El 16 de agosto de 1996 una gorila rescató a un niño de tres años de edad, que cayó en el sector de los primates en un zoológico de Chicago. El niño cayó desde varios metros al piso del lugar que albergaba siete gorilas. La gorila, que cargaba con su propio hijo en la espalda, tomó al niño inconsciente en sus brazos y lo llevó a una puerta donde los encargados del zoológico y los paramédicos pudieron asistirlo. Todo esto evidencia el hecho de que las bases biológicas que sustentan las conductas cooperativas son filogenéticamente muy antiguas y han sido un valor agregado en la supervivencia de las especies. La comunidad, para ser tal, se construye a partir de la idea de cooperación. Cuando existen acciones que reniegan de las conductas solidarias, el sistema se resquebraja. Se rompe esa dinámica del hoy por ti, mañana por mí. A propósito de este refrán, podemos ilustrar esta práctica social de la cooperación a partir de la organización compleja que actualmente conforman las comunidades organizadas políticamente en Estados. En nuestras sociedades, son los adultos los que sostenemos (y así debe ser) la educación de los menores a través de las escuelas, y el bienestar de los mayores a través de las jubilaciones y las pensiones. Pero es en este sentido y en este marco que la ideología de la cooperación establece alianzas fundamentales con otras habilidades humanas como la creatividad y la capacidad de organización. Sólo de esta manera se puede lograr un eficaz sistema de cooperación de gran alcance.