonidos de Whats App, del Messenger, de las llamadas, de los like, las discusiones en Twitter, las cadenas y los eventos llegaron a ponerme en un estado de nerviosismo tal, que decidí sacar las redes del teléfono; fue un modo de desintoxicarme y ponerme las pilas con mi trabajo”, cuenta Amílcar Russo (35) operador técnico en un estudio de grabación. “No daba para más, porque lo que antes editaba en una hora, me estaba llevando toda una tarde, no era
negocio”. Es que tal como explica Manes, esta multiplicidad de estímulos “nos ponen en alerta permanente: siempre estamos a la espera de la próxima novedad. Esto, en realidad, nos hace demorar más en completar las tareas y nos lleva a cometer más errores”. Como si fuera poco, agrega que el uso abusivo de la tecnología, también “puede generar agotamiento y estrés crónico, que impacta negativamente en regiones clave para la memoria a largo plazo y en áreas que subyacen a la toma de decisiones”.

Sin embargo, a no desesperarse, porque también hay buenas noticias para quienes almacenamos todo tipo de datos en la famosa nube. Manes explica que es lógico y esperable que no recordemos información que va a estar disponible: “El uso de la tecnología como un banco de la memoria es virtuoso, nos ahorramos espacio en el ‘disco duro’ para lo que importa”. En el mismo sentido se expresa la doctora en psicología y subdirectora del departamento de Neuropsicología de INECO, María Roca, quien forma parte del equipo de Manes. Cuenta que hay estudios que demuestran que cuando uno cree que cierta información va a estar disponible, tiende a no hacer el esfuerzo de recordarla. “Si bien se ha llamado a este efecto ‘amnesia digital’, la realidad es que esas funciones que no se usan irán disminuyendo y aquellas que sí usamos ganarán fuerza”, explica Roca. Y advierte que si bien suele haber una mirada negativa sobre el impacto de la tecnología, “esto es lo que ha hecho el cerebro a lo largo de la evolución: adaptarse a lo que el ambiente le propone, que en este caso son nuevas formas de guardado de la información y de interacción”. Para elle, por lo tanto, depender de algo no siempre es negativo: “Lo mismo pasó con la lectura y nosotros hoy, como sociedad, dependemos de la escritura y la lectura para comunicarnos. Imagínense si se hubiera pensado esto como algo negativo que generaba dependencia y no como un hito en el desarrollo evolutivo del ser humano”.

ADICTOS CONDUCTUALES. El mayor desafío de estos tiempos es, tal vez, saber cuándo “desenchufarse” de la tecnología, porque en lo que coinciden los expertos es en que el uso excesivo de dispositivos puede convertirnos en “adictos conductuales”. De hecho, laOrganización Mundial de la Salud ya habla de adicción a los videojuegos como entidad patológica. Manes explica que, tal como ocurre con cualquier droga, la estimulación digital “activa el circuito de recompensa en el cerebro, que es el que se pone en funcionamiento cuando realizamos actividades que nos provocan placer o sensaciones positivas y agradables”. Esto hace que volvamos una y otra vez a buscar ese placer que viene de las pantallas. Y advierte que cuando esto se conjuga con ciertos rasgos de personalidad, como la impulsividad, es posible desarrollar una conducta adictiva: “Se genera así un uso compulsivo de los dispositivos tecnológicos y se experimenta ansiedad cuando no se los utiliza”. Algunos a los que les empieza a incomodar su asidua necesidad de revisar el teléfono, ya se bajaron la aplicación que cuenta las horas de uso. Incluso, en un ejercicio de reflexión, muchos se autolimitan. Mara Riccio (40) casada y madre de dos chicos cuenta que decidió tomar las riendas del asunto cuando su hija le hizo notar que le prestaba más atención al celular que a ella: “Ahí tomé conciencia de que tanto mi marido como yo debíamos autorregularnos, porque los dos estábamos muy pendientes del teléfono”. Lo primero que hicieron fue desterrarlos de la mesa durante las comidas y la sobremesa. Se dijeron: “Si es urgente, que nos llamen y si no, que esperen”. Dicen que al principio fue raro, pero ahora están más tranquilos y conversadores.

Ahora bien ¿Cuántas horas deberíamos dedicarle a los dispositivos y cuándo hay que parar? No hay fórmulas universales ni tiempos precisos. Dependerá en buena medida de qué tipo de actividades realicemos. No obstante, a modo de orientación, los neurocientíficos y psicólogos explican que una conducta resulta adictiva “cuando impacta en nuestras relaciones sociales o en nuestra vida laboral o familiar”, es decir, que si el uso de Internet deteriora nuestros vínculos o nuestra capacidad para trabajar, entonces, estaremos frente a un problema. Será hora de tomar medidas, superar la abstinencia y emprender una saludable desintoxicación digital.